Poesía y Cerebro

El 9 de octubre de 2003 se publicó esta noticia: un team de psicólogos de la universidad de California llevó a cabo un interesante estudio con resonancia magnética funcional para averiguar si la exclusión social "duele" tanto como una herida física. ¿Suena peculiar, verdad? Lo es, pero la investigación parece estar bien hecha, y es esa clase de preguntas que devuelven sentido a la neurociencia.

Siguiendo una tendencia en alza, uno de los componentes del grupo de trabajo, Matthew Lieberman, ha dejado su paper en PDF colgado en la web (está disponible aquí). Kipling Williams, el tercer investigador implicado, de la universidad Macquarie de Sidney, ha colgado a su vez el software utilizado en el experimento. ¡Esto sí que es usar Internet! Veamos el abstract en inglés:

A neuroimaging study examined the neural correlates of social exclusion and tested the hypothesis that the brain bases of social pain are similar to those of physical pain. Participants were scanned while playing a virtual balltossing game in which they were ultimately excluded. Paralleling results from physical pain studies, the anterior cingulate cortex (ACC) was more active during exclusion than during inclusion and correlated positively with self-reported distress. Right ventral prefrontal cortex (RVPFC) was active during exclusion and correlated negatively with self-reported distress. ACC changes mediated the RVPFC-distress correlation, suggesting that RVPFC regulates the distress of social exclusion by disrupting ACC activity.


En pocas palabras, el estudio se sirvió de la inducción de un sentimiento de exclusión social (en este caso, ser excluido de un juego participativo), y monitorizó la actividad cerebral pertinente. La idea es sencilla, pero no por ello es mala, sino todo lo contrario. Naturalmente, no todo es tan claro como lo cuentan los grandes periódicos:

The anterior cingulate cortex (ACC) is believed to act as a neural "alarm system" or conflict monitor, detecting when an automatic response is inappropriate or in conflict with current goals. Not surprisingly, pain, the most primitive signal that "something is wrong", activates the ACC. More specifically, dorsal ACC activity is primarily associated with the affectively distressing rather than the sensory component of pain.


Ahora bien, etólogos y psicólogos estarán de acuerdo con los investigadores en señalar la enorme importancia que tiene la socialización para la especie humana. ¿Qué implica para un organismo tan social, ser excluido de un grupo o llevar a cabo una acción que conduzca a tal acontecimiento? Todos sabemos, por experiencia y sentido común, que el rechazo "duele". Recuerdo en particular cuando, al tener diez años, los compañeros no me querían en los equipos de fútbol ("oooh, pobrecito"). Eso me puteaba bastante. Mucho más tarde, y en una escala mucho más dolorosa, están los grandes rechazos sentimentales. Prácticamente todos los poetas han plasmado este tipo de sensaciones. Leed, por ejemplo, la Rima XLII de Gustavo Adolfo Bécquer:

Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche,
en ira y en piedad se anegó el alma.
¡Y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí por qué se mata!


Desde luego que es más romántica la poesía que una sesión de neuroimagen funcional. Pero eso no quita que ambos aspectos puedan "casarse" entre sí. En cierto sentido, el interesantísimo paper de Lieberman y compañía, publicado nada menos que en Science, demuestra algo que los poetas ya sabían, pero lo hace con un lenguaje diferente: los seres humanos detestamos la soledad si no es autoimpuesta, y el rechazo nos causa dolor.

Es magnífico que las neurociencias se acerquen de vez en cuando al mundo de la poesía :)

[Publicado originalmente aquí]

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