El terror, la muerte y la política (II): George W. Bush y el 11-S

Blogging on Peer-Reviewed ResearchEn un post anterior os hablé acerca de las conexiones entre el miedo a la muerte y las ideologías políticas, las religiones y otras construcciones culturales. Os expuse brevemente los fundamentos de la TMT ("terror management theory"; "teoría del manejo del miedo") de Solomon, Greenberg y otros autores (e.g.: Ardnt, Greenberg y Cook, 2002). Pero, para mí, lo más interesante de la TMT es su aplicación a realidades políticas y sociales particulares y significativas para nosotros, como por ejemplo nuestras reacciones ante el nuevo terrorismo que nos hizo entrar de golpe en el S. XXI. Landau y sus colaboradores (2004) publicaron un trabajo titulado "Líbranos del mal: los efectos de la saliencia de la mortalidad y los recuerdos del 11-S sobre el apoyo al presidente George W. Bush" ("Deliver us from evil: The effects of mortality salience and reminders of 9/11 on support for President George W. Bush"), y os aseguro que da para pensar mucho. Está visto que la irracionalidad y los instintos juegan un papel (¿demasiado?) vital en la política actual. Y la ciencia lo demuestra.

Os pongo en antecedentes. En las elecciones presidenciales del año 2000 en EEUU, George W. Bush ganó por un exiguo margen, y con el concurso de los tribunales, a su opositor Al Gore (¿recordáis aquel escándalo que hubo con los votos en el estado de Florida?). Digamos que la popularidad del presidente no pasaría de un pírrico 50% en las semanas precedentes al gran atentado. Entonces, el 11 de Septiembre de 2001, todo dio un vuelco. La que se ha considerado mayor potencia mundial (al menos militarmente) fue sacudida con toda su rabia por el terrorismo islamista. Para el 13 de Septiembre, dos días después del atentado, la popularidad del presidente Bush había ascendido a un inaudito 88%-90% (según diferentes encuestas, ved PollingReport.com).
Un cambio tan radical en la actitud de los estadounidenses tuvo que llamar la atención de los psicólogos experimentales, que intentaron darle una explicación desde la TMT. ¿Tendría algo que ver el terror del electorado sobre su apoyo contundente al presidente Bush?
Con alguna reminiscencia psicoanalítica, el argumento de Landau y sus colaboradores es que algunos tipos de líder cuentan con ciertas características que son reconocidas por los individuos desde tiempos inmemoriales por exorcizar los grandes miedos de la condición humana. Así, estos líderes se presentan a los ojos de la sociedad como los héroes invulnerables con poder para destruir o eclipsar a la muerte misma. Antiguamente, este papel podría recaer en guerreros, héroes míticos, chamanes... igual que hoy se deposita en sacerdotes y políticos. Es posible que el electorado estadounidense reconozca en George W. Bush alguno de estos atributos primitivos, dicen Landau y cols., tras analizar sus discursos rebosantes de referencias religiosas, patrióticas y, en suma, más dirigidos a la emoción que a la razón. No se me escapa que otras visiones alternativas son también posibles, y volveré a ello después de explicar los experimentos de los que consta el artículo.

En el primer experimento, la mitad de los participantes fue inducida a pensar en las consecuencias de su propia muerte mediante un cuestionario de dos preguntas (por ejemplo, una de ellas decía: "por favor, describa brevemente las emociones que suscita en usted el pensamiento de su propia muerte"). La otra mitad de los participantes (que hizo de grupo de control) respondió un cuestionario sobre un tema totalmente diferente, la televisión. Después, todos leyeron un artículo muy favorable a la actuación de George W. Bush tras el ataque del 11-S, y a su decisión de invadir Iraq. Como predice el efecto MS (mortality salience; saliencia de la mortalidad) que expliqué en el post anterior, los participantes expuestos a estimulación relacionada con su muerte manifestaron su apoyo a las opiniones de ese artículo sobre el 11-S con mucha más intensidad que los participantes del grupo de control. En otras palabras, el pensamiento en la propia muerte produjo sentimientos de adhesión a la actuación gubernamental.

El segundo y el tercer experimento son a mi juicio más interesantes y más inquietantes, por la lectura política que de ellos se deriva. En el Experimento 2, Landau y cols. emplearon estimulación subliminal, al entender que el proceso que tiene lugar en el MS es irracional y "no accesible" al sujeto, que se comporta como una marioneta de sus propios instintos. Las palabras "911" (con el significado de "11 de septiembre") y "WTC" (con el significado de "World Trade Center", el complejo financiero objetivo de los atentados), así como un tercer estímulo de control (el número "573", que es el código postal de la región donde se llevó a cabo el experimento), fueron presentados en una pantalla de ordenador durante un pequeño intervalo de 28 milisegundos (es decir, subliminalmente). Inmediatamente después, era mostrado un fragmento de palabra que cada participante debía completar para formar una palabra real. De qué letras escoja el participante para completar la palabra se derivan ciertas conclusiones acerca de la MS. Por ejemplo, el fragmento de palabra "COFF_ _" se puede completar con dos letras para formar "COFEE" ("café", una palabra emocionalmente neutra) o "COFFIN" ("ataúd", una palabra relacionada con la muerte). Los experimentadores comprobaron cómo, tras exponerse a un estímulo subliminal relacionado con los atentados del 11-S ("911" y "WTC"), el participante formaba palabras con significados macabros con mayor probabilidad que cuando se le había expuesto a un estímulo subliminal sin relación con la muerte ("573"). La conclusión de los autores es que basta con que un estadounidense medio sea expuesto inconscientemente a estímulos que tengan que ver con los atentados para que los conceptos relacionados con la muerte se vuelvan más accesibles en su pensamiento.


En el tercer experimento, los sujetos fueron expuestos un cuestionario que versaba sobre uno de estos tres contenidos: o bien relacionado con la muerte (MS), o con el 11-S, o con una situación estresante como presentarse a un examen. Después de la estimulación, se comprobó cómo sólo en las dos primeras condiciones se registraba un gran apoyo a la actuación del presidente Bush durante los atentados y la guerra de Iraq. ¿Qué nos dice este estudio? Que no basta con sentir ansiedad para que se incremente la aprobación al presidente, esa ansiedad tiene que estar relacionada con la muerte, bien directamente, como vimos en el Experimento 1, o bien a través del recuerdo de los atentados del 11-S, incluso aunque dicho recuerdo se haya inducido subliminalmente (Experimento 2). En el Experimento 3 se controló además el efecto que podría tener la postura ideológica del participante (liberal vs. conservadora), garantizando que las estimulaciones relacionadas con la muerte y con el terrorismo producen su efecto (MS) aunque el participante se adhiera a una ideología liberal inicialmente opuesta a la política de Bush. Esto significa que hasta los estadounidenses progresistas apoyaron al presidente conservador Bush si previamente les habían recordado el triste episodio del terrorismo islamista. No es una cuestión de ideologías, parecen decir los datos. El miedo es más poderoso.

Hasta aquí, una interpretación alternativa a la de los autores del artículo parece plausible y no deja de dar vueltas en mi cabeza. Quiero decir que tal vez ese aglutinamiento del grupo hacia su líder (George W. Bush) que se ha detectado en estos experimentos no sea debido directamente a las características particulares de este líder en concreto, como dan a entender Landau y cols. También podría ser que la ansiedad por la mortalidad y el terrorismo movilizara al grupo a favor de cualquier persona que esté ejerciendo de líder en ese momento, independientemente de su carácter y su personalidad. Los autores del estudio advirtieron esta crítica y por eso realizaron un último experimento, en el que dos grupos de estudiantes universitarios fueron obligados a pensar en su propia muerte (MS) o bien en un terrible dolor de muelas (grupo de control), y después se compararon sus actitudes hacia George W. Bush y su oponente en las últimas elecciones, John Kerry. Los resultados indican que la exposición a la estimulación relacionada con la muerte no sólo mejoró la actitud hacia Bush, sino que empeoró la actitud hacia Kerry, independientemente de la orientación política del sujeto. Sin embargo, y aun a riesgo de meter la pata por desconocimiento de la situación sociológica norteamericana, me atrevo a afirmar que no me satisface este último experimento. Sencillamente no creo que Bush sea comparable con Kerry en muchos aspectos relevantes, empezando por el hecho de que sólo uno de ellos era el líder de la nación en el momento de los atentados, que se han demostrado muy conectados con las ideaciones de muerte. Por ello, mantengo que aunque el efecto MS puede haberse demostrado, así como su influencia en el cambio de actitud hacia Bush de personas de cualquier ideología después del 11-S, sigue sin demostrarse que las características individuales de George W. Bush, su carisma, su personalidad, su estilo discursivo, tengan algo que ver en ello. Y aunque haya lugar para el análisis, el asunto no se presta a su estudio rigurosamente empírico.

En cualquier caso, los trabajos enmarcados en estas teorías del manejo del terror me producen bastante resquemor cuando se aplican al terreno de la política actual. Porque nos están demostrando (una vez más) que nuestras actitudes no son tan racionales como nosotros solemos creer, que bajo nuestras decisiones políticas hay mucho de instinto biológico incontrolable e inaccesible a nuestra introspección. Sirva de ejemplo adicional este experimento en el que se estudia el atractivo del rostro en el éxito electoral (Little y cols., en prensa). La otra conclusión de los psicólogos sociales es que, lo siento mucho, somos corderitos fácilmente manipulables. Espero que este escrito que estáis leyendo nos sirva para ir tomando conciencia de ello y tomar medidas, si es que eso es posible.

Referencias y bibliografía complementaria

  • Arndt, J., Greenberg, J., & Cook, A. (2002). Mortality salience and the spreading activation of worldwiew-relevant constructs. Exploring the cognitive architecture of terror management. Journal of Experimental Psychology: General, 131, 307-324.
  • Landau, M. J. Solomon, S. Greenberg, J. Cohen, F. Pyszczynski, T. Arndt, J. Miller, C. H. Ogilvie, D. M., & Cook, A. (2004). Deliver Us From Evil: The Effects of Mortality Salience and Reminders of 9/11 on Support for President George W. Bush. Personality And Social Psychology Bulletin, 30, 1136-1150. (PDF).
  • Little, A. C., Burriss, R. P., Jones, B. C., & Roberts, S. C. (en prensa). Facial appearance affects voting decissions. Evolution and Human Behavior. (PDF.)
  • Pyszczynski, T. (2004). What are we so afraid of? A terror management theory perspective on the politics of fear. Social Research.

(Imágenes tomadas de la Wikipedia)

7 comentarios:

Héctor dijo...

Hace un tiempo hubo un político que dijo que si Zapatero no fuese tan guapo, no habría tenido éxito en la política. El caso es algunos se rieron de él. Pero tiene cierto sentido esta afirmación (aunque el artículo que enlazaste al final no se puede ver). No digo que sea cierto lo que dijo, pero sí que es cierto que parece ser que el aspecto físico de los candidatos tiene que ver con el apoyo que reciben. Y no sólo en política. Recordemos uno de los experimentos que hicieron en el programa de ciencia recreativa "clever", que emitían en tele 5. En uno de ellos, se podía comprobar como a una chica bien arreglada con presencia atractiva, la ayudaba mucha más gente. Experimento que volvieron a hacer curiosamente en el programa de entretenimiento "el intermedio" con los mismos resultados.
No era exactamente igual, era una patinadora arreglada como Bea la de la serie, que luego se arreglaba bien para ser más atractiva.
Cuando estaba sin arreglar la gente la decía que no la ayudaba, que era por su bien, que sino no aprendía. Algo bien distinto sucedía cuando la chica tenía una apariencia agradable.

Volviendo al argumento principal...Estoy de acuerdo en el análisis que haces del post Fernando. Eso de las características del líder ancestrales me suena un poco a cuento. El efecto pienso que se puede deber a la postura más agresiva de Bush frente a "las amenazas del país". Si somos vulnerables necesitamos al líder que creemos usará la fuerza. El más eficiente para solucionar el problema y no morir. En fin, sólo es una suposición.
Por cierto, evidencias las de este post, que apoyan teorías de psicología cognitiva, sobre el funcionamiento del pensamiento humano. Precisamente guarda relación indirectamente con el post "neutralizando el homúnculo" y con los de memoria tan interesantes que pones últimamente.

A ver si saco un rato a la noche y me leo todo lo que habéis escrito, que veo que le habéis dado de lo lindo.

Por cierto, me parece muy positivo que pasabaporaquí escriba un post con su punto de vista. Que por cierto, podía ya decir su nombre, o cambiarlo por el de "ya estoy por aquí", jeje.

Saludos

Gilgamesh dijo...

Hola Héctor, bienvenido, espero que hayas pasado unas vacaciones agradables, no como yo :-P
A ver, te comento dos cosillas.

[Héctor]:...El efecto pienso que se puede deber a la postura más agresiva de Bush frente a "las amenazas del país"
[Gilgamesh]: Pues es otra posibilidad y nada desdeñable, pero yo pensaba en otra cosa. Pensaba que simplemente el miedo aglutina al grupo en torno a su líder, independientemente de sus características personales, pero también de si tiene una postura agresiva o enérgica, "de defensa". Piensa que entre tu explicación y la de los autores, lo único que cambia es el tono "misterioso y legendario" de estos últimos. Yo propongo que lo único que cuenta es que Bush era el líder en ese momento de terror, y todos se aglutinaron con el líder, fuera quien fuese e independientemente de su personalidad. Eso explicaría el gran efecto que tiene la MS sobre personas no afines ideológicamente con el líder: "no estoy de acuerdo contigo en la economía, pero ahora tenemos que estar juntos y lo único que nos une en el terror es la bandera y el presidente". El líder es un símbolo de la unión entre todos.
Por supuesto, ninguna de estas opciones fácilmente demostrable de manera experimental, no digamos ya su aplicación a personajes concretos como George Bush, a menos que tuviéramos una máquina del tiempo ;-)

[H]: Por cierto, me parece muy positivo que pasabaporaquí escriba un post con su punto de vista. Que por cierto, podía ya decir su nombre, o cambiarlo por el de "ya estoy por aquí", jeje.
[G]: Sí, estaría muy bien que PPA sacara un ratillo para currase un post sobre ese tema, a mí me está gustando lo que leo y PPA tiene un estilo muy fácil de entender.
Efectivamente, PPA debería cambiarse ese nombre, me gustaría que lo hiciera para indicar que su presencia no es provisional sino definitiva :-D ¿Qué tal "mequedoaquí"?

¡Un saludo!

Héctor dijo...

Muy interesante el post. Sí, ya vuelvo con fuerzas. Más que nada las vacaciones son que he estado currando estas navidades. Vacaciones un poco del tema de la blogosfera :)
Un post muy interesante este último. Por cierto, ya os he respondido a todo lo que habéis puesto en el homúnculo. Me ha costado más de un hora leérmelo y responder a todo.
Por cierto, ¿quieres conservar tu libro de dawkins? Estoy pensando en comprármelo.

Saludos

Viper dijo...

Acojonante artículo Gilgamesh. Felicidades. La verdad es que me has despertado el "gusanillo" por el tema.
Ya te iré comentando.
Te leo. Un abrazo

pasabaporaqui dijo...

Muy interesante artículo, yo creo que todos nos imaginábamos que algo parecido podía estar pasando, y la verdad es que da miedo.

No he podido resistirme (ni tampoco lo he intentado, para ser sincero :-) a responder a un comentario de Héctor:

(H)
Por cierto, evidencias las de este post, que apoyan teorías de psicología cognitiva, sobre el funcionamiento del pensamiento humano. Precisamente guarda relación indirectamente con el post "neutralizando el homúnculo"

Tal como yo lo veo no hay nada cognitivo en el diseño de la investigación, si analizamos los experimentos 1 y 2 (el 3 es de control)

Exp 1

VI: los participantes fueron inducidos a pensar en las consecuencias de su propia muerte mediante un cuestionario
VD: los participantes expuestos a estimulación relacionada con su muerte manifestaron su apoyo a un artículo favorable a Bush más que los control

Exp 2

VI: los estímulos “911” y “WTC” presentados durante 28 milisegundos
VD: los participantes completaron palabras ambiguas con un sentido macabro más que en el grupo control

Todas las VI y VD son perfectamente conductuales (si, incluido “pensar” :-P)

Otra cosa son las películas que nos queramos montar a partir de ahí. Sólo desde un punto de vista metodológico, afirmar que las conclusiones dicen algo sobre “las características del líder” cuando no se manipulan experimentalmente (ni de ninguna otra manera) me parece un exceso.

Por lo demás, también hay que tener en cuenta que un estudio como este, aislado y sin ser estrictamente experimental (ej, no se valoran más líderes y sus características no son asignadas por el experimentador) “funciona” porque no lo entendemos en el vacío, sino con un amplio conjunto de hipótesis auxiliares. (Ej. Sabemos cómo funciona la Psicología de los grupos, y en particular los procesos de cohesión de grupal; sabemos que la estimulación del cuestionario aumenta la probabilidad de respuestas privadas (verbales o no) relacionadas con la muerte y sus emociones correspondientes; sabemos que las palabras “911” han sido asociadas en la historia previa de los sujetos con una serie de estímulos increíblemente salientes, etc., etc.)

Todo esto “encaja” en lo que implícita o explícitamente sabemos sobre Psicología, y por eso entendemos el proceso.

Por otra parte, es una línea interesante que pide a gritos un análisis más molecular, por ejemplo, de las variables implicadas en las reacciones del grupo ante el líder, es decir, profundizar un poco más en todo lo que he llamado “hipótesis auxiliares”, aunque seguramente lo habrán hecho o lo harán en breve.

Y un comentario final... ya me gustaría cambiarme el nombre y ponerme “vivoaqui” o algo de eso (ya os arrepentiréis de tratarme tan bien), pero hace como 20 minutos que se me han acabado oficialmente las vacaciones :-( así que intentaré pasar por aquí cuando pueda, pero casi seguro que es menos.

Saludos!

Anónimo dijo...

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