12 julio, 2009

Cuando se diagnostica lo inexistente (una demostración de la correlación ilusoria en el diagnóstico clínico)

ResearchBlogging.orgEn algunas ocasiones (aquí, o aquí) hemos hablado sobre cómo el cerebro tiende a interpretar la realidad de manera sesgada, creyendo detectar relaciones que en realidad son inexistentes. Por ejemplo, si dos eventos van frecuentemente juntos, es probable que concluyamos que existe algún tipo de relación entre ellos, incluso cuando esto sea falso. La curación inmediata de un dolor después de haber tomado una pastilla inocua puede conducir a que creamos que este medicamento ineficiente funciona de verdad. Hablamos entonces de "correlaciones ilusorias", que definiremos como la percepción de una relación o dependencia entre elementos que en realidad son independientes (*).

Curiosamente, una de las demostraciones más tempranas de correlaciones ilusorias, llevada a cabo por Chapman y Chapman (1967), se realizó en un contexto aplicado, clínico. Y por ello creo que, además del interés teórico que contiene, también deriva en unas conclusiones prácticas (clínicas) que hay que tomar en cuenta.


La correlación ilusoria en el diagnóstico clínico
Algunos de los tests diagnósticos más conocidos por el público (y todavía utilizados por muchos psicólogos clínicos y sobre todo psicoanalistas) pertenecen a la categoría de los "tests proyectivos". ¿Quién no ha oído hablar del test de Rorscharch? También son famosos el test de apercepción temática, y sobre todo el test de la figura humana (en el que se pide al paciente que dibuje a una persona). Grosso modo, en un test proyectivo el paciente se enfrenta a la ambigüedad, a la falta de estructura. Por ejemplo, se le pide que interprete una mancha de colores, o que construya una historia, o que dibuje un objeto. En este tipo de tareas, el paciente es quien debe aportar la estructura al material de manera acotada pero con algo de libertad. Según las teorías de corte psicoanalítico, esta situación proporciona una vía de escape para los contenidos del inconsciente, mediante el mecanismo de proyección. Por eso, siempre según estas teorías, una persona con determinado trauma psicológico tenderá a interpretar las manchas de Rorschach, o a dibujar una figura humana, reflejando inadvertidamente ciertas características que ayudarán al terapeuta a detectar el problema (por ejemplo, una persona insegura dibujaría un autorretrato de pequeño tamaño).

Esto es la teoría (según el psicoanálisis, claro). Pero... ¿funcionan los test proyectivos, en la práctica? Cuando se examina la evidencia, incluyendo estudios ya con mucha solera, sacamos dos conclusiones. Primero, los terapeutas tienden a coincidir mayoritariamente en sus diagnósticos a partir de los mismos resultados del test. Es decir, hay una consistencia apreciable en los diagnósticos de distintos psicoanalistas. Sin embargo, y al mismo tiempo, no existe correlación real entre los síntomas del paciente y los resultados del test. Esto convierte a los tests proyectivos en general en herramientas de prácticamente nula utilidad clínica, según la evidencia científica disponible (e.g., Aiken, 2000; Lilienfield, Wood y Garb, 2000; 2001; 2004). Por ejemplo, Chapman y Chapman (1967) mencionan que todos los terapeutas coinciden en afirmar que un paciente paranoico elaboraría con especial cuidado los ojos al dibujar una figura humana. Sin embargo, no se ha demostrado correlación alguna entre la forma de dibujar los ojos y el síntoma que supuestamente se pretende diagnosticar con ello (suspicacia, paranoia).

Los terapeutas están, pues, mostrando percibir una correlación ilusoria, una relación entre elementos (síntoma real y dibujo) que no existe en la realidad, aunque este extremo sólo se verifica cuando los datos se analizan con calma y metodología rigurosa. ¡Pero lo intrigante es que todos los psicoterapeutas coincidan siempre en sus diagnósticos! La propuesta de Chapman y Chapman para explicar esta infundada, pero sorprendente, cohesión entre los juicios diagnósticos de los terapeutas se basa en el mismo principio que las ilusiones ópticas: debe de haber algo en los materiales que tiene que interpretar el terapeuta (las puntuaciones del test, o el dibujo hecho por el paciente) que es procesado por el cerebro de manera sistemáticamente sesgada, llevando a conclusiones erradas, pero unánimes. Por decirlo de otra manera, no es que los terapeutas y diagnosticadores sean malos profesionales, sino que son víctima de la forma en que el cerebro humano procesa los estímulos, exactamente igual que todas las personas que miramos la ilusión óptica de Müller-Lyer caemos en el mismo error al evaluar la longitud de las líneas. El paralelismo entre la ilusión de correlación y las ilusiones ópticas me parece bastante ilustrativo e inteligente.
Si esta propuesta de Chapman y Chapman fuera correcta, entonces, deberíamos encontrar el mismo tipo de errores (correlaciones ilusorias) tanto en terapeutas expertos como en observadores sin entrenamiento alguno en diagnóstico psicológico. Eso es precisamente lo que pusieron a prueba estos investigadores.

Los experimentos
En los seis experimentos descritos en Chapman y Chapman (1967), los participantes debían examinar unos materiales elaborados previamente por los experimentadores, y referentes a uno de los tests proyectivos más utilizados, el test de la figura humana (Machover, 1949). Dicho test (hay versiones para niños y adultos, los autores trabajaron con esta última) consiste en pedir al paciente que dibuje una persona. Supuestamente, los síntomas de quien hace el dibujo se reflejarían en los rasgos del retrato mediante el mecanismo de proyección que describió Freud.
En una primera fase, Chapman y Chapman realizaron una encuesta entre disgnosticadores expertos (usuarios frecuentes de esta prueba) para construir una lista con las características del dibujo que dichos profesionales esperarían encontrar asociadas a los síntomas. Como se esperaba, el consenso entre terapeutas fue muy llamativo. Por ejemplo, el síntoma "Se siente inseguro de su capacidad intelectual" fue mayoritariamente asociado con el hecho de dibujar una cabeza grande y elaborada.
A continuación, se construyeron los materiales del experimento, en los que se presentaban los dibujos de la figura humana realizados por hombres adultos (enfermos y también sanos), sobre frases describiendo síntomas del paciente que supuestamente había dibujado la figura (en total, se utilizaron 6 frases de este tipo). La tarea del participante consistiría en examinar los dibujos (y los síntomas) para concluir qué clase de características de los dibujos se asociaban a cada uno de los síntomas. Pero ojo al dato: Los experimentadores "trucaron" los materiales de manera que las figuras no correlacionaban con los síntomas que les corresponderían según la información proporcionada previamente por los terapeutas profesionales. Por lo tanto, un dibujo con la cabeza muy grande (según los expertos, señal que correlaciona altamente con síntomas de falta de confianza en el aspecto intelectual) aparecía en un número de ocasiones idéntico junto a su síntoma asociado (falta de confianza en la inteligencia) y junto a síntomas que los expertos habían considerado como no relacionados con esta característica del dibujo (por ejemplo, impotencia sexual, o suspicacia). Esto significa, en definitiva, que los participantes del experimento verían asociaciones inconsistentes, aleatorias, entre los síntomas de los pacientes y las características de sus dibujos. ¿Cómo afectaría esto a su criterio?

Creyendo ver lo que no está ahí
A lo largo de los 6 experimentos del estudio (con diversas variaciones), se observa cómo los terapeutas y los participantes no entrenados coinciden en sus juicios tras haber examinado los materiales. Las figuras con cabezas grandes se asociaron a síntomas de falta de confianza en la capacidad intelectual, las figuras grandes y musculosas se consideraron relacionadas con falta de seguridad en la virilidad de los dibujantes. Exactamente el mismo tipo de relaciones que describieron los terapeutas encuestados antes del experimento. Sin embargo, esta vez no había ninguna base objetiva para sacar estas conclusiones (los síntomas no correlacionaban con las figuras).

El caso de los participantes con experiencia en diagnóstico (psicoterapeutas) podría ser fácilmente explicable basándonos precisamente en su condición de terapeutas experimentados: los participantes estarían haciendo un diagnóstico errado en el experimento porque ignorarían los materiales presentados, y tendrían en cuenta únicamente sus prejuicios, su conocimiento y sus experiencias prácticas adquiridos previamente. Esto sería una señal de que los terapeutas que utilizan estas pruebas diagnósticas son poco "permeables" a la nueva evidencia, y tienden en vez de eso a diagnosticar por inercia, mecánicamente, guiados por la tradición. Lo cual podríamos calificar de actitud peligrosa y poco profesional.

Sin embargo, esta explicación no es satisfactoria del todo, puesto que no encaja con el resultado idéntico obtenido con los participantes no entrenados en el diagnóstico. Estos participantes, que nunca antes se habían enfrentado a una situación de psicodiagnóstico, ni habían usado el test de la figura humana, fueron no obstante capaces de "redescubrir" las correlaciones figura-síntoma que habían descrito primeramente los profesionales en la encuesta inicial, y las mismas que reportaron igualmente los expertos en el experimento... ¡incluso aunque esta vez no existía correlación alguna entre esos elementos!
Chapman y Chapman concluyeron que los participantes "novatos" estaban mostrando percepción de correlaciones ilusorias, y utilizaron la misma explicación para los participantes expertos: ambos grupos (y también probablemente los clínicos creadores del test y los que fueron consultados para la construcción de los materiales) fueron víctimas de un sesgo universal de nuestro sistema cognitivo.
Podría decirse que los participantes "detectaron" las correlaciones que esperaban encontrar antes de observar los materiales: parece evidente, o "lógico", que ciertos rasgos de la figura deberían correlacionar con determinados síntomas. Aun cuando no es así realmente. De nuevo el paralelismo con las ilusiones ópticas es interesante y revelador. Los psicoanalíticas y los psicólogos clínicos, en su diagnóstico diario, están probablemente sucumbiendo a errores producidos por el sistema cognitivo humano (ilusiones), y que son por tanto los mismos errores que cometería el resto de las personas.

No es fácil encontrar una explicación definitiva para la aparición de correlaciones ilusorias en este experimento. De manera global, se pueden entender este tipo de sesgos como estrategias cognitivas dirigidas a capturar (es decir, a detectar y comprender) patrones de covariación sistemática en el entorno. Por decirlo más claro: a nuestros antepasados les sería, ciertamente, muy útil la capacidad de aprender cosas como que el acercarse a la charca para beber es una actividad peligrosa, a partir de la historia previa de experiencias en las que los depredadores atacaron precisamente en esa charca (es decir, que puede salvarte la vida la capacidad de concluir que hay relación entre ese lugar y depredador, a partir del patrón de coincidencias previo entre ambos elementos). Si finalmente no existiese objetivamente esa relación entre la aparición de los depredadores y beber en la charca del bosque, nuestro antepasado habría percibido una "correlación ilusoria" (habría detectado correlaciones donde no las hay), pero realmente tampoco es tan grave: más vale curarse en salud y seguir vivo, "por si acaso". Ése puede ser el valor adaptativo de este tipo de sesgos: mejor aprender una relación que es sólo aparente que no aprender en absoluto. En la vida real, y más cuando se trata de sobrevivir en la naturaleza, no hay tiempo para examinar las pruebas con calma y hacer un diagnóstico más sensato de la situación.
No obstante, hoy en día esta tendencia a interpretar los patrones de coincidencias como relaciones sistemáticas, incluso de causa-efecto, puede derivar en situaciones peligrosas, como la creencia en pseudomedicinas o en supersticiones sin fundamento. Y por supuesto, podría conducir al uso de métodos de diagnóstico errados. Sólo los estudios científicos con metodología cuidadosamente planeada pueden ayudar a los clínicos a basar su trabajo en datos verdaderos, y no en impresiones sesgadas fruto de "ilusiones cognitivas".

El conocimiento de las limitaciones y errores de nuestro sistema cognitivo debería servir para tener en cuarentena nuestras conclusiones intuitivas hasta que la evidencia científica las avale o refute. Por desgracia, da la impresión de que, al contrario de lo que decían Chapman y Chapman, los terapeutas y especialmente los psicoanalistas son bastante impermeables a esta evidencia y tienden a actuar al margen de los descubrimientos científicos: ¿cómo explicar si no el uso aún bastante extendido de ciertos tests proyectivos cuyos resultados no correlacionan con los síntomas que supuestamente están prediciendo?

(*) NOTA: En realidad, podríamos hablar de correlación ilusoria siempre que el individuo perciba una correlación mayor o de signo opuesto a la existente entre dos elementos, sean realmente independientes o no.

Por cierto, puede que sea culpa mía, pero no veáis lo complicado que es encontrar enlaces en español sobre tests proyectivos que no estén alojados en páginas sobre centros o cursos de pago, de ahí que os haya enlazado muchas cosas en inglés en este artículo, espero que no os importe. Parece que, al menos en español, se trata de "conocimiento" por el que hay que pagar todavía. ¿Lo merece?

Referencias

Aiken, L. R. (2000). Psychological testing and assessment. Needham heights, MA: Allyn and Bacon.
Chapman, L. G., & Chapman, J. P. (1967). Genesis of popular but erroneous psychodiagnostic observations Journal of abnormal psychology, 72, 193-204
Lilienfeld, S. O., Wood, J. M., y Garb, H. N. (2000). The scientific status of projective techniques. Psychological Science in the Public Interest, 1, 27-66.
Lilienfeld, S. O., Wood, J. M., y Garb, H. N. (2001, Mayo). What's wrong with this picture? Scientific American, 80-87.
Lilienfeld, S. O., Wood, J. M. y Garb, H. N. (2005). Métodos proyectivos. Mente y cerebro, 14, 74-79. (PDF aquí)
Machover, K. (1949). Personality projection in the drawing of the human
figure: A method of personality investigation
. Springfield, ILL.: C. C. Thomas

Crédito de las imágenes: Wikimedia Commons y Monografías.com.

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08 julio, 2009

Todos tienen lo que merecen: La hipótesis del "mundo justo"

ResearchBlogging.orgA los psicólogos nunca dejará de impresionarnos la capacidad humana para autoengañarse, una actividad que todos realizamos más frecuentemente de lo que parece. Lo interesante es que este acto de autoengaño suele tener, comúnmente, la función y resultado de hacernos más felices, porque cierra nuestros ojos ante las cosas más feas de este mundo. Es por eso que este mecanismo defensivo, protector de nuestra autoestima y felicidad, es adaptativo y puede haber sido seleccionado en el curso de la evolución hasta llegar a nuestros días.
De todas las formas de autoengaño que practicamos con mayor o menor frecuencia, las hay particularmente interesantes. Una de ellas es la creencia denodada y contra toda evidencia en una especie de "justicia universal" que los psicólogos llaman "creencia en el mundo justo" (Lerner, 1980). Esta creencia es tan generalizada que se ha trasladado al lenguaje coloquial en forma de numerosas expresiones y frases hechas, como "el tiempo pone a cada uno en su sitio", "quien siembra vientos recoge tempestades", y otras que podréis identificar por vuestra cuenta sin mucho esfuerzo. En este post voy a hablaros de algunos curiosos estudios que demuestran esta generalizada –e infundada- creencia en una forma de justicia universal.


Situaciones de azar vs. situaciones de habilidad
Pocos han elaborado esta distinción tan claramente como Langer (1975) en su recomendable artículo sobre la ilusión de control. Las situaciones a las que nos enfrentamos (o que simplemente presenciamos) en nuestra vida pueden clasificarse en función de si permiten o no la posibilidad de ser influenciadas o controladas por los individuos. Hay situaciones dominadas por el azar, y otras en las que la habilidad de los actores tiene algún papel. Valgan un par de ejemplos sencillos: La capacidad atlética de un corredor es fundamental en el resultado de una prueba de 100 metros lisos (situación de habilidad), y por lo tanto dicho corredor tiene algún control sobre el resultado. Por otro lado, las habilidades de un jugador de póker no pueden afectar en absoluto a las cartas que le hayan tocado al repartir la baraja (situación de azar), y concluiremos que el jugador no tiene control alguno sobre este resultado: si le han tocado malas cartas, no dependerá de sus habilidades, empeño, voluntad, etc.
Evidentemente, nuestra vida está plagada de situaciones en las que no existe el control del resultado por parte del individuo: los juegos de azar como la lotería, los accidentes, algunas enfermedades, los encuentros casuales... No obstante, los seres humanos nos resistimos a aceptar que el azar pueda dominar una parte importante de nuestras vidas. Esta realidad representaría un ataque en toda regla a nuestra autoestima, pues nos obligaría a vernos como lo que somos a menudo: muñecos moviéndose de un lado a otro a merced de un mar de olas aleatorias que golpean desde mil direcciones. Nos gusta más la imagen de un universo ordenado donde todo tiene una explicación lógica y sencilla, pensar lo contrario nos hace sufrir.
En consecuencia, y para evitar ese sufrimiento, interviene el autoengaño, y tendemos a tratar las situaciones de azar como si fueran situaciones de habilidad (es decir, tratamos las situaciones incontrolables como si pudiéramos controlarlas). Un jugador de lotería se siente más confiado en que va a obtener el premio si le permiten escoger el número con el que va a jugar (Langer, 1975); un jugador en un casino pondrá mucho cuidado y concentración al arrojar los dados sobre la mesa para conseguir el número que desea (Henslin, 1967), o bien acarreará amuletos para "atraer la buena suerte"; los familiares de un fallecido en un accidente buscarán una explicación más allá de la pura casualidad o el azar (Kushner, 1981)... En este proceso de autoengaño intervienen múltiples factores que pueden estudiarse desde muchos puntos de vista.

El mundo justo
La misma motivación (es decir, la protección de nuestra autoestima ante un mundo repleto de situaciones dominadas por el azar, ante las que estamos desprotegidos) subyace a la creencia generalizada en que las acciones y sus resultados comparten la misma valencia afectiva. Ésta es la "hipótesis del mundo justo": los actos buenos tienen consecuencias positivas, mientras que los actos malos tienen consecuencias negativas; las cosas buenas les suceden a las buenas personas, pero las cosas malas les suceden a las personas malvadas (Langer, 1975; en realidad, Piaget ya observó este tipo de razonamiento con anterioridad, pero lo vinculó a los estadios de desarrollo previos a la edad adulta, algo que como veremos no es cierto). Esta creencia en la justicia universal elimina el papel del azar, incluso en situaciones donde el azar es claramente el único o principal determinante, y por esto nos hace sentir más cómodos en el mundo. Vamos ahora a ver algunos ejemplos donde la creencia en el mundo justo se investiga empíricamente.
En uno de sus experimentos, Lerner (1965) pidió a sus participantes que evaluasen las aptitudes de dos trabajadores, uno de los cuales había obtenido una bonificación por casualidad. Sistemáticamente, los participantes juzgaron más competente a este trabajador que fue recompensado, incluso aunque supieran que esto ocurrió de manera fortuita, accidental. Es como si quisieran "poner las cosas en su sitio": si recibió la recompensa, tuvo que merecerla, porque si no el mundo sería un lugar injusto.
En la misma línea, Lerner y Simmons (1966) complementaron el anterior experimento con un estudio en el que los participantes observaron como otro participante (realmente, un actor conchabado con el experimentador) recibía descargas eléctricas como castigo a errores menores en un experimento en el que creían estar tomando parte. En aquellas situaciones en las que los participantes no podían hacer nada para evitar que esta persona fuera castigada, se observó cómo los sujetos tendían a devaluar o negar el sufrimiento de la víctima. De nuevo, parecían mostrar preferencia por la hipótesis del mundo justo: "si no puedo actuar para detener tu castigo, entonces es mejor creer que te lo mereces, o que no es tan doloroso, y así no me siento mal por ello".

Tienes lo que te mereces
Profundizando más en el estudio de la creencia en el mundo justo, Callan, Ellard y Nicol (2006) llevaron a cabo una serie de experimentos en los que manipularon una variable que resultó ser clave: la valencia afectiva (bueno vs. malo) de los actos que unos individuos llevaron a cabo antes de pasar por una situación de azar (no controlable). Los participantes en los experimentos de Callan y colaboradores leyeron dos historias diferentes, en una de ellas el protagonista obtenía un evento positivo por azar (ganar la lotería), y en la otra pasaba por una situación negativa también por azar (ser víctima de un accidente de automóvil). Además de esto, se ofreció información distinta acerca de los protagonistas de estas historias: a la mitad de los participantes se les dijo que el protagonista ganador de la lotería había tenido un buen comportamiento previamente al sorteo, a la otra mitad se les dio la información opuesta; del mismo modo, la mitad de los participantes fue informada de que el protagonista de la historia del accidente de carretera había engañado a su pareja recientemente ("mala persona"), mientras que la otra mitad de los participantes solamente supo que el protagonista estaba planeando unas vacaciones familiares ("buena persona"). Los resultados mostraron cómo, en ambas historias, los sujetos juzgaron que estos eventos objetivamente incontrolables (ganar la lotería, ser víctima de un accidente) fueron resultado de las acciones previas de los protagonistas (tener buen comportamiento, cometer adulterio) sólo cuando la valencia de estas acciones coincidía con la de los eventos. Es decir, tanto el triunfo en el sorteo como el accidente se reconocieron como eventos fruto del azar e incontrolables cuando éstos no "encajaban" (suponiendo que el mundo es justo) con los actos previos del protagonista: si una persona mala y mezquina gana un sorteo es porque ha tenido suerte; si una buena persona es atropellada mortalmente no ha sido culpa suya. Sin embargo, cuando los actos coincidían con los eventos experimentados por los protagonistas, la creencia en el mundo justo salía a relucir: si el protagonista de una de las historias ganó el sorteo, se debe a que es una buena persona; si el otro protagonista fue atropellado, fue por haber cometido adulterio. En otras palabras: según los sujetos del estudio, ambos protagonistas merecían lo que les pasó (sea positivo o negativo), y no sólo eso, sino que estos eventos fueron entendidos como el fruto lógico de sus actos (porque en el mundo justo, los actos buenos producen recompensas, mientras que los actos malvados derivan en castigos).
Por último, voy a comentar otro estudio que añade un factor de lo más interesante: el atractivo físico del protagonista. Callan, Powell y Ellard (2007) pusieron sobre la mesa la creencia de que "los guapos son buenos" que tanto han contribuido a perpetuar los cuentos infantiles y, con escasas excepciones, las películas de Disney y Hollywood (¿no es frecuente que los heroicos protagonistas de estos cuentos y películas sean retratados a la vez como hermosos y bondadosos, y para completar el cuadro acaben triunfando en sus gestas?). Cuando nos presentan a una persona físicamente atractiva, le atribuimos cualidades positivas, también en el plano moral ("son buenas personas"). Imagine el lector que asiste a la representación de una tragedia, la muerte de una mujer, como hicieron los participantes (mayoritariamente mujeres) del estudio de Callan y colaboradores (2007). La trampa vino a continuación: la mitad de los participantes observaron la muerte de una mujer hermosa, mientras que los demás asistieron a la muerte de una mujer no tan atractiva. Como podemos imaginar a estas alturas, los primeros juzgaron la tragedia como indudablemente más injusta y dolorosa que los otros. Curiosamente, el mecanismo funciona en dos direcciones, puesto que en un segundo experimento se invirtió el orden de los acontecimientos. Los sujetos leyeron un relato en el que una mujer resultaba herida en un incendio accidental en una casa (es decir, que fue víctima de una injusticia). A continuación, debían escoger en un banco de imágenes la cara de la protagonista tal como la habían imaginado al leer la historia. Aquellos participantes a los que se les hizo creer que el sufrimiento de la mujer había sido grande escogieron caras significativamente menos atractivas que aquellos a los que se les dijo que las secuelas del incendio habían sido mínimas. De nuevo, la "injusticia" no cabe en la cabeza de los participantes: si la mujer fue herida salvajemente, no podía ser bonita, esto sería "injusto".

En cualquier caso, todo el proceso de autoengaño cumple su objetivo al presentarnos un mundo justo en el que las personas no son recompensadas o castigadas por azar, sino porque lo merecen (y sorprendentemente la belleza física cuenta como "bondad" en este razonamiento). Infundadamente, "rellenamos" los espacios huecos que preceden a todo aquello que sucede por azar o por razones desconocidas, mediante la atribución de estos eventos a causas que nos parecen lógicas y justas. Así ponemos orden en el mundo, aunque lo hagamos de espaldas a la realidad. En mi opinión, ser irracionales nos protege de un vacío insoportable de mirar, y por eso la evolución nos hizo así. Irracionales.

Referencias:
Callan, M., Ellard, J., & Nicol, J. (2006). The Belief in a Just World and Immanent Justice Reasoning in Adults Personality and Social Psychology Bulletin, 32 (12), 1646-1658 DOI: 10.1177/0146167206292236
Callan, M., Powell, N., & Ellard, J. (2007). The Consequences of Victim Physical Attractiveness on Reactions to Injustice: The Role of Observers’ Belief in a Just World Social Justice Research, 20 (4), 433-456 DOI: 10.1007/s11211-007-0053-9
Henslin, J. M. (1967). Craps and magic. American Journal of Sociology, 73, 316-330.
Kushner, H. S. (1981). When bad things happen to good people. New York: Abon Books.
Langer, E. J. (1975). The illusion of control. Journal of Personality and Social Psychology, 32, 311-328.
Lerner, M. J. (1965). Evaluation of performance as a function of performer's reward and attractiveness. Journal of Personality and Social Psychology, 1, 355-360.
Lerner, M. J. (1980). The belief in a just world: A fundamental delusion. New York: Plenum.
Lerner, M. J., y Simmons, C. H. (1966). Oberver's reaction to the "innocent victim": Compassion or rejection? Journal of Personality and Social Psychology, 4, 203-210.

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05 julio, 2009

El timo de la interpretación de los sueños

Una de las muchas estupideces que dijo Freud en sus días era la absurda idea de que los sueños se relacionaban con el inconsciente siendo desencadenados por deseos reprimidos inaceptables. Para Freud los sueños no eran una serie de experiencias sin sentido sino que eran la vía para acceder al inconsciente (la parte más recóndita de la mente humana). Según el cuentacuentos de Freud si conseguíamos descifrar un sueño y averiguar su significado oculto habríamos recuperado una parte del material reprimido que nos hace neuróticos, posibilitando así una cura.

Como el resto de las ideas grandiosas de Freud, ésta no se sustentaba en ningún tipo de evidencia o experimentación, e incluso era incongruente con algunas ideas que sostenían los teóricos de la época. Hoy en día la visión es bien distinta, se puede demostrar lo que muchos autores contemporáneos de Freud ya sospechaban, la interpretación de los sueños es una absoluta chorrada monumental.

Las teorías actuales sostienen que los sueños no tienen nada que ver con represiones ni inconscientes sino que tendrían algún tipo de función especial en el aprendizaje y la memoria, serían algún tipo de asociaciones de recuerdos que se producen en la corteza cerebral. Quizá sean un efecto residual necesario para consolidar las memorias e integrarlas con las que ya existen, o “recolocar los recuerdos”, o tal vez para “borrar” información que ya no nos es necesaria.

Durante el sueño se producen unas descargas eléctricas en una zona del cerebro llamada protuberancia que van hacia la corteza cerebral. Dichas ondas (llamadas PGO) se propagarían desde la protuberancia hasta el núcleo geniculado y la corteza occipital. Estas descargas provocan la activación de distintas áreas de la corteza (cuando una descarga llega a una determina zona del cerebro ésta se activa), y cuando se activan estas zonas “salen” una serie de imágenes y emociones allí contenidas que el cerebro trata de ordenar con algo de sentido (como si estuviéramos creando una historia a partir fotos sueltas).

Por explicarlo de un modo muy simplificado, podríamos decir que cuando la corteza es estimulada durante los sueños se activan las representaciones de diferentes estímulos y eventos (de múltiples modalidades sensoriales) almacenados en ella (del mismo modo que se activarían si los estuviéramos viviendo realmente), y el cerebro intenta ordenar estas sensaciones con algo de sentido. El problema es que durante los sueños casi no hay flujo sanguíneo en la corteza frontal inferior (responsable de organizar temporalmente y planificar), pero sí hay buen flujo sanguíneo en la corteza de asociación visual. Eso explica por qué tenemos buenas imágenes durante los sueños pero ordenadas de forma caótica, sin lógica, mezclando pasado presente y futuro, etc. Simplemente la zona encargada del cerebro de crear una estructura lógica está “dormida”, por eso nuestros sueños parecen tan absurdos.

Además durante los sueños están ausentes la noradrenalina y la serotonina por lo que la corteza cerebral y el hipocampo no pueden funcionar de forma lineal y lógica, sino que crean asociaciones remotas y extrañas.

Por lo tanto podríamos decir que los sueños son raros por naturaleza y esta rareza depende de la dinámica normal del cerebro, nada que ver con mecanismos de censura o represión.

Otro tema interesante también planteado por el psicoanálisis clásico es el por qué no se recuerdan los sueños. Freud sugería que los sueños no son recordados porque son re-reprimidos, idea poco lógica y bastante increíble. La neurociencia moderna, por su parte, sostiene que en ausencia de noradrenalina y serotonina los circuitos de la memoria de trabajo están atenuados, por lo que en el mejor de los casos tan solo recordaríamos una mínima parte de lo que soñamos (aproximadamente un 5%). Estos datos, junto con otros, parecen indicar que supuestamente no deberíamos recordar nuestros sueños, seguramente porque los sueños contienen información inútil, incluso errónea, que sería mejor ignorar o no tomar demasiado en serio. Como psicoterapeutas parece que no deberíamos prestar atención a estos contenidos como nos “dice” nuestro cerebro, el cual “se esfuerza” en borrarlos, seguramente por la inutilidad de los mismos. Idea bastante opuesta a las teorías freudianas acientíficas donde la interpretación era algo clave para tratar patologías.

En resumen podríamos decir que aunque se sabe cómo se originan los sueños todavía queda mucho por investigar sobre cuál es su función. La psicología fisiológica sostiene distintas hipótesis basadas en la experimentación, todas ellas de validez limitada. Pero lo que tenemos claro es que la teoría original de Freud no sólo no tiene ningún tipo de investigación al respecto sino que incluso contradice algunos mecanismos fisiológicos ya demostrados.

Por poner algunos ejemplos, veamos unas pocas de las afirmaciones gratuitas de nuestro amigo Sigmud, hoy en día hundidas por la evidencia científica.

Para Sigmund los sueños se originaban por deseos reprimidos inconscientemente mientras que para la ciencia se producen por activación cerebral durante el sueño. Asimismo las imágenes que vemos cuando soñamos ,para Freud, serian regresiones a nivel sensorial, mientras que hoy sabemos que se producen por activación de los centros visuales superiores. El psicoanálisis también dice que las emociones en los sueños son un mecanismo de defensa secundario del ego cuando a día de hoy sabemos que se producen por activación primaria del sistema límbico. Siguiendo con este cúmulo de absurdas teorías, para Freud la incapacidad de recordar era fruto de profundas represiones, sin embargo hay bastante evidencia de que se producen por una amnesia orgánica a causa de déficits de moléculas necesarias para el recuerdo. Otra brillante idea de Freud fue exponer que los sueños sólo se producen unos minutos antes de despertarse, por lo que habría que correr a anotarlos antes de que desvanecieran en el olvido para proceder a su interpretación mística, mientras que hoy se sabe que duran alrededor de 90 minutos, solo que como ya mencionábamos anteriormente estos se borran por carecer de sentido útil.

Quizás algún día en un futuro lejano sepamos más de los sueños, y quizás se pueda en cierto modo extraer algún tipo información. Lo que sí es cierto es que no será ni parecida a las invenciones fantásticas, oscuras y llenas de misterio de nuestro amigo Sigmund. Los sueños no son algo insano o represivo y desde luego no existen para mantener a las personas alejadas de los verdaderos motivos de sus patologías. Son una manifestación completamente saludable de la consciencia que acompaña al desarrollo cerebral normal y como tal debemos estudiarlos como acercamiento al funcionamiento cerebral y a las patologías pero nunca cayendo en creencias irracionales y misticismos.


Carlson, N.R. (2005). Fisiología de la conducta. 8ª Edición. Madrid: Prentice Hall.
Leahey, T.H. (2005). Historia de la Psicología. Madrid. Prentice Hall
Hobson, J.A. (2003). La farmacia de los sueños. Ariel Neurociencia



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03 julio, 2009

Feromonas en el ser humano

Hace tiempo que el estudio de la conducta sexual humana suscitó en mí la curiosidad de saber si ésta, así como otros comportamientos, estarán en parte influidos por la existencia de ciertas sustancias llamadas feromonas. No existe demasiada investigación sobre el tema en animales humanos, y buena parte de ella ha sido realizada por laboratorios que se dedican a comercializar estas sustancias, lo cual explica la baja calidad de los estudios y los intentos clamorosamente intencionados por hallar evidencia confirmatoria. Una revisión completa sobre el tema la ofrece, por ejemplo, Hays (2003). A pesar de la escasa evidencia, sin duda la que hay puede ayudar a reflexionar acerca de más de un mito sobre estas famosas sustancias.

Una definición comúnmente aceptada de feromona sería “cualquier sustancia secretada por un individuo y recibida por otro de su misma especie, en el cual provoca una reacción específica tal como una conducta definida o una reacción fisiológica”, como por ejemplo cambios en el ciclo de estro o provocación de conducta de lordosis. Las más comunes entre primates serían segregadas a través de las glándulas sudoríparas. En humanos, las axilas contienen glándulas especiales de gran tamaño, que además muestran diferencias entre hombres y mujeres. El sudor secretado por estas glándulas sirve de nutriente para ciertos tipos de bacterias, que producen variedad de olores. Otras regiones que parecen tener cantidades importantes de estas glándulas son los pezones o las mejillas. En mujeres, se cree que las secreciones de los pezones pueden ser detectadas por los lactantes, como ocurre en otras especies de animales. La saliva también sería un buen lugar para la búsqueda de feromonas, pues muchas otras especies las poseen en ella; así como los fluidos vaginales, que contienen ciertas sustancias de efecto feromonal en otros animales.

En humanos, están bien documentados ciertos efectos conductuales de los olores, concretamente en la conducta de emparejamiento, y sobre todo en el caso de la mujer, que parece ser más sensible a gran variedad de olores y sustancias, especialmente en la etapa fértil del ciclo menstrual. Muchos autores consideran estos efectos como no feromonales porque no se ajustan a la definición: no provocan una “reacción específica”. Por ejemplo, el olor corporal puede proporcionar información sobre el sistema inmunitario del individuo, llevando a la elección preferente de compañeros con un patrón de histocompatibilidad diferente al propio. Esta conducta estaría favorecida por la presión selectiva: parejas con similares patrones de histocompatibilidad tienen mayores problemas reproductivos (nacimientos antes de término, abortos e infertilidad). Un caso clarificador es el de cierta secta endógama estadounidense, en la cual las coincidencias en las parejas son menores que las esperadas por emparejamientos al azar. Los experimentos indican que tanto hombres como mujeres muestran preferencia por olores axilares de individuos con patrones de histocompatibilidad diferentes al propio. Esto no indica necesariamente un efecto directo de ciertas sustancias sobre la conducta, pues dicha preferencia puede ser explicada por una comparación entre el olor propio y el ajeno. Diferentes patrones de histocompatibilidad, por varias razones, darían lugar a olores corporales distintos.

En general, se considera que las feromonas son recibidas por el órgano vomeronasal (OVN), que envía proyecciones al bulbo olfatorio accesorio. La inexistencia de este último en los humanos y la atrofia del OVN fueron considerados durante un tiempo evidencias de la no existencia de feromonas en humanos. Sin embargo, otras revisiones (por ejemplo Baxi, Dorries y Eisthen, 2006) indican que también el epitelio olfatorio puede funcionar como receptor de feromonas, y que éste y el OVN pueden diferir en el tipo de sustancias a las que responden (por ejemplo, dependiendo de la volatilidad de la sustancia), pudiendo ambas recibir tanto olores como sustancias feromonales.

Vemos, pues, que en principio no es descabellado pensar que puedan existir feromonas en los humanos. Principalmente, la investigación se ha centrado en 3 ámbitos: los hipotéticos efectos de las feromonas axilares, de las vaginales, y de la estimulación del OVN.

En humanos se han encontrado diversas sustancias potencialmente feromonales en el sudor axilar, y los efectos de algunas de ellas han sido puestos a prueba en diversas investigaciones. Algunos estudios han encontrado resultados positivos tales como el incremento de sentimientos de atracción hacia miembros del sexo opuesto, o el incremento de la conducta de sumisión en mujeres en período de ovulación. Sin embargo, la mayoría cometen graves fallos metodológicos, como la ausencia de grupo control y la no utilización de sustancias de olores similares o del enmascaramiento para descartar efectos directos del olor, como por ejemplo reacciones afectivas derivadas del aprendizaje. Los estudios que sí incorporaron dichos métodos de control no encontraron efectos significativos de posibles feromonas. A pesar de esto, muchas empresas no dudan en vender estas sustancias como potenciadores del atractivo sexual.

Una vía específica de investigación con este tipo de moléculas es la de la sincronización del ciclo menstrual en mujeres mediada por las feromonas axilares. Se parte de la hipótesis de que mujeres que conviven juntas acabarán sincronizando sus ciclos menstruales. Diversos estudios hallan evidencia de este fenómeno en múltiples contextos (residencias universitarias, parejas de lesbianas, miembros de la misma familia, etc.). El mismo fenómeno ha sido encontrado en otras múltiples especies. Sin embargo, muchos de los estudios en humanos han sido criticados por errores metodológicos, lo cual resta credibilidad a la evidencia. Otros estudios muestran que la longitud del ciclo menstrual de la mujer puede variar con la exposición a olores axilares de otras mujeres, y acelerarse con la interacción repetida con hombres. Sin embargo, en general puede considerarse que la evidencia es insuficiente para afirmar que existe un efecto claro.

En cuanto a las feromonas vaginales, llamadas copulinas, se sabe que tienen una poderosa influencia en la conducta de apareamiento de otros animales. Sin embargo, se carece completamente de evidencia de este hecho en humanos. Tales sustancias se encuentran en mujeres, pero probablemente tengan otro tipo de funciones. Además, el hecho de que la ovulación en la mujer sea encubierta (lo cual tiene una sólida explicación evolutiva) apoya la idea de que tales efectos no existen en nuestra especie. Esto, al igual que en el caso anterior, no impide que algunos se planteen la idea de comercializar productos basados en estas moléculas.

Por último, están los estudios de estimulación del órgano vomeronasal, o más correctamente de sustancias que estimulan las células de dicho órgano. En mujeres, se ha comprobado que las células del OVN reaccionan a la androstadediona (una sustancia axilar), y que la exposición a esta sustancia enmascarada por otros olores provoca cambios en el sistema límbico, evaluados por neuroimagen, así como en la temperatura y la conductancia de la piel. Estudios conductuales encuentran una reducción de estados afectivos negativos. En hombres, se ha hallado un patrón de respuesta fisiológica semejante ante el estratetraenol (una sustancia presente en la orina de las embarazadas), aunque no de la respuesta conductual, que parece ser opuesta. La reflexión sobre las posibles causas evolutivas de estos resultados hace que parezcan bastante coherentes y probables. Esto podría sugerir que, a pesar de su atrofia, el OVN podría tener ciertas funciones de recepción de sustancias en el ser humano, aunque el efecto también podría estar mediado directamente por la mucosa olfativa. Cabe señalar que estos estudios carecen también de grupo control, aunque el número de individuos sin OVN es importante (es frecuentemente dañado en cirugía nasal); y que además son escasos, por lo que sería útil contar con más réplicas. No obstante, siguen siendo la evidencia más clara de existencia de feromonas en el ser humano, lo cual también ha llevado a su pronta comercialización.

Esta breve revisión de la evidencia acumulada hasta hoy en día permite sacar muy pocas conclusiones. Es difícil discriminar las publicaciones serias y rigurosas de las propagandísticas, y buena parte de los estudios están subvencionados por compañías que comercializan productos con un supuesto efecto feromonal. Podríamos decir que, de existir, el efecto de posibles feromonas en humanos sería bastante discreto y sutil, lejos de los increíbles resultados que nos venden algunas empresas. Se puede comprobar además que es una forma de influencia en la conducta de los semejantes que tiene poca importancia en los simios del Viejo Mundo, en contraste con los del Nuevo Mundo, lo cual también apoya la idea de que su valor es escaso en nuestra especie, para la cual existen muchas otras claves (principalmente visuales) para la elección de pareja.

Referencias:

Hays, W. T. S. (2003): Human pheromones: Have they been demonstrated? Behavioral Ecology and Sociobiology, 54, 89-97.
Baxi, K. N., Dorries, K. M., Eisthen, H. L. (2006): Is the vomeronasal system really specialized for detecting pheromones? Trends in Neuroscience, 29 (1).
Rantala, M. J., Eriksson, C. J. P., Vainikka, A., Kortet, R. (2006): Male steroid hormones and female preference for male body odor. Evolution and Human Behavior, 27, 259-269.

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30 junio, 2009

Cómo determinar la inteligencia de un peregrino

Dedicado a todos aquellos que sean excursionistas o alguna vez hicieron algún peregrinaje, y que además les gusta la psicología. Un chiste de cosecha propia en forma de fórmula matemática que espero que encontréis simpático...


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29 junio, 2009

Homosexualidad, ¿dónde está el CIE-10?

¿Cuál es el límite entre salud y enfermedad? ¿Es la homosexualidad una enfermedad? Según el CIE-10 no lo es. Eso es lo que vale, y no las opiniones de 4 amigos de la religión, que por sus ideas se proponen ir en contra de las clasificaciones actuales por su cuenta y riesgo. ¿No os suenan este tipo de cosas? Hace poco hemos visto a una profesora diciendo esto…



Curiosamente me he animado a escribir esta entrada por varias razones, pero entre otras está el hecho de que en España no se publique la última revisión del CIE, sino la anterior, donde la homosexualidad todavía aparecía por lo visto como enfermedad. Y esto a pesar de que dicha versión ya haya quedado atrás. Los motivos de que se haya hecho esto son desconocidos y parece que se están investigando. Podemos encontrar la noticia aquí.

Como bien se dice, en la última revisión se deja bien claro el siguiente punto...

"la orientación sexual no se considera un desorden"

Echando un poco más la vista atrás nos encontramos con el año 2005 y la aparición de la figura de Aquilino Polaino en el Senado. Para quienes no conozcáis a este señor, podemos conocer algunas de sus sabias opiniones mediante este vídeo…



Lo deja todo muy claro, ¿verdad? Podemos leer acerca de su aparición en el Senado aquí. Algunas partes destacadas de este último documento…

“Granado ha criticado los condicionantes "ideológicos y religisos" del catedrático Polaino y ha calificado sus palabras de "absolutamente bochornosas".”

Condicionantes religiosos detrás de sus opiniones, ¿¡qué raro!? Veamos algunas líneas más…

““Momentos después y en la misma Comisión, el decano del Colegio de Psicólogos de Madrid, Fernando Chacón, ha rechazado de forma "tajante" que la homosexualidad sea una "psicopatología" ni desde el punto de vista de la Psicología ni de la Psiquiatría.”

Podemos leer algunas reacciones en la blogosfera en aquel momento, por ejemplo una interesante reflexión de Javier Armentia en su blog Por La Boca Muere El Pez.

¿Y vosotros qué pensáis? Os digo lo que yo pienso. Yo pienso que hay que hacer caso al CIE-10. No creo que la homosexualidad sea una enfermedad.

Es más, en la mayoría de los casos dicha opinión (decir que sí lo es) suele esconder motivaciones religiosas e ideológicas, no científicas solamente.

Y curiosamente, si nos vamos al cristianismo, resulta que las mismas razones que usan estos señores para calificar a la homosexualidad como enfermedad nos podrían servir para tachar a fundamentalistas religiosos y muchos practicantes convencidos como enfermos, además de otras distintas.

Los sacerdotes no mantienen relaciones sexuales por ejemplo, no cumplen con esa función que tienen como ser vivo. Hay personas que sufren mucho por temas religiosos, otros se imponen penitencia física. Muchos creen que pueden hablar con “Dios” y se ponen a hablar solos en una especie de ritual que llaman rezar. Incluso muchas de las decisiones que los cristianos practicantes toman pueden ser debidas o influidas al menos por sus creencias, llevando en ocasiones a la desgracia. ¿Dónde está el límite entre salud y enfermedad? Viene muy bien traída aquí una frase de Robert M. Pirsig:

“Cuando una persona padece delirios se le llama locura. Cuando muchas personas padecen de un delirio, se le llama religión.
Robert M. Pirsig”

La seguridad con la que personas como Aquilino Polaino y Gloria María Tomás y Garrido tachan a la homosexualidad de enfermedad se debe en mi opinión a convicciones religiosas y no a la ciencia, aunque uno tenga que conformarse de momento en nuestro país con clasificaciones obsoletas, a saber el motivo a que se debe.

Para terminar dejar muy claro que no creo que la religión sea una enfermedad y por supuesto la homosexualidad tampoco. Sólo es mi intención invitar a la reflexión.

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25 junio, 2009

Normas implícitas, normas formales, formación y seguridad vial

¿Qué son las normas implícitas? ¿Y las formales? En una organización las normas formales son aquellas que están formalmente establecidas. Por ejemplo, hay que entrar de forma puntual a las 8 de la mañana a trabajar (en caso de que ese sea el horario).

¿Y cuál es una norma informal? Una norma que no está formalmente establecida en una organización, pero que una gran mayoría cumple, o por lo menos un número considerable de personas dentro de la misma. Un ejemplo conocido por todos lo tenemos si hacemos memoria y recordamos nuestros tiempos de estudiantes. ¿El profesor decía quién se tenía que sentar en qué asiento, o cada uno se sentaba donde quería? Si vuestro centro de estudios es como el de la mayoría, me diréis que el asiento era libre. Sin embargo, después de los primeros días, se puede decir que la mayoría ya tiene su sitio cogido o por lo menos más o menos su zona. Y no nos sentamos en un sitio que sabemos que suele ocupar otra persona, aunque no exista ninguna norma formal que nos lo impida. Eso es algo que hace mucha gente y que sirve de ejemplo, no quiero decir con esto que todo el mundo respete precisamente esta norma informal.

El problema viene cuando en una organización las normas formales entran en conflicto con las normas informales. Si uno no cumple las informales puede provocar consecuencias, sobre todo de tipo social. Si uno no cumple las formales, puede conseguir que lo sancionen. ¿Os suena de algo? Esto ocurre en muchas situaciones de la vida, también si hablamos de seguridad vial.

Pero si vamos más lejos, a veces una norma informal puede estar muy difundida y además muchos de los miembros de una organización tener la creencia de que esa norma es “una norma formal”, cuando no es así. Y la verdadera norma formal que regula la interacción de esos dos miembros de la organización ser desconocida.

Podemos encontrarnos así que muchos de los miembros de dicha organización se guían por la norma informal, con la creencia incluso de que siguen una norma formal, mientras el resto siguen la “verdadera norma formal”. ¿Qué puede ocurrir cuando dos miembros con dos normas diferentes interactúen entre sí? Es más, ¿qué ocurrirá si la interacción tiene cierto riesgo? Eso es precisamente lo que puede ocurrir en la carretera, en concreto en una rotonda, y eso es precisamente lo que ha llevado a que hoy mi hermano tenga un accidente de tráfico.

No os preocupéis, no ha habido daños personales por ninguna de las partes afortunadamente. Ha sido un accidente que se podía haber evitado seguramente con la formación adecuada. Y es que hay mucha gente que no sabe bien “cómo va esto de las rotondas”, y en las autoescuelas tal vez debieran de repasar más este punto, porque parece existir un cierto desconocimiento generalizado sobre cómo tomar una rotonda. Hablamos de una rotonda con al menos dos carriles.

¿Cuál es el problema? Si queremos salir de una rotonda y circulamos por el carril interior, no podemos invadir el carril externo y salir si viene alguien. El que ya circula por dicho carril tiene preferencia, cosa que muchas personas no saben. Piensan que de una rotonda se puede salir dando un volantazo y ya. Pues no, realmente lo que hay que hacer si uno se encuentra en el carril interior, es pasar primero al carril externo y una vez en el mismo abandonar la rotonda. Si uno quiere abandonar una rotonda no lo puede hacer directamente desde el carril interior y no tiene preferencia respecto de la persona que ya circulaba por el exterior, por lo tanto deberá asegurarse de que no viene nadie.

El problema es que hay gente que conoce las normas formales y otros que hacen esta maniobra mal hecha pensando incluso que conducen correctamente.

Mi hermano nos cuenta lo que le ha ocurrido…

Salimos de los coches.
Yo: “Vaya golpe.”

El otro: “sí”
Yo: “Bueno que se le va a hacer, es lo que tiene conducir.”

El otro: “Bueno hacemos el parte amistoso y así no tenemos que llamar a la policía. Si es que hay que mirar por dónde se va…”

Yo: “¿Cómo? Oiga que me ha golpeado usted al salir.”

El otro: “Pero yo iba por mi carril”

Yo: Usted ha invadido mi carril para ir a salir de la rotonda.

El otro: “a ver yo he puesto el intermitente y he salido de la rotonda por mi carril”

Yo: “Pero a ver, que dar un intermitente no le da preferencia para nada. Tienes que dar el intermitente, mirar y si no puedes salir dar otra vuelta.”

El otro: “No no no. Si tú vas a seguir haciendo la rotonda tienes que ir por el interior no por el exterior, entonces tú no tenías que estar yendo por ahí”

Yo: “Mire, yo puedo ir por el exterior de la rotonda siempre y cuando en la entrada no diga nada al respecto, y en esa entrada no dice nada. Así que yo puedo ir por el lado exterior y usted no puede salir desde el interior si hay gente por el exterior.”

El otro: “Pero cómo que no. Si es lo que hace todo el mundo, o no lo ves”

Yo: “A mí me da igual lo que haga todo el mundo, yo sé lo que pone en el manual y es así como ha de hacerse independientemente de lo que haga todo el mundo.”

El otro: “Si todo el mundo hiciese como tú habría choques cada dos por tres”

Yo: “Quizá sea porque la gente lo hace como tú por lo que hay un montón de choques. Además yo lo estoy haciendo como dice en el manual de circulación.”

El otro: “Pero a ver, yo te he dado el intermitente, que además mi coche tiene intermitentes laterales, ¿no me has visto o qué? Podías haber girado y haberlo evitado.”

Yo: “Si hombre claro, no voy continuamente mirando por el lateral del coche y bastante he hecho girando para no darte de pleno.”

El otro: “Pero tú no sabes conducir chaval”

Yo: “El que no sabes conducir eres tú.”

El otro: “Parece que no nos vamos a poner de acuerdo. Al final va a haber que llamar a la policía.”

Yo: “Y qué les vas a decir”

El otro: “Pues que iba por mi carril, he dado el intermitente para salir, y cuándo iba a salir me has dado”

Yo: “A bien, pues llama, llama.”

Entonces pasa un coche de la Ertzaintza por el lugar y para. Le explico al agente lo sucedido.

El otro: “es que yo iba por dentro, he salido y me ha dado…”

Agente: “Pero a ver, usted ha invadido su carril para salir, por lo tanto él tiene preferencia y usted tiene que dar una vuelta más.”

El otro: “Pero si todo el mundo lo hace así”

Agente: “Pero que la gente lo haga así no significa que esté bien. El problema de hacer lo que todo el mundo hace es que mientras no haya accidentes no hay problema, pero cuando hay accidentes…el que paga es el que lo hace mal.”

El otro: “pero si yo no he invadido ningún carril, yo iba por mi carril y he salido de la rotonda.”

Agente: “Pero vamos a ver señor, si usted va por fuera no puede salir por las bravas y esperar que el que va por fuera le de tiempo a esquivarle. Tienes que poner el intermitente y mirar, que en esa rotonda hay dos carriles, uno interior y uno exterior. No puede haber salido de la rotonda sin pasar por el exterior.”

El otro: “Bueno vamos a hacer el parte que si no no acabamos”

Haciendo el parte llega el momento demarcar una serie de casillas que describan el accidente y la que más se parecía era que el vehículo A había invadido el carril del B, a lo que hombre siguió protestando que él no había invadido ningún carril, que sólo había salido de la rotonda.

Y esto es lo que nos cuenta mi hermano sobre su accidente en la rotonda. Y mi hermano conducía un coche, pero pensad que hay mucha gente que va en moto, cada vez más. Y un golpe tonto a poca velocidad en un coche no tiene importancia, pero para un motero las consecuencias pueden ser mucho peores. Yo suelo entrar a las rotondas cuando no viene nadie ni por el carril interior ni por el exterior, y no suelo tardar mucho en entrar. Como me conozco el tema y suelo ir en motocicleta intento no jugármela. Si veo que alguien va a salir le cedo el paso, y si soy yo el que va a salir y estoy en el interior miro por si viene alguien. Más que nada porque a pesar de que voy en moto quiero sobrevivir…Para los que no sabían nada de esta confusión ya lo saben, espero que os sirva de algo.

Creo que es una información muy útil, sobre todo si uno echa un vistazo a noticias como ésta. Y en esta misma noticia encontramos una imagen muy ilustrativa de lo que no hay que hacer en una rotonda.


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24 junio, 2009

Ilusiones ópticas

He encontrado en youtube un vídeo con algunas ilusiones ópticas que está bastante bien...



Y os dejo ya de paso esta otra ilusión conocida como "Ventana de Ames", creada por Ames. Os recomiendo ver el vídeo sin sonido para experimentar la ilusión "en todo su esplendor", y más tarde volverlo a ver con el sonido, ya que lo explican en el mismo en inglés. La explicación en castellano la podemos encontrar aquí.



Y atentos a lo que se puede hacer con un poco de perspectiva...atentos a la obra de Edgar Mueller


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18 junio, 2009

Noticias sobre psicología

Acabo de enterarme ayer de algunas noticias relacionadas con la psicología de una u otra manera, todas ellas bastante interesantes. Así que aquí va esta entrada haciendo una recopilación de 3 de ellas.

Una trata sobre la relación encontrada entre un determinado gen y la violencia. Podemos encontrar el artículo aquí. Aunque es de pago, y los que no estén suscritos tendrán que conformarse con el abstract. La noticia la he encontrado vía Neofronteras. Parece ser que los poseedores de determinado gen podrían ser más propensos a la violencia, aunque todavía sea pronto para asegurarlo, por lo visto han debido de encontrar una relación estadística importante entre ambos aspectos.


Otra cosa bastante curiosa. Comentaros a todos los amantes del vino y de la psicología que estáis de enhorabuena, han creado un sitio en internet que trata sobre esto precisamente: cerebro y vino. Encuentro la información en Sopa de Ciencias. El sitio web se llama Wine Psych, y lo podéis encontrar aquí. ¿Para cuando un blog sobre cerveza y cerebro?

Y para terminar deciros que podemos encontrarnos por la red estos días información sobre el reciente experimento del psicólogo Richard Wiseman. Leo en Magonia esta entrada sobre la última investigación de Wiseman. Y es que ha usado las redes sociales tan populares hoy en día para diseñar un novedoso estudio bien barato, y volver a tirar por tierra con el mismo la creencia que muchos tienen en determinados poderes mentales.

Por cierto, por si alguien no lo ha visto, el laboratorio de aprendizaje de la UD está realizando una encuesta por internet. Si queréis colaborar en la investigación que están haciendo, es bien fácil y rápido: sólo dos preguntas. Podéis hacerlo entrando aquí. Hay de todos modos un enlace permanente a la prueba en la columna de la derecha arriba del todo. Gracias a todos los voluntarios.

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14 junio, 2009

Formación y prevención

Ya sé que esto es un blog de psicología, pero voy a permitirme publicar hoy esta entrada que no tiene mucho que ver, porque pienso que puede ser útil. Así que cuanto más difusión tenga mejor. Como excusa para ponerla aquí, os diré que la formación es muy importante en psicología de las organizaciones, y la formación adquiere una gran importancia cuando se trata de prevención de riesgos. Tanto es así, que la formación en prevención es obligatoria por ley, por lo menos aquí en España, desde donde escribimos este blog. En parte de eso va esta entrada, de hacer ver cómo a veces incluso una formación muy sencilla, puede evitar accidentes.


¡Cuidado en la cocina!

Recuerdo que unos amigos y yo fuimos a pasar el fin de semana a casa de una pareja amiga nuestra. La verdad es que fue un buen fin de semana sobre todo por las tapas que disfrutamos en los bares todos juntos, y por volvernos a encontrar una vez más, ya que somos un grupo de amigos dispersos geográficamente.

El caso es que hubo una de las noches un momento peligroso. Sí, y es que en una de las veladas nocturnas se nos ocurrió preparar algo entre fogones, con tan mal acierto que salió de ahí más fuego del que esperábamos. Y es que una sartén comenzó a arder.

Viendo la situación decidimos apagarlo evidentemente, y uno de los del grupo que tenía en frente de mí decidió tomar la iniciativa y sopló con todas sus fuerzas. Evidentemente no sirvió de nada, y la llama se me vino encima dándome un susto de narices. A lo cual dije muy finamente “¡ostias, pero qué haces!” o algo así. En seguida alguien buscó una solución alternativa, que consistía en echar un buen chorro de agua. Dado mi interés en la prevención de riesgos en seguida me lancé a dar mi opinión antes de que fuera tarde y expliqué rápidamente que lo mejor era tapar el fuego para que se perdiese el oxígeno y así se apagara.

Me hicieron caso y lo tapamos con una tapa de acero, pero que tenía agujeros. A quién puso la tapa se le tostaron los pelillos del brazo y dado que entraba oxígeno no sirvió de nada. Pero en seguida encontramos otra tapa y apagamos el fuego, lo hizo otro amigo de los que allí estábamos. Finalmente el momento de alarma terminó bien, sin daños materiales ni personales.

Esta historia sirve para ilustrar lo que hay que hacer y lo que no cuando se nos prende una sartén o un cazo con aceite hirviendo en la cocina. Y es que NUNCA hay que echarle agua. Una posible solución es taparla con una tapa que no se queme y no deje pasar el oxígeno, para que el fuego se extinga. Puede servir bien una tapa de acero. Podemos ver cómo funciona dicha solución acudiendo al triángulo del fuego…


Fuente imagen…triángulo fuego

Este triángulo muestra lo necesario para que el fuego tenga lugar. Si actuamos sobre alguna de ellas podremos apagar el fuego. La tapa elimina el oxígeno, que rápidamente se consume en el interior.

Podemos ver aquí algunos vídeos que nos muestran lo que puede suponer no apagar el fuego de nuestra cocina de la forma adecuada… Además este primero nos muestra la forma correcta de apagar el fuego paso a paso. Proponen en el mismo una solución alternativa que consiste en utilizar un trapo húmedo.



Sí, y aunque parezca exagerado esa es la reacción que se provoca, que ocurre porque el aceite se encuentra a una temperatura mucho mayor que la del punto de ebullición del agua. Debido a esto, el agua se convierte en gas rápidamente y arrastra consigo hacia arriba la llama.

Como se dice en el vídeo, lo primero si se incendia la sartén es apagar la placa. Luego mojar un trapo y EXPRIMIRLO BIEN para que no gotee. Cubrir la sartén con el trapo y esperar AHÍ MISMO. NO HAY QUE MOVER LA SARTÉN. Sobre todo, NO USAR AGUA PARA APAGAR EL FUEGO.


Aquí tenemos otro vídeo de un experimento casero…




Pero ¡ojo!, porque a estos el experimento casero les podía haber salido caro, ya que otra manera por la que se puede incendiar una cocina, es precisamente por la campana extractora. Y es que tiene que ser limpiada con frecuencia para que no se acumule aceite en la misma. Si esto ocurre, podría incendiarse la campana si se da una situación en la que tenga fuego debajo. Así que cuidado con lo que se prende debajo de la campana extractora.

Y aquí un último vídeo del hormiguero:



Entrada escrita por Héctor y revisada por Wis.

Nota de interés: cuanto más difusión tenga esta entrada mejor, así que todos aquellos que tengáis un blog estáis invitados a reproducirla, citando eso sí la fuente. Unas sencillas instrucciones pueden venir muy bien para evitar accidentes, así que cuanto más gente conozca el contenido de esta entrada mejor. Nunca se sabe a quién le va a venir bien.

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