El bloqueo, un fenómeno básico de aprendizaje

Por Fernando Blanco (Gilgamesh).
Artículo publicado originalmente en El Descanso de Gilgamesh.

Hoy me apetecía compartir con mi reducida comunidad de lectores (que precisamente por esa razón, por ser tan poquitos, los tengo en gran estima) uno de los fenómenos de la Psicología del Aprendizaje más básicos, pero que paradójicamente también es uno de los que más interés teórico y empírico han suscitado: El bloqueo.
No, no estoy hablando de ninguna medida de presión económica sobre una isla, y perdónenme el chiste fácil.

El bloqueo (Kamin, 1968) es un efecto de aprendizaje, ya comprobado tanto en animales como en personas, que sucede en dos fases. En una primera fase, tenemos un estímulo A seguido de una consecuencia (la represento con un signo “+”). El estímulo puede ser casi cualquier cosa que se nos ocurra: Una luz, un sonido, una palabra, una persona, una situación. Lo mismo sucede con la consecuencia. Para facilitar la comprensión de esta exposición, usaremos el siguiente ejemplo: A es una comida, el revuelto de gambas. La consecuencia es un dolor de tripas, o un malestar gástrico, que puede estar producido o no por esa comida. En la segunda fase, se nos presenta el mismo estímulo A en combinación con otro estímulo nuevo, B (pongamos que es la coliflor hervida), formando un compuesto, y seguidos de la misma consecuencia que antes. Resumiendo:



Si en esta situación nos comemos ese compuesto de revuelto de gambas y coliflor hervida (¡habría que matar al cocinero!) y a las pocas horas nos encontramos con el estómago convertido en una hormigonera dando vueltas a todo trapo, ¿a cuál de las dos comidas atribuiremos el dolor gástrico? ¿a la coliflor o a las gambas? Lo más probable es que pensáramos que el malestar está producido por las gambas (estímulo A), porque ya tiene una historia previa en la que nos ha dado dolor de tripas por sí solo. ¿Me equivoco? Pero lo cierto es que en esta ocasión sería perfectamente posible que cualquiera de las dos fuera responsable. Estamos tomando una decisión sesgada en cierta medida por el aprendizaje previo sobre A. Es decir: Da la sensación de que lo que hemos aprendido sobre las gambas a lo largo del tiempo (que nos sientan mal) empeorase nuestro aprendizaje acerca de otra comida de la que no sabíamos nada hasta entonces.

Pero como siempre en ciencia, y sobre todo en algunas disciplinas tan complejas como la Psicología, necesitamos un control experimental para descartar explicaciones alternativas. Así de paso aprendemos algo sobre procedimientos experimentales.



Éste es uno de los controles posibles para un diseño de bloqueo. Todo buen control experimental debe parecerse lo más posible al grupo experimental, salvo, obviamente, en la manipulación que llevamos a cabo en el experimento, que en este caso es el entrenamiento de la Fase 1. ¿Qué tenemos en la Fase 1? En el grupo experimental, que es el mismo del ejemplo de antes, tenemos un entrenamiento en el que A se asocia con una consecuencia (las gambas se asocian a un malestar gástrico). En el grupo de control, A y la consecuencia se presentan aleatoriamente, de modo que no se asocian. Siguiendo con el ejemplo: Comeríamos gambas de vez en cuando, y de vez en cuando nos pondríamos enfermos. Eventualmente ambos sucesos podrían coincidir fortuitamente, pero no con la consistencia suficiente como para que los relacionemos inequívocamente.
Tras estas dos fases de entrenamiento, medimos la respuesta que produce la presentación de B. En nuestro ejemplo, esto equivaldría a preguntar "¿Crees que la coliflor hervida (estímulo B) te ha producido este dolor de estómago?". Si el bloqueo ha tenido lugar, observaremos que la respuesta ante B es mucho mayor en el grupo control (donde no ha habido bloqueo) que en el grupo experimental (donde A ha bloqueado a B).

Este resultado tan sencillo tiene implicaciones importantes y, como conté por ahí arriba, ha producido debate teórico hasta hartarse. De hecho, el diseño de bloqueo se ha convertido hoy en uno de los paradigmas clásicos que los experimentadores emplean para poner a prueba sus hipótesis.
No es éste el momento de profundizar mucho, así que sólo voy a reclamar vuestra atención sobre un detalle que siempre destaco a mis alumnos. Desde tiempos muy antiguos, prácticamente desde la tradición aristotélica, se pensaba que para que dos estímulos se asociaran, como ocurría con la campana de Pavlov y la comida, éstos debían aparecer juntos en el espacio o en el tiempo. A esto se le llama contigüidad entre los estímulos. Es muy fácil de entender: La campana de Pavlov precedía a la comida con muy poco tiempo de diferencia, de manera que el perro asociaba ambos estímulos, sonido y comida, y daba su respuesta habitual en forma de "babeo". Se llegó a decir que todo el aprendizaje (y toda la conducta) estaba basado en esas asociaciones derivadas de la contigüidad entre elementos.
Gracias, entre otras cosas, al descubrimiento del bloqueo, hoy sabemos que la contigüidad puede ser una condición necesaria para el aprendizaje, pero no suficiente. Veamos por qué. Vamos a analizar la contigüidad entre los estímulos de este diseño que os he puesto hace un momento. Fijaos en que el bloqueo lo detecto comparando la respuesta ante B en el grupo experimental y ante el mismo estímulo, B, en el grupo de control (no podría ser de otra forma si quiero evitar contaminaciones y explicaciones alternativas). La respuesta en el grupo experimental es mucho menor, como se ha dicho antes. Pero lo cierto es que B está asociado con la consecuencia (representada por un signo "+") el mismo número de veces en los dos grupos. En otras palabras: La contigüidad de B es la misma en ambos grupos. Tiene que haber otro factor que afecte a la respuesta y que sea distinto en los dos grupos. En buena lógica podemos concluir que ese factor sólo puede estar actuando en la primera fase, ya que es el único momento en el que los grupos son diferentes.
No os voy a entretener más. Ese factor es el valor informativo del estímulo. En el grupo de control, no se llega a aprender ninguna relación entre A y la consecuencia en la Fase 1, ya que ambos se distribuyen aleatoriamente. De modo que al llegar a la Fase 2, cuando únicamente se presentan ambos estímulos a la vez, los dos son igualmente informativos sobre la consecuencia. Podríamos decir que cualquiera de ellos es capaz de producir la consecuencia en la misma medida. No sucede lo mismo en el grupo experimental. Allí, la Fase 1 hace que aprendamos una relación muy fuerte entre A y la consecuencia. El estímulo A nos brinda mucha información sobre la consecuencia (nos permite predecirla con el 100% de seguridad). Al llegar a la Fase 2, y aquí viene la madre del cordero, ocurre que B no nos sirve para nada. A ya es un predictor muy bueno, si no perfecto, de la consecuencia. ¿Para qué vamos a responder ante B, si A ya nos da toda la información que necesitamos?
Kamin, descubridor del efecto de bloqueo, interpretó esta situación en términos de sorpresa. Intuyó que, para que aprendamos algo acerca de un estímulo incondicionado (en nuestro ejemplo, el dolor de tripas; en el ejemplo del perro de Pavlov, la comida, no os asustéis con la terminología, please), éste debía sorprendernos. En el grupo experimental, al principio, el dolor de tripas llega inesperadamente, hasta que llega un momento en el que A (las gambas) lo predicen perfectamente. Luego entramos en la Fase 2 y nos ponen gambas con coliflor (el compuesto AB), pero como A es suficientemente informativo, el dolor de tripas sigue sin sorprendernos. Basta la presencia de A para saber que nos vamos a poner malitos. Y, en consecuencia, no respondemos ante B.
Creo que así ha quedado más clarito.

Curioso asunto, este del bloqueo. La interpretación de Kamin introdujo algunas ideas muy interesantes. La más evidente es que hay una cantidad de valor informativo limitado, y que se reparte entre los estímulos que aparecen en un entrenamiento, de manera que "si A nos dice mucho sobre la consecuencia, B nos tiene que decir poco". Se establece una especie de competencia, de lucha por obtener la fuerza asociativa máxima. Este concepto es en realidad la base de uno de los modelos nucleares de toda la Psicología del Aprendizaje: Rescorla y Wagner (1972). Pero eso ya lo contaré otro día...

Referencias
  • Kamin, L. J. (1968). "Atention-like" processes in classical conditioning. In M. R. Jones (Ed.), Miami symposium on the prediction of behavior: Aversive stimulation (pp. 9-33). Coral Glabes, FL: University of Miami Press.
  • Rescorla, R. A., & Wagner, A. R. (1972). A theory of Pavlovian conditioning: Variations in the efectiveness of reinforcement and non-reinforcement. In A. H. Black & W. F. Prosaky (Eds.), Classical conditioning: II. Current research and theory (p. 64-99). New York: Appleton.


    Fuente original de este artículo:
    Blanco, F. (2006). El bloqueo, un fenómeno básico de aprendizaje. El Descanso de Gilgamesh, http://gilgamesh81.blogspot.com
  • 14 comentarios:

    DLuque dijo...

    ¡Fantástico post! Muy didáctico, cómo se nota que ya eres profe. Me voy a ir por peteneras: En tu exposición del bloqueo has elegido la clásica explicación asociativa. Sería interesante analizar qué pruebas tenemos de que el bloqueo en humanos está producido por mecanismos asociativos, y no por mecanismos de razonamiento, como proponen De Houwer y sus colaboradores.
    A mi se me viene a la cabeza el paper de Le Pelley, Oakeshott y McLaren (2005) ¿alguna otra idea?

    Gilgamesh dijo...

    A ver... Verás, este post no tenía pretensiones muy ambiciosas, lo he publicado como complemento a las clases de Psicología del Aprendizaje, para facilitar la comprensión del bloqueo a los alumnos, ni más ni menos. :-)
    Pero el caso es que, como tú dices, podemos sacarle jugo para ir más allá, y por Zeus que ya va siendo hora de hacer algo así.

    Pero es que sucede que yo mismo tampoco soy un gran entendido en este tema, y no sé qué podría aportar tan interesante.
    Ni siquiera he leído ese artículo que mencionas (aunque mañana mismo lo buscaré, que me has picado). Lo único que se me ocurre al respecto es aquello de la maximalidad del outcome, como una especie de efecto "techo" (además creo que lo leí en un artículo de De Houwer, precisamente), pero igual estoy despistado y no iban por ahí tus tiros. ¿Me equivoco? Debería ponerme al día con estas cosas, que además me incumben directamente.

    Gilgamesh dijo...

    Por cierto, David, me estás dando una idea muy buena. Si empezamos aquí mismo a debatir en los comentarios, nos lo ventilamos en tres intervenciones (cuatro, si se mete Oskar, que ya está tardando), con tres crípticas referencias y nadie más se entera de nada. Ya lo acabas de ver, en los dos últimos mensajes hemos usado un lenguaje que nadie salvo nosotros entiende, y hemos hecho referencia a artículos para casi todos inaccesibles. Además, los comentarios tienen algo de semi-clandestinidad, así, sin salir en la página principal de la bitácora (je, je). Estaba pensando que, en vez de enviarnos dos referencias en los comentarios, tú me desasnas y los dos nos quedamos tan anchos, podríamos dedicarle sólo un poquitín más de tiempo y marcarnos un par de posts (públicos) con los argumentos inferenciales (por ejemplo). En dos párrafos o los que salgan, en plan divulgativo. Incluso a mí mismo, que como decía antes no estoy muy puesto al día en el tema, me vienen bien esos resúmenes didácticos, y de paso contribuimos a la labor divulgativa de la bitácora. ¿Te apuntarías? Es como la discusión que proponías, sólo que haciéndolo a la vista de todos. Por predicar con el ejemplo, si os parece, me dais unos días o una semana y voy preparando algo sobre el mencionado tema de la maximalidad y la adicionabilidad del outcome. ¿Veis? Jerga, jerga... :-P
    ¡Un abrazo!

    Oskar Pineño dijo...

    Hola Gilga,

    He visto este nuevo post hace poco, y siento no poder aportar mucho más en estos momentos por falta de tiempo (ando realmente liado ahora, lo siento). Creo que puede interesaros esta referencia para una descripción de los efectos de "aditividad de la consecuencia" y "maximalidad" (traducción barata) en el efecto del bloqueo:

    Pineño, O., & Miller, R. R. (in press). Comparing associative, statistical, and inferential reasoning accounts of human contingency learning. Quarterly Journal of Experimental Psychology.

    El artículo está en mi página web (www.opineno.com), en la sección de publicaciones. Estos efectos se discuten en las páginas 9 a 12 (Sección 2.3).

    Un abrazo, Oskar.

    Gilgamesh dijo...

    Es cierto, Oskar, ese artículo vuestro me gustó bastante porque es uno de esos que revisan un área más o menos amplia y además de manera clara, perfecto para introducirse en un tema.
    Pues lo dicho, a ver si me marco yo un pequeño post sobre propuestas inferenciales "for dummies".

    Anónimo dijo...

    ¿Conocéis otras aplicaciones o fenómenos que pueda explicar el bloqueo en la vida diaria de las personas? Quiero decir referencias constatadas como la de la aversión a los alimentos. Creo que es un punto interesante que se puede tratar aquí.

    Gilgamesh dijo...

    En realidad, Anónimo, el efecto de bloqueo podría darse en cualquier situación cotidiana en la que dos causas alternativas tengan que competir por predecir una misma consecuencia, al menos en teoría. Yo hice por ahí un powerpoint en el que ejemplificaba el bloqueo con un caso detectivesco de perros "sospechosos" de haber cometido una travesura, por ejemplo. Las claves serían los perros y la consecuencia la travesura, pero el diseño sería el mismo: A+, AB+

    Los experimentos muestran una serie de condiciones y matices de esta regla. Por ejemplo, importa el hecho de que la relación entre la "causa" y la "consecuencia" se entienda por parte del sujeto como "predictiva" o como "causal". También depende de la dirección en la que se nos muestre esa relación: predictiva si tenemos antes las causas y luego el efecto (por tanto, dos causas A y B para un mismo efecto), o diagnóstica si primero nos muestran los efectos y tenemos que discernir cuál es su causa (por tanto, si la situación sigue exactamente el mismo diseño que antes y sólo variamos la dirección, tendríamos una misma causa que puede producir dos efectos)...
    Son cosillas que tal vez convendría explicar en otro articulillo corto. A ver si saco tiempo de una vez, que parece que últimamente todo se me viene encima. Basta que abra la boca diciendo que voy a hacer esto o lo otro, para que de pronto me carguen con cien mil trabajos inesperados. En fin.
    ¡Un saludo!

    DLuque dijo...

    El caso de los perros traviesos me gusta. En esa línea, os cuento un efecto de bloqueo en la vida cotidiana que, para los que tengan hermanos, les será muy familiar. Cuando una pareja tiene dos hijos, muchas veces las travesuras de uno de ellos quedan "bloquedas" a los ojos de los padres por el hecho de que el otro hermano es el "oficialmente travieso".
    Si el hermano "oficialmente travieso" es el mayor, tendríamos un diseño clásico de bloqueo.
    (Como hermano menor me he aprovechado de esta situación para hacer mis pillarías sin ser molestado je je je)

    Anónimo dijo...

    Gracias a los dos por los ejemplos. ¡Que bueno el del hermano! ;)

    Niha dijo...

    El ejemplo de los hermanos es muy ilustrativo.

    Nere dijo...

    Acabo de descubrir un blog del que sé, desde hoy, que me convertiré en asidua visitante. Una gran satisfacción haber llegado hasta aquí.

    Primero agradecer que compartas un blog de esta calidad con la comunidad blogera en general y, en particular, con la psicológica que somos poquitos pero poco a poco vamos reuniéndonos...

    Leyendo el post me ha surgido una pregunta. En el ejemplo que has puesto con la Comida, revuelto de gambas (A) y Coliflor hervida (B), comparando el grupo experimental con el control, el control tiene una experiencia A/+ (no existe contigencia entre A y el dolor de estómago), pero ¿esto no sería un ejemplo de irrelevancia aprendida?. Y la irrelevancia aprendida retrasa el posterior aprendizaje con ese mismo estímulo, así los resultados de comparar ambos grupos no sólo se verían influidos por el efecto de bloqueo de B en el grupo experimental, sino también por la irrelevancia aprendida sobre A en el grupo control. ¿Hay algo de lógica en lo que acabo de decir? :S


    Un saludo

    Gilgamesh dijo...

    ¡Caramba, Nere! Acabo de leer tu comentario y casi me da vergüenza responder con tanto retraso (más de un mes), pero lo que dices es muy inteligente.
    En realidad, ninguno de los grupos de control que proponía en el artículo es perfecto:
    Primero, el control que carece de entrenamiento en la primera fase supone que el grupo experimental se habrá expuesto al EI en un número mayor de ocasiones. Eso podría explicar la reducción de la respuesta en la fase de test.
    En segundo lugar, el control que alterna presentaciones aleatorias del EC A y del EI tiene otras "pegas". Por un lado, es posible que, como has apuntado, A obtenga un poquito de fuerza inhibitoria en el grupo de control. Por otro lado, sabemos empíricamente que no es un buen control, en la práctica, porque es muy difícil obtener bloqueo en humanos de esta forma. Pellón y su equipo propusieron que durante la exposición a A/+, podría llegar a condicionarse ligeramente A con el EI, cargándose el efecto. Vamos, que le damos casi interpretaciones opuestas pero la conclusión es que este control A/+ no funciona como es debido: si hay bloqueo, hay explicación alternativa; si no hay bloqueo, sabemos por dónde pueden ir los tiros.
    Como pista, puedo decir que en los experimentos con humanos, se suelen emplear diseños intrasujeto y creo que sólo en esas condiciones se ha obtenido bloqueo.

    Reitero mis disculpas por haber tardado en responder. Tenemos pocos lectores y hay que cuidarlos. ¡Un abrazo Nere!

    Gilgamesh dijo...

    Añado también otro ejemplo de bloqueo en la vida cotidiana, proveniente del artículo de Santiago Benjumea en este mismo blog.
    En España, la transición de la moneda tradicional, la peseta, a la nueva moneda europea, el euro, se hizo en dos fases. Primero las dos monedas convivieron en los bolsillos y en los carteles que indicaban los precios en los comercios, y luego pasamos a usar sólo el euro. Como dice Santiago Benjumea, esta transición sólo sirvió para que no aprendiésemos a utilizar el euro hasta que fue demasiado tarde. Para cantidades grandes, todavía sigo pensando en la vieja moneda porque si no, no me hago a la idea (todavía me creo que un euro son 100 ptas y así me luce el pelo) :-/
    Pensadlo de la siguiente manera, como dice Santiago: Tenemos un entrenamiento previo con una sola moneda que nos indica el valor de los bienes de consumo. Durante el periodo de convivencia de las dos monedas, en vez de aprender a usar los euros nos limitamos a seguir pensando en pesetas, porque esta vieja moneda nos daba toda la información que necesitábamos para nuestras transacciones. Al llegar la "fase de test", o sea, el periodo actual en el que sólo usamos euros, no hemos aprendido a utilizar la vieja moneda. El entrenamiento previo con la peseta lo evitó.

    Buen ejemplo, y posible excusa para mis quebrantos aritméticos al hacer la compra ;-)

    Adolfo dijo...

    Interesantisimo post, cada dia me fascina mas la cientificidad de la psicologia, para mi desde luego su metodologia es superior a la de otras ciencias marcadamente positivistas (ingenierias, etc.). De hecho, creo que los psicologos a dia de hoy somos las personas metodologicamente mejor formadas de todo el espectro universitario, quizas junto a economistas.

    Un saludo.