Vitalismo y supersticiones



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Si preguntamos a un niño acerca de cómo cree que funciona el mundo a su alrededor, es probable que nos llevemos algunas divertidas sorpresas. Por ejemplo, podemos descubrir que, para el pequeño, cuando llueve es "porque las nubes lo quieren", o que la luna "aparece cada noche para observar la ciudad". Este tipo de aserciones fantásticas y que a menudo mueven a la sonrisa consisten en la atribución de características típicas de los seres vivos e inteligentes (como por ejemplo tener voluntad propia, o sentimientos) a entidades inanimadas (como las nubes, o la luna). Los antropólogos han convenido llamar a este tipo de creencias "vitalismo" o "animismo" (cuidado, en español la primera palabra tiene un significado más amplio que la segunda).
Cuando son pequeños, los niños desconocen o no pueden comprender aún cuáles son los mecanismos que producen los la lluvia o el movimiento de los astros, y muchos fenómenos naturales y físicos de orden cotidiano. Por esa razón inventan explicaciones que a los adultos nos parecen fantasiosas. Se trata de un estadio normal en el proceso de maduración infantil: conforme se van acostumbrando a estos fenómenos naturales y adquieren capacidades y conocimientos, los niños tienden a abandonar la tendencia al animismo en favor de explicaciones de más consistencia científica (aquí procede citar el trabajo de Piaget, 1929, sobre el desarrollo intelectual). Para ser más claro, los niños, al llegar a cierto punto de desarrollo, establecen distintas categorías de entidades reales (seres vivos, artefactos inventados por el hombre, entidades inertes naturales...) y reservan el atributo de intencionalidad sólo para algunos seres vivos, concretamente para las personas (y tal vez para algunos animales y artefactos especiales, como una mascota o un robot). Esto supone abandonar la forma primitiva de vitalismo en pro de otra actitud más matizada.

Sin embargo, también podemos encontrar reductos de pensamiento vitalista en los adultos. Las psicólogas finlandesas Marjaana Lindeman y Marieke Sahern firman un artículo en la British Journal of Psychology en el que exploran los vínculos entre el pensamiento vitalista y las supersticiones de los adultos (Lindeman y Sahern, 2007), entendidas estas últimas de un modo bastante amplio, que incluye desde la creencia en el más allá y las religiones hasta la astrología o la confianza en pseudomedicinas.
Previamente al estudio, las autoras utilizaron un cuestionario estandarizado para medir el "pensamiento supersticioso" de una muestra de jóvenes voluntarios. Como se ha mencionado, el cuestionario incluía subescalas para medir distintos tipos de pensamiento supersticioso: creencia en agentes sobrenaturales (e.g., fantasmas), en poderes paranormales (e.g., telepatía), en dioses, en la buena (o mala) suerte y en amuletos para controlarla, en la astrología, en la medicina alternativa (e.g., Kirlian, gemoterapia), etc. Después, seleccionaron únicamente a los participantes con puntuaciones extremas: al 10% de los participantes más supersticiosos (lo que algunos vienen a llamar despectivamente "magufos") y al 10% de los más escépticos y racionales. En total, y después de esta criba, la muestra del estudio consistió en 123 participantes escépticos y 116 participantes supersticiosos.
A continuación, utilizaron una metodología basada en cuestionarios para obtener información acerca del grado en que estos dos grupos de voluntarios diferían en su tendencia a establecer razonamientos vitalistas y a desarrollar creencias supersticiosas. Mencionaré algunos ejemplos de las escalas que se midieron y de las preguntas que se emplearon para ello:
1.      Atribución de un propósito: Las autoras presentaron una lista de palabras (objetos naturales o artificiales, completos o inclompletos), y la tarea de los participantes consistió en responder si estos objetos tenían o no un propósito (es decir, si "servían para algo"). Por ejemplo: un reloj, el bolsillo de un pantalón vaquero, una montaña. Una persona con un pensamiento vitalista tenderá a extender la atribución de propósitos e intenciones a objetos naturales como un río o una nube. "El río quiere mojarme"; "La nube sirve para ocultar el sol".
2.      Explicación de procesos biológicos: Se presentaron varias preguntas con respuestas alternativas cuya corrección tenían que evaluar los participantes. Por ejemplo: "Cuando te haces una herida, ¿qué es lo que hace que se cierre?". Posibles explicaciones en clave vitalista sonarían así: "Tu cuerpo utiliza la energía para regenerarse", o "Tu cuerpo quiere curarse" (es decir, se atribuiría al cuerpo una intencionalidad).
3.      Concepto de energía: Cuando las analizamos en detalle, las explicaciones de tipo vitalista vienen a contener dos elementos relacionados: en primer lugar, obviamente, la atribución de intencionalidad a objetos inanimados ("las heridas se cierran porque tienen el deseo de curarse"); en segundo lugar, una a veces misteriosa transmisión de "energía" vital entre entidades (un ejemplo claro es la tradición del Feng-Shui). Si un ente afecta a otro es a través de esa difícilmente definible o cuantificable energía, una especie de "fuerza vital", que además es depositaria de atributos psicológicos o espirituales, incluyendo la intencionalidad: la energía puede ser "buena o mala", "espiritual", "impura", etc. No hablamos, pues, de la energía en el sentido físico y convencional, sino de otra cosa mucho más brumosa. El cuestionario incluía preguntas y opciones de respuesta que tenían que ver con este tipo de conceptos extraños de energía.
¿Cuál fue el resultado del estudio? Las autoras encontraron diferencias significativas en el modo en que los participantes supersticiosos respondieron al cuestionario, comparados con los no supersticiosos. Efectivamente, el vitalismo estaba presente mayormente en los participantes supersticiosos, que tendían a pensar que las entidades naturales (cielo, montañas) están dirigidas a un fin. También atribuyeron en mayor medida intencionalidad a las partes y órganos del cuerpo humano en los procesos biológicos cotidianos (e.g., "el dedo se cura porque lo desea").
En sus explicaciones vitalistas de procesos biológicos como la digestión, el crecimiento o la curación de una herida, los supersticiosos echaron mano con frecuencia de la palabra "energía", pero el cuestionario demostró que ésta es entendida de una manera no científica y, de hecho, vitalista (atribuyendo a la energía cualidades psicológicas). Algunas supersticiones comunes cobran cierta lógica bajo esta óptica. Sabemos que las estrellas tienen energía. Pero si conceptualizamos la energía como un ente con propiedades psicológicas e intencionales, podemos creer que esta energía, entendida en clave vitalista, es la responsable de los efectos que los astros producen en los seres humanos, según la doctrina pseudocientífica de la astrología. Lo mismo se aplica a otros casos, como la gemoterapia (curación mediante contacto con piedras).

Una variable que en principio podría explicar el resultado de este estudio es el grado de conocimiento científico de los participantes. Tal vez los escépticos sean simplemente menos ignorantes en cuanto a asuntos científicos (procesos biológicos, concepto de energía) se refiere. No es el caso: las autoras obtuvieron una muestra bien escogida, de forma que ambos grupos de participantes, supersticiosos y no supersticiosos, compartían un nivel equivalente de conocimientos científicos en torno a estas materias. No sólo eso, sino que los dos grupos eran capaces de reconocer que las explicaciones correctamente científicas eran las más adecuadas (fueron las alternativas de respuesta más altamente puntuadas de todas). La diferencia detectada en el estudio residía en la mejor valoración de las opciones de respuesta vitalistas por parte de los supersticiosos con respecto a los escépticos.
No se me escapa una observación de tipo metodológico: las autoras emplearon un cuestionario para medir las variables de interés. Me pregunto qué habría pasado si se hubiese empleado una medida implícita (por ejemplo, mediante la técnica del priming) para evitar los sesgos conscientes en las respuestas de los participantes. Esto queda, imagino, para futuras investigaciones.

En general, me parece interesante la demostración de que las personas supersticiosas de muy variado pelaje (desde los creyentes en dios hasta los convencidos de que los alienígenas nos visitan como si tal cosa) llevan consigo el lastre del pensamiento vitalista. Es como para detenerse a pensar... ¿Tendrán razón las autoras en su hipótesis de que las supersticiones están de algún modo basadas en una forma de pensamiento vitalista similar al de que hacen gala los niños pequeños? ¿Podríamos interrogar a ese crédulo con el que debatimos en un foro de internet y descubrir al vitalista que encierra dentro? Si es así, las autoras no lo han demostrado aún (tampoco lo han intentado, la metodología del estudio no es experimental), pero el planteamiento es intrigante de por sí. Da para reflexionar.

Referencias
Lindeman, M., & Saher, M. (2007). Vitalism, purpose and superstition British Journal of Psychology, 98 (1), 33-44 DOI: 10.1348/000712606X101808
 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

Excelente trabajo, quedan muchas incognitas, el echo de que un creyente use un tipo de razonamiento para algo y que al tenerlo que hacer usando la religion lo cambie por completo en un aspecto similar o identico, es digno de estudio.

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Este es uno de los proyectos mas interesantes que he leído, me parece que esta es una de las cosas que se pueden hacer en típicos lugares para así depurar aun mas el estudio!

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Optimistas hasta el final son los niños, pero sería interesante saber si esto se debe culturalmente o esto es algo genético.