¿Para esto sirve la memoria? (II): Por qué los leopardos pueden tener lunares

ResearchBlogging.orgContinúo (más bien inicio) el repaso por las ideas de A. M. Glenberg* acerca de la función de la memoria y su carácter corporeizado, profundamente ligado a las características del cuerpo físico que la produce y que interacciona con el entorno. En realidad, el alcance de la tesis de Glenberg va más allá del campo de la memoria, sale disparada como un cohete y golpea duramente en el núcleo más inexpugnable de la psicología, donde todavía quedan incluso algunos filósofos de salón debatiendo sin descanso: el asunto de la naturaleza de las representaciones mentales. O sea, qué tenemos en la cabeza exactamente cuando pronunciamos la palabra "sofá", y en qué se diferencia de lo que pensamos cuando decimos "sillón".

Por qué los leopardos pueden tener lunares.
En el anterior post mencioné la situación actual de la psicología cognitiva tal como la encontraríamos en un libro de texto (estos manuales, además, suelen centrarse en los temas y perspectivas más clásicos y representativos), y dije además que, aunque la perspectiva computacional había servido para proporcionarnos muchos y valiosos conocimientos (y sigue haciéndolo), también nos ha hecho reparar en algunos problemas ciertamente duros de roer que antes ni nos habíamos planteado (por cierto, encuentro esto muy positivo). Glenberg inicia su artículo* deteniéndose en uno de esos problemas que devienen en monstruos moloch para los psicólogos computacionales: el relativo al significado. Una posición exitosa y común entre los psicólogos desde hace décadas es la consideración de las unidades de información en nuestro cerebro como símbolos que pueden establecer relaciones entre sí (postura simbolista). Igual que el ordenador trabaja con variables simbólicas, así debería hacerlo el cerebro natural, dicen los partidarios de la perspectiva computacional. Por ejemplo, un razonamiento humano se puede representar mediante expresiones del tipo:
A está relacionado con B;
B está relacionado con C;
por lo tanto (supuesta una relación transitiva), A está relacionado con C.
Según un psicólogo simbolista, adepto de la teoría computacional, A, B y C son símbolos que, para ser rigurosos, carecen de significado. Precisamente ahí está su valor y utilidad. Dado que los símbolos son abstractos y pueden utilizarse para representar cualquier cosa, el razonamiento transitivo mencionado se cumpliría fuera cual fuera el significado concreto otorgado en un momento determinado a A, B y C, y a la relación que los une. Usualmente se asume la existencia de una especie de lexicón, una lista de significados que se pueden atribuir a los símbolos según la situación lo requiera.
Pero entonces, ¿de dónde sale el significado de los objetos? Este aspecto queda descuidado en la simplificación de la teoría simbolista que os he presentado. Y, más aún, ¿por qué percibimos nuestra experiencia tan exuberantemente llena de significados variados?
Glenberg responde: porque nuestro cerebro no trabaja con símbolos desnudos de significado, sino con representaciones analógicas que de alguna manera contienen las propiedades del objeto al que representan. Obviamente, si estas propiedades están disponibles para nuestro sistema de razonamiento, entonces pueden influir en el resultado de dicho razonamiento. Pensad en lo siguiente: La proposición de que "AxC" (A está relacionado con C) puede ser cierta en el caso de que
A = "un leopardo";
C = "lunares";
y x (la relación que los une) = "está cubierto de".
"AxC" = "un leopardo está cubierto de lunares". Efectivamente, un leopardo es una cosa que puede estar cubierta de lunares. Pero si, rebuscando en el lexicón, asignamos otro significado a uno de los símbolos, de manera que A = "el silencio"; entonces la magia de la lógica bien construida se deshace: la proposición deja de tener sentido a pesar de conservar idéntica estructura lógica. ¿”El silencio está cubierto de lunares”?
Cuando las representaciones son analógicas y no simbólicas en el sentido antes mencionado, parte del problema se resuelve porque los objetos se codifican con determinadas características que marcan las restricciones sobre el tipo de relaciones que pueden y no pueden establecer entre ellos (así es al menos como Glenberg está enfocando su idea de las representaciones mentales). Codificamos analógicamente los leopardos como seres que tienen superficies susceptibles de ser cubiertas con lunares, y al silencio como un objeto abstracto que carece de esa propiedad. Por eso la primera proposición tenía sentido mientras que la segunda, aunque gramatical y sintácticamente irreprochable, se nos presentaba tan extraña y oscura.
Glenberg ha optado por una estrategia (la elección de elementos analógicos como unidades del pensamiento) que, en mi humilde opinión, resuelve muchos problemas al tiempo que produce otros pocos, pero todavía no hemos especificado qué tipo de propiedades tienen esas representaciones analógicas en nuestro cerebro.

La función definitiva de la mente.
Hasta ahora, me he limitado a señalar la adhesión nada revolucionaria a una alternativa analógica en las unidades de representación, que comporta alguna ventaja frente al problema de la contextualización del significado. Pero la cosa se empieza a poner más interesante cuando, siguiendo el espíritu dictado por el título del artículo ("para qué sirve la memoria"), empezamos a preguntarnos por la función de los procesos mentales. ¿Y para qué queremos la memoria, la percepción? ¿Para qué queremos representaciones mentales del tipo que sean, simbólicas o analógicas? La respuesta de Glenberg es inmediata: Para llevar a cabo interacciones con la realidad. ¿Para qué si no? Todo nuestro sistema cognitivo está orientado a la acción. Ya que la selección natural debería favorecer a los organismos cuyas acciones son más exitosas y provechosas, contar con un sistema cognitivo eficaz en la producción de acciones es toda una ventaja para un ser vivo, así que no deberíamos extrañarnos de que la selección natural nos haya empujado en este sentido.
Para nuestro cerebro, el pensamiento está dirigido al desempeño de las acciones que son relevantes y posibles en cada situación. Y esta idea viene ya de antiguo (Gibson, 1979**). Podríamos decir que todos los objetos nos sugieren una serie de interacciones que son posibles con él (affordances, las llamaba Gibson). Tal vez nuestra percepción y nuestra categorización está determinada en gran parte por ese conjunto de acciones posibles. Cuando estamos sedientos y vemos un río, no reconocemos sino un objeto que nos permite, mediante unos movimientos corporales determinados (aproximarnos, agacharnos en la orilla), calmar nuestra sed. La acción, pues, se puede entender como una fuente de significado ("un río es una cosa con la que puedo interaccionar para quitarme la sed"). Por eso era tan importante que las unidades de representación mental fueran analógicas: Las representaciones de objetos y situaciones contienen propiedades que son codificadas para permitirnos anticipar y calcular futuras acciones, y son esas acciones las que dotan a la representación de significado.
La vibrante expresión del artículo de Glenberg consigue que esta idea nos parezca tan natural y poderosa como ninguna, por eso invito a todos a leerlo. Demos un paso más. Advirtamos que las acciones son siempre interacciones con el medio en un momento y un lugar concretos (aquí y ahora), y que se realizan con un cuerpo con una forma y propiedades muy concretas (como mi cuerpo no es el cuerpo de un elefante, mi rango de acciones posibles con un ambiente determinado difiere drásticamente del de Dumbo). El cuerpo, igual que el ambiente físico, impone unas restricciones al sistema, haciendo que unas acciones sean posibles y otras no. Esto le da una flexibilidad y variabilidad inmensa al sistema. Cambie usted una variable (la longitud de sus miembros, o el número de ellos), y los resultados podrán ser muy diferentes. Lo que para un niño es una superficie para golpear haciendo ruido, llamando la atención de sus padres, para un adulto puede ser un objeto sobre el que descansar sentado (o sea, una silla). Y el mismo objeto puede sugerirnos una acción en un contexto concreto (una botella sirve para beber cuando tengo sed) y otra muy distinta en otro contexto (una botella sirve como arma cuando estoy en peligro). A esto, sin meterme en mucho más detalle, lo llamamos representaciones “corporeizadas” (embodied representations), puesto que el cuerpo físico supone una de las fuentes principales de constricciones en su funcionamiento.
Fijémonos en la gran diferencia entre un cerebro que opera abstractamente con símbolos (perspectiva computacional) y otro que produce acciones en el entorno mediante representaciones corporeizadas. El significado, ese eterno problema de los simbolistas, emerge elegantemente a partir de las acciones que se pueden derivar de las propiedades codificadas en la representación analógica. Aunque no debiera embargarme el entusiasmo, lo cierto es que me parece muy convincente la propuesta de las representaciones corporeizadas. Y además, tiene un trasfondo evolucionista impecable.

  • *Glenberg, A. (1997). What memory is for Behavioral and Brain Sciences, 20 (01) DOI: 10.1017/S0140525X97000010
  • ** Gibson, J. J. (1979). The ecological approach to visual perception. NY: Houghton Mifflin.

5 comentarios:

Héctor dijo...

Es una proposición que parece bastante encaminada. Pero se parece bastante a lo que ya hizo en su día el biólogo y psicólogo experimental Jean Piaget, ¿no?

Normalmente, como se suele estudiar en la facultad relacionándolo con el desarrollo infantil, no se suele luego generalizar su teoría al funcionamiento de la cognición adulta. Sin embargo si recordamos muy por encima algunas cosas sobre Piaget en este texto, tal vez encontremos algunas coincidencias.

Por ejemplo, él da un claro valor evolutivo a los procesos cognitivos. De hecho es una de las características principales de su teoría.
El desarrollo cognitivo se produce en base a dos mecanismo básicos: la asimilación y la acomodación.
Y los procesos cognitivos van encaminados a la acción

Respecto a los símbolos desnudos de significado...

"Glenberg responde: porque nuestro cerebro no trabaja con símbolos desnudos de significado, sino con representaciones analógicas que de alguna manera contienen las propiedades del objeto al que representan. Obviamente, si estas propiedades están disponibles para nuestro sistema de razonamiento, entonces pueden influir en el resultado de dicho razonamiento".

En las estructuras cognitivas que propuso Piaget, se tenían en cuenta las posibles relaciones entre los conceptos.

"¿Para qué queremos representaciones mentales del tipo que sean, simbólicas o analógicas? La respuesta de Glenberg es inmediata: Para llevar a cabo interacciones con la realidad."

Tengo entendido que esto tb lo dice Piaget.

"Tal vez nuestra percepción y nuestra categorización está determinada en gran parte por ese conjunto de acciones posibles."

Esto tb lo dice Piaget.

"A esto, sin meterme en mucho más detalle, lo llamamos representaciones “corporeizadas” (embodied representations), puesto que el cuerpo físico supone una de las fuentes principales de constricciones en su funcionamiento."

Esto igual sí que es nuevo. Piaget creo que lo menciona, pero no lo dice exactamente igual. Me da la impresión de que hay matices que lo diferencian.
Se puede leer a piaget con algo más de detalle aquí.

Héctor dijo...

"La asimilación mental consiste en la incorporación de los objetos dentro de los esquemas de comportamiento, esquemas que no son otra cosa sino el armazón de acciones que el hombre puede reproducir activamente en la realidad" (Piaget, 1.948).

Eso se relaciona en parte con lo que dice Glenberg, pero no sé si llega a ser tan claro.

Gilgamesh dijo...

Efectivamente, Héctor, cuando uno lee a Glenberg por primera vez le asalta una vocecilla susurrando "Paiegt, Piaget...". Los símbolos en la teoría de Piaget no son los símbolos amodales y abstractos de otras teorías cognitivas. Al contrario, fluyen a partir de las interacciones con el entorno, y en cierto sentido son "analógicos". Y hay más, cuando os vaya contando alguna cosa más acerca de la idea de Glenberg sobre la memoria, seguro que te asalta un dèja vu y vuelves a pensar en Piaget, ya lo verás.
De todas maneras, tampoco es cierto que esté todo dicho, ni que la tesis de Glenberg sea poco novedosa, eso ya lo iremos comprobando cuando os cuente más cosas al respecto, que de momento sólo os he ido introduciendo un poquito.

Héctor dijo...

Ok, esperaremos impacientes al siguiente capítulo. Pinta bastante bien :)

Saludos

Esscarolo dijo...

Muy interesante. Seguiré leyendo.