El spray nasal anti-timidez

Con lo mal que lo pasamos algunos a causa de nuestra timidez, sobre todo en situaciones de interacción social, y al final va a resultar que la solución no está tanto en echarle narices, sino en echarse algo por la nariz. :-P
Superada la reacción de asombro ante mi anterior juego de palabras repleto de interpretaciones equívocas y sin pizca de gracia, aclaro que todo viene a cuento de un inventito de la división de Neurociencias de la Universidad de Zúrich. El spray nasal contiene una versión sintética de la oxitocina, la "hormona del amor", que interviene en el enamoramiento, el orgasmo, el parto y la lactancia. Muy tierna ella, vamos.
Los científicos de Zurich han comprobado cómo los voluntarios que se prestaron a la prueba se sentían mucho más confiados y seguros después de haberse administrado el spray. Las relaciones sociales con otras personas también se vieron notablemente mejoradas y fueron más satisfactorias. Tan sencillo como inhalar el medicamento.
Ahora falta que lo pongan a la venta.



Me entero de la noticia vía Maikelnai's blog

El sexo vende. ¿Seguro?

Blogging on Peer-Reviewed ResearchRompo por unos momentos mi concentración bajo el inclemente sol del sur para traeros otro articulillo, que ya era hora.

Ya era hora también de hablar de sexo, que mira que llevamos posts y no hemos dicho ni palabra. Leyendo el Psyblog, que no visitaba desde hacía tiempo, me he enterado de una investigación, no sé si realmente novedosa, que puede gustar a varios de nuestros lectores interesados en la publicidad y el marketing. ¿A que siempre habíamos creído que el sexo vende? Estás tan feliz viendo una película en tu casa, y en cuanto llegan esos interminables cortes publicitarios asistes a todo un despliegue de imágenes y sonidos de picantón contenido, a veces con un nivel de detalle sorprendente. Nunca habría imaginado que para venderme una cerveza tuvieran que ponerme una jovencita enseñando carne, por ejemplo, aunque es cierto que no me apresuraré a quejarme, ejem :-P
Pero no hay que olvidar que este tipo de prácticas publicitarias aparece siempre envuelta en la polémica, especialmente en la sociedad estadounidense, por mucho que algunos ya estemos acostumbrados y lo veamos natural si se respetan ciertos límites (como siempre, la palabra respeto es la clave).
La explicación habitual de los publicistas y entendidos en el asunto es que cualquier contenido sexual tiene la capacidad de atraer la atención del espectador facilitando, en último término, la venta del producto al que va asociado. Pero, ¿estamos ante una afirmación comprobada científicamente, o se trata sólo de una media verdad asumida popularmente?
Los investigadores Parker y Furnham (en prensa) se han propuesto testar la veracidad de esta creencia tan extendida. El diseño del experimento es sencillo, con cuatro condiciones:

Condición 1: Los participantes ven un episodio de una serie con contenido sexual (Sexo en NY, ya temblaba al pensar qué entenderían los estadounidenses por “contenido sexual”), en el que se insertan cortes publicitarios también de alto contenido sexual.
Condición 2: Los participantes ven un episodio de la misma serie con contenido sexual, pero en el que se insertan cortes publicitarios de bajo contenido sexual.
Condición 3: Esta vez el episodio que ven los participantes es de una serie sin contenido sexual (Malcolm, una comedia para todos los públicos), en el que se insertan anuncios de contenido altamente sexual.
Condición 4: Por último, estos participantes ven un mismo episodio de la misma serie sin contenido sexual, y unos cortes publicitarios de bajo contenido sexual.

Todo el juego consiste en ver cuándo se recuerdan mejor los anuncios, para comprobar si, efectivamente, el sexo ayuda a vender los productos a los que se asocia. Como detectaron los autores del estudio, en principio el contenido sexual de los anuncios no afecta a su facilidad de recuerdo. Por otro lado, y esto sí es interesante, la serie de contenido sexual producía un empeoramiento del recuerdo de cualquier anuncio que llevase insertado.
Ante este resultado se me ocurren varias explicaciones insatisfactorias, como por ejemplo que el contenido excitante del episodio atraiga la atención y la desvíe de la publicidad. Pero sin leer el paper (que no lo he leído) no me atrevo a hablar más.
Después de este estudio, creo que el caché de ciertas series televisivas va a experimentar algún cambio a la hora de contratar el espacio publicitario, ;-)

Referencias:
  • Parker, E., & Furnham, A. (in press). Does sex sell? The effect of sexual programme content on the recall of sexual and nonsexual advertisements. Applied Cognitive Psychology.
    La fuente inspiradora de este post la tenéis en Psyblog:
  • A Málaga me voy

    El lunes mismo tomo el avión, caramba.
    Que conste que no me voy de vacaciones como podría pensar algún maligno, sino a hacer una estancia en la Universidad de Málaga, junto con los doctores Fco. José López y Pedro Cobos, y espero que sea productiva, aunque eso va a depender principalmente de mí. También estarán por allí nuestro amigo David Luque, a quien aprovecho para enviar un saludo ahora, y otros investigadores de no menor valía (¡toma ya!).
    Es la primera vez que planeo una estancia para investigar fuera de casa. Pimpollo soy, pues, aunque supongo que a todos nos toca más pronto que tarde, y hay que aprovechar estas oportunidades mientras uno todavía es joven y se puede comer el mundo, que dirían los WASP.
    Desde luego, no me voy precisamente lejos ni por mucho tiempo (solamente el mes de julio, me dará tiempo a poca cosa). Puestos a salir fuera, Málaga era una opción cercana y poco amenazante, un buen primer paso para probar cómo van las cosas sin perder la confianza.
    Además creo que la colaboración con el equipo de Málaga puede tener sus frutos pronto. Es también una oportunidad para ver cómo se hacen las cosas en otro sitio, con otros enfoques teóricos... Pensad que no he salido de mi pequeño laboratorio desde 4º de carrera o por ahí. Y aunque estoy contento con mi actual equipo (que no deja de renovarse), yo soy una especie de paleto, de Paco Martínez-Soria de la Psicología Experimental :-S Me falta mundo.

    Por todas estas razones estoy contento estos días, y expectante. Creo que me va a gustar la experiencia.

    Ah, espero poder actualizar la página durante este mes, aunque de todas formas tengo un par de posts en la recámara preparados para ser subidos próximamente. Con ello quiero decir que no se me despisten, ¿de acuerdo?

    Y como colofón, sólo me queda decir:

    Que bonitos ojos tienes
    Debajo de esas dos cejas
    Debajo de esas dos cejas
    Que bonitos ojos tienes

    Ellos me quieren mirar
    Pero si tu no los dejas
    Pero si tu no los dejas
    Ni siquiera parpadear

    Malagueña salerosa
    Besar tus labios quisiera
    Besar tus labios quisiera
    Malagueña salerosa
    Y decirte niña hermosa

    Que eres lin........da y hechicera,
    Que eres linda y hechicera
    Como el candor de una rosa

    Si por pobre me desprecias
    Yo te concedo razón
    Yo te concedo razón
    Si por pobre me desprecias

    Yo no te ofrezco riquezas
    Te ofrezco mi corazón
    Te ofrezco mi corazón
    A cambio de mi pobreza

    Malagueña salerosa
    Besar tus labios quisiera
    Besar tus labios quisiera
    Malagueña salerosa
    Y decirte niña hermosa

    Que eres lin........da y hechicera,
    Que eres linda y hechicera
    Como el candor de una rosa
    Y decirte niña hermosa

    (Chingón: Malagueña Salerosa)

    Nos vemos.

    Sobre retornos e investigaciones extrañas

    Primero, una aclaración de índole personal: Efectivamente, sigo vivo. Me han estado ocurriendo muchas cosas últimamente, algunas buenas y otras no tanto. Además he tenido continuos problemas con mis ordenadores. Todavía me queda por pegarle una formateada al que uso en casa.
    Siento mucho no haber podido actualizar en todo este tiempo. Y de momento me temo que las contribuciones van a ser algo más breves de lo acostumbrado y también menos elaboradas. Eso sí, intentaré ir recuperando el ritmo cuanto antes.


    Al grano. Está claro que hay investigaciones científicas con más utilidad que otras. La utilidad práctica o la facilidad de aplicación de un descubrimiento científico no siempre es lo que determina su importancia. Yo mismo soy un defensor a ultranza de la ciencia básica, del conocimiento independiente de su uso práctico aplicado por los seres humanos. Como dijo el físico Richard Feynman*:
    “La Ciencia, como el sexo, tiene potenciales consecuencias prácticas. Pero no es por eso por lo que lo hacemos”.
    Y me adhiero a esta máxima con convicción. Una actitud que, a veces, no es comprendida por la mayoría de las personas, que sólo abordan la cuestión desde un punto de vista práctico. Lo cual a mí me parece una pena.

    Pero también hay quien va un paso más allá y nos sorprende con investigaciones cuyo planteamiento aparente que sólo podemos calificar de delirantes. Deberíais pasar por este enlace de Wikipedia que recopila los más sonados triunfadores en los famosos premios Ig Nobel. Se trata de un galardón que premia a las investigaciones en un principio ridículas o incluso surrealistas, o sin ninguna utilidad ni teórica ni aplicada. Estudios que, en definitiva, nos sorprenden y nos provocan una carcajada.

    En la Psicología, un poco marginadilla en el ámbito científico, tampoco nos libramos de nuestra cuota de investigaciones extrañas, sorprendentes, e inverosímiles. Es más, opino que quien estudia el comportamiento de una persona tiene un campo abonado para este tipo de ideas bizarras, comparado con el geólogo que estudia un pedrusco encima de una mesa del laboratorio.
    Me asusto bastante, por ejemplo, cuando leo el título de la investigación premiada en 1993:
    John Mack, de la Harvard Medical School, y David Jacobs, de Temple University, visionarios mentales, "por su impresionante resultado de que la gente que cree haber sido secuestrada por los extraterrestres, probablemente lo fue, y especialmente por su importante conclusión: el motivo de las abducciones es la producción de niños".
    Tiemblo.

    Habrá quien se escandalice al saber que proyectos como estos son financiados, y con mucho dinero. Yo hago otra lectura. También estas investigaciones “extrañas” y sorprendentes nos pueden hacer pensar, como dice el mencionado enlace de Wikipedia. Vamos a hablarlo a continuación, a ver si os convenzo.
    Podemos ver, por ejemplo, a los japoneses Watanabe et al., que enseñaron a unas palomas a diferenciar cuadros de Picasso de cuadros de Monet. ¡Ya es más de lo que pueden decir algunas personas! Cualquiera diría que es un empeño bastante idiota el de estos señores. Sin embargo, yo lo veo de otro modo: el entrenamiento en discriminación acaba dotando a las palomas de algo que podríamos llamar conceptos. Pensadlo bien: le enseñamos a la paloma un cuadro de Picasso que no ha visto anteriormente. Entonces ella clasifica el estímulo en una categoría. No es lo mismo un “cuadro-de-Picasso” que un “No-cuadro-de-Picasso”. Y lo que nos parecía una tontería acaba poniéndose interesante.

    Pues esa era mi reflexión. Ahora vuelvo al curro. Hasta pronto.

    PD: En otro post os cuento más investigaciones bizarras en el mundo de la psicología, que las hay a montones.

    *Editado el 4 de Junio: Corrijo, a sugerencia de Oskar Pineño, la atribución de la mencionada cita. Parece que fue ocurrencia del físico Richard Feynman, y no del biólogo D. T. Armstrong.

    Sobre ensuciarse las manos y curar la depresión

    Retomo la redacción de articulillos después de este largo paréntesis de inactividad, ejem. Y lo hago con una noticia un poco atrasada pero creo que interesante. ...De cómo una bacteria insignificante puede ayudarnos a superar una depresión.

    Muchas veces hemos oído o repetido eso de que “la mente domina el cuerpo”. Si me tengo que poner un poco riguroso, diría que no veo tan clara la verdad de esa afirmación. Para empezar, me echa un poco para atrás la mera distinción entre mente y cuerpo, tal vez popularizada con esa, por lo demás afortunada, metáfora del hardware y el software. Pero en cualquier caso, me parecería más plausible que fuera el cuerpo el que dominase la mente, más que al revés. Por eso no me sorprendo cuando problemas de índole aparentemente mental (espiritual, dirían algunos) parecen encontrar un alivio evidente mediante cambios orgánicos, químicos. La depresión es uno de esos casos en los que la conexión entre los sentimientos, el mundo “mental”, y el cuerpo orgánico se hace más evidente. Por eso me interesa tanto. Al fin y al cabo, y aun a riesgo de que algunos me acusen de exagerar, ¿qué proceso es más nítidamente “corporal” que una emoción?

    Al grano. Sabemos que la depresión, patología considerada como del ámbito “mental”, está muy relacionada con aspectos químicos y anatómicos del cerebro. Por ejemplo, se ha comprobado que los niveles de serotonina tienen un papel crucial en la enfermedad. La modificación artificial de estos niveles puede producir los cambios previstos en el estado de ánimo: pesimista y negativo cuando este neurotransmisor escasea, más optimista cuando se eleva su cantidad. Hay incluso cierta evidencia a favor de que la propia depresión esté provocada por un déficit de serotonina.
    Pues bien. Unos investigadores de la Universidad de Bristol y del London University College descubrieron que unos pacientes tratados con una bacteria común (Mycobacterium vaccae) experimentaron una mejora en su calidad de vida. Es un tipo de microorganismo inocuo, presente en la tierra y en la suciedad. Uno con el que solemos tener contacto cuando paseamos por el campo o nos sentamos en el suelo, pero que nuestras modernas medidas de higiene suelen mantener a raya.
    C. Lowry, autor del trabajo, supone que la bacteria provoca la activación de un grupo neuronal que es el productor de serotonina. Por supuesto, si se investiga el mecanismo por el que esto sucede, será posible fabricar algún medicamento que produzca el mismo efecto que la infección bacteriana sobre las células productoras de la serotonina. Aun así, está bien reparar de vez en cuando en que los efectos de una infección bacteriana no tienen por qué ser totalmente negativos.
    Inevitablemente, me acuerdo de lo que muchas veces nos han contado los expertos en infecciones humanas sobre nuestra creciente vulnerabilidad a ciertos patógenos comunes. El argumento es el siguiente: nuestros cuidados hábitos de higiene, si bien nos protegen frente a algunas amenazas, nos sensibilizan frente a otras muchas. La gente que vive en el campo toma contacto con cientos de microorganismos distintos y su maquinaria inmunológica está bien entrenada. Una segunda consecuencia de los hábitos higiénicos modernos que podríamos añadir ahora a este relato es que nuestros cuidados nos mantienen alejados de algunos microorganismos cuyo efecto podría ser benéfico.
    Desde luego, no voy a sugeriros que, si un día os sentís apenados, os tiréis al suelo a jugar con el barro. El caso es que, pensándolo bien, hay cierta probabilidad de que esta actividad tan infantil y despreocupada os levante el ánimo, si la practicáis el tiempo suficiente. Esté la bacteria de por medio o no. :-)

    Más información en http://www.eurekalert.org/pub_releases/2007-04/uob-gdm033007.php

    La disonancia cognitiva, o cómo el ser humano se convierte en esclavo de sí mismo

    Artículo del Dr. Miguel Ángel Vadillo, escrito para la antigua Psicoteca en 2004.

    Es más que probable que usted esté familiarizado con la siguiente situación: está charlando tranquilamente con sus amigos y de repente unos comentarios sobre política hacen que el ambiente empiece a cargarse. Pronto comienza una discusión en la que cada uno defiende a un determinado partido, exponiendo a los demás sus razones. Todos conocemos más o menos cómo terminan estas cosas: al final de la discusión nadie ha logrado su objetivo, convencer a los demás. Lo más triste es que uno no puede evitar tener la sensación de que los argumentos expuestos por cada bando sólo trataban de convencer a sus propios partidarios. O al menos así lo parece.

    En estas situaciones siempre da la impresión de que, en realidad, no defendemos cierta postura por una serie de razones (las que ofrecemos a los demás), sino que damos esas razones porque defendemos cierta postura. Dicho de otra forma, no nos molestamos en pensar lo que hacemos, pero sí que nos molestamos en pensar cómo vamos a justificar (ante los demás y ante nosotros mismos) lo que hemos hecho.

    Y es que el ser humano tal vez no sea un animal muy racional, pero de lo que no hay duda es de que es un animal un poco obsesionado por la coherencia. Y también por la apariencia. Una vez tomada una decisión, nos cuesta reconocer que tal vez nos hayamos equivocado. Nos resulta más fácil ponernos a defender la alternativa elegida con uñas y dientes, porque así podemos percibirnos a nosotros mismos como personas coherentes, y porque, además, defendiendo nuestra elección, nos convencemos de que hemos elegido bien (si no ¿por qué iba a haber tantas razones para actuar como hemos actuado?), de que somos personas sabias, con convicciones sólidas... y un largo etcétera. Siempre tratando de quedar bien con los demás y de ser capaces de dormir con la conciencia tranquila.

    Este tipo de fenómenos han sido bien estudiados por los psicólogos y cuentan desde hace tiempo con explicaciones interesantes, como la teoría de la disonancia cognitiva de Leon Festinger. Según este autor, las personas nos sentimos incómodas cuando mantenemos simultáneamente creencias contradictorias o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos. Por ejemplo, si normalmente votamos al partido A pero resulta que nos gusta más el programa electoral del partido B, es posible que sintamos que algo no marcha bien en nosotros. Según la teoría de la disonancia cognitiva, las personas que se ven en esta situación se ven obligadas a tomar algún tipo de medida que ayude a resolver la discrepancia entre esas creencias o conductas contradictorias. En el ejemplo del partido político, podemos optar por cambiar nuestro voto en las próximas elecciones, o bien podemos dar menos valor a los contenidos del programa del partido B (por ejemplo, recordando que en realidad pocos partidos cumplen con todo lo que prometen en sus programas).

    De la misma forma, cuando en una discusión una persona deja clara su postura, a continuación se ve obligado a dar argumentos a favor de la misma. Si no lo hiciera, se vería obligado a reconocer que la alternativa contraria también es válida, lo que entraría en contradicción con sus creencias previas, o tendría que admitir que en realidad no tiene ninguna razón para sostener tal postura, lo que entraría en contradicción con una creencia aún más importante: "soy una persona inteligente y con fundamento".

    La teoría de la disonancia cognitiva es una hipótesis sugerente que nos permite entender de forma sencilla muchas de las aparentes paradojas y sinrazones del comportamiento humano, algunas de las cuales (como las anteriores) se muestran en cada detalle de nuestra vida cotidiana. Y, frente a otras explicaciones muy atractivas pero poco rigurosas de la interacción social, cuenta con la ventaja de estar respaldada por numerosos experimentos.

    Al famoso científico cognitivo Michael Gazzaniga le debemos algunos de los más interesantes. Este investigador se preocupó por estudiar los efectos que una intervención quirúrgica, la comisurectomía, podía tener sobre los pacientes en los que se realizaba. La operación se lleva a cabo en casos excepcionalmente graves de epilepsia y consiste en seccionar el cuerpo calloso, un haz de fibras que conecta los dos hemisferios cerebrales, de modo que los ataques epilépticos no puedan pasar de un hemisferio a otro. Contrariamente a lo que cabría esperar, los pacientes sometidos a esta intervención llevan una vida completamente normal y en raras ocasiones es posible percibir efecto negativo alguno de la operación. Michael Gazzaniga trató de encontrar una situación en la que se pudieran observar los efectos secundarios de esta intervención.

    En un experimento famoso, Gazzaniga expuso a varios de estos pacientes a una situación en la que a cada hemisferio cerebral se le presentaba una imagen distinta. Por ejemplo, al hemisferio izquierdo se le presentaba la imagen de una pata de pollo y al hemisferio derecho se le presente un paisaje con nieve. Como en estos pacientes el cuerpo calloso estaba seccionado, la información no podía pasar de un hemisferio al otro. Esto implicaba que el hemisferio izquierdo sólo "veía" la pata de pollo y el hemisferio derecho sólo "veía" el paisaje con nieve. Después de ver estás imágenes, los participantes tenían que elegir entre otros dos dibujos aquél que tuviera alguna relación con lo que acababan de ver. Por ejemplo, se les daba a elegir entre el dibujo de una gallina y el dibujo de una pala para quitar nieve. En esta ocasión la respuesta correcta dependía por supuesto del hemisferio del que se tratase. Si era el hemisferio izquierdo el que hacía la elección, entonces la respuesta correcta era la gallina; pero si elegía el hemisferio derecho, entonces la respuesta correcta era la pala.

    Una paciente que participaba en este experimento eligió la pala con la mano izquierda y la gallina con la mano derecha. Obviamente, lo que había pasado es que cada hemisferio había elegido y ejecutado la respuesta correcta. Lo interesante sucedió cuando a la paciente se le preguntó por su elección. La respuesta la tuvo que elaborar su hemisferio izquierdo, que es el que se encarga del lenguaje. Pero, como este hemisferio no tenía acceso a toda la información necesaria para dar una explicación (en concreto, este hemisferio no tenía constancia de que se hubiera presentado la escena con nieve), se inventó una explicación de lo más particular: "Muy fácil. La pata de pollo corresponde a la gallina y necesito una pala para limpiar el gallinero".

    Tal vez esta sea la muestra más clara de hasta qué punto las personas necesitamos ser congruentes con nosotras mismas y justificar nuestras acciones incluso cuando las hemos realizado sin razón alguna o cuando desconocemos los motivos. Lo peor es que esta tendencia a dar explicaciones de lo que hacemos acaba convirtiéndonos en esclavos de lo que ya hemos hecho, de unas elecciones que, de haberlo pensado, tal vez no hubiésemos realizado. Una vez elegida la pala, preferimos ponernos a limpiar el gallinero antes que reconocer que no sabemos por qué la elegimos. Y dado que, ya sea por ser impulsivos o por no pararnos a pensar lo suficiente, rara vez sabemos por qué hacemos las cosas, gran parte de nuestra vida se convierte en una actuación para nosotros mismos.


    Lecturas recomendadas


    Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Evanston, IL: Row and Peterson.

    Gazzaniga, M. S. (1985). The social brain. Nueva York: Basic Books. [Traducción castellana: El cerebro social, Alianza, Madrid, 1993.]

    Hollywood y la gran propaganda

    Ya sabéis que Héctor Mediavilla, colaborador habitual de este sitio, es aficionado a la psicología del márketing. Hoy nos propone pensar sobre lo que ha significado el gran éxito de las películas norteamericanas. ¿Éxito "inocente y espontáneo", o cuidadosamente preparado desde las altas instancias? Vamos a ver qué nos cuenta:

    La mayoría de los que estamos posteando por aquí, posiblemente hemos crecido viendo películas en su mayoría de procedencia americana. El cine de Hollywood ha entrado en nuestras vidas desde muy niños. ¿Quién no ha soñado alguna vez con estar en California o conocer New York?
    Lo cierto es que el cine además de ser un buen entretenimiento (uno de mis favoritos) puede ser una buena herramienta para hacer propaganda. Sí, eso es, propaganda de un producto…o de un país.
    Ante la mayoría de la publicidad, al identificarla como tal estamos más avisados de la intencionalidad del emisor: cambiar nuestra forma de pensar para que compremos…o hagamos…
    Sin embargo la mayoría de nosotros no estamos tan alerta con el cine…y mucho menos un niño. Los padres y la familia son grandes pilares en la educación. Hoy en día los medios posiblemente también. ¿O no nos hemos criado desde pequeños viendo cine americano?
    Una de las mejores formas de hacer propaganda puede ser mediante el uso de medios que habitualmente no se usan para este fin. De hecho hace poco se lo oí decir a un profesor de publicidad. Y el cine por sus características de difusión puede ser posiblemente uno de los mejores.
    La pregunta que todos nos hacemos: ¿es el cine americano una forma de propaganda del país? En concreto si hablamos de las películas militares, puede que sí sea así. En este caso sí que se puede hablar de propaganda real.
    Para hacer un film sobre guerra, uno necesita muchos medios, como tanques, aviones… Una película así saldría muy cara, a no ser que…que el ejército te deje todos esos medios. ¿Y a cambio de qué, le deja a Hollywood el ejército todos esos medios? A cambio de meter mano al guión. ¿Para qué? Para hacer propaganda del ejército de EEUU, en su propio país y en todo el mundo. Para dar una determinada imagen del ejército. Una imagen en la que los soldados son hombres valientes, héroes. Los compañeros de pelotón son como hermanos y se ayudan unos a otros. El ejército EEUU gana siempre y nadie puede con ellos y su tecnología es superior. Por supuesto ellos son los buenos y defienden grandes valores.
    Esa es la imagen que han estado vendiendo todos estos años a través del cine.
    No todas las películas militares están condicionadas por el ejército. Por ejemplo salvad al soldado Ryan dicen que no tiene la mano del pentágono detrás. De hecho es una película que muestra la guerra tal y como es, la cruda realidad. Una peli así no es favorable para el alistamiento dentro de EEUU. Y este es uno de los objetivos del ejército.
    ¿El resto de la industria del cine tendrá también intención de propaganda? Que cada uno saque sus conclusiones. No deja de llamar la atención el uso repetido de símbolos que se usan en el cine americano como la bandera, la estatua de la libertad, la casa blanca…

    Artículo de Héctor Mediavilla