En 2007, la Asociación Americana de Psicología (APA; que es para que os hagáis una idea la autoridad en el campo de la psicología aplicada) creó una comisión a la que encargó un estudio acerca de la efectividad de los tratamientos disponibles para cambiar la orientación sexual. Recientemente las conclusiones definitivas del estudio se han hecho públicas: no hay evidencia suficiente, ni en calidad ni en cantidad, para afirmar que la orientación sexual pueda cambiarse por medio de ninguna terapia conocida.
Se ha lanzado un aviso en toda regla a los terapeutas para que, en lugar de esforzarse por cambiar la orientación sexual de sus clientes, encuentren la forma de hacer que éstos se acostumbren a su condición y sean felices con ella. Y también se ha alertado contra los peligros de todo tipo de tratamiento que considere a la homosexualidad como un trastorno o una enfermedad mental. Esta última manifestación por parte de la APA habrá sido bien acogida por al menos una parte del colectivo de homosexuales y transexuales.
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