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El experimento de Skinner sobre superstición en palomas: una explicación alternativa

Es enormemente conocido el experimento de Skinner sobre “superstición” en palomas. Éste consistía en la presentación, cada 12-15 segundos, de una dosis de comida independientemente de la conducta de los animales. Skinner observó que, tras cierto número de ensayos, las palomas mostraban una serie de conductas repetitivas, que él atribuyó al desarrollo de una superstición. Es decir, la comida habría reforzado alguna conducta emitida aleatoriamente por la paloma en algún momento, de manera que la paloma habría “aprendido” que dicha conducta era la causante del suministro de comida. O, expresado de un modo empírico a la manera de Skinner, debido al emparejamiento entre una respuesta aleatoria y el suministro de comida, se habría incrementado la probabilidad de aparición de dicha respuesta. Este mecanismo fue el origen de un modelo sobre la conducta supersticiosa en seres humanos, y este experimento fue replicado otras veces con sujetos humanos.

Las urracas se miran en el espejo


La urraca, cuyo curioso nombre científico es Pica pica, es un ave de la familia de los Córvidos, siendo una de las más comunes en toda Europa, aunque también podemos encontrarla en Asia, el Norte de África y la Costa Oeste de Norteamérica. La subespecie que habita en la Península Ibérica es la Pica pica mauritanica.
Esta amplia distribución se debe en parte a su poca especialización alimenticia y su dieta omnívora basada en insectos (larvas y adultos de Coleóptera y Lepidóptera), pequeños mamíferos y roedores, lombrices de tierra (Lumbricus sp.), frutos y semillas, ya sean cultivados o silvestres (cereales, leguminosas, frutos secos, bayas, manzanas e higos), carroña, restos de alimentos en los desechos humanos, huevos, polluelos… y cualquier cosa que logren encontrar. No tienen muchos remilgos. Algunas de las costumbres alimenticias de la urraca, especialmente robar en los nidos de otras aves, incluyendo los de perdices, la hacen altamente impopular entre los cazadores haciendo que sea fuertemente perseguida en muchas zonas cinegéticas.

Un ratón corriendo sobre otro ratón

El estudio de las capacidades de orientación espacial y de navegación en animales es todo un clásico de la psicología, especialmente en el campo de la psicología del aprendizaje. En general, nos interesa averiguar cómo los animales (incluidas las personas) aprenden a orientarse en el espacio, ya que en principio podrían existir muchas formas de hacerlo. Por ejemplo, ¿tal vez guardamos una especie de "mapa" mental del escenario en nuestra cabeza? ¿O seguimos alguna pauta mecánica para dar con lo que buscamos? ¿Quizá sólo recordamos posiciones relativas a algunos puntos de referencia (como por ejemplo una tienda, una torre...)?

Con el objetivo de comprender este fenómeno, los psicólogos han inventado diversos tipos de "laberintos" (algunos se parecen realmente a laberintos tradicionales, y otros no tanto). Estos laberintos han servido de escenario para las alocadas carreras de distintos animales, pero especialmente los ratones y ratas (por sus características, son las especies más apropiadas para el estudio del aprendizaje espacial). A continuación voy a haceros un breve repaso por los tipos de laberinto más comunes o más curiosos, incluyendo uno, el último de todos, que he conocido muy recientemente y que da título al post.

Feromonas en el ser humano

Hace tiempo que el estudio de la conducta sexual humana suscitó en mí la curiosidad de saber si ésta, así como otros comportamientos, estarán en parte influidos por la existencia de ciertas sustancias llamadas feromonas. No existe demasiada investigación sobre el tema en animales humanos, y buena parte de ella ha sido realizada por laboratorios que se dedican a comercializar estas sustancias, lo cual explica la baja calidad de los estudios y los intentos clamorosamente intencionados por hallar evidencia confirmatoria. Una revisión completa sobre el tema la ofrece, por ejemplo, Hays (2003). A pesar de la escasa evidencia, sin duda la que hay puede ayudar a reflexionar acerca de más de un mito sobre estas famosas sustancias.

Experiencias perrunas

Hace tiempo podíamos leer por aquí unas líneas sobre el aprendizaje operante. El perro que aparece en la foto se llama “Golfo”, y para mí es sin duda “el mejor perro del mundo”. Ahora ya está más grandecito, pero os dejo un vídeo corto de cuando era casi recién nacido.

Mitos y memoria de los peces

Suele decirse que los peces sólo tienen 3 segundos de memoria. Un experimento casero muy interesante sobre el tema, que por lo visto han debido de hacer un grupo de estudiantes de un instituto como trabajo, bajo la tutela de su profesor. Los peces negros ya habían aprendido el camino hacia la comida antes de la prueba...



Vía Ciencia en el XXI.

Kea: ni pluma de tonto

¿Qué es un kea? La respuesta corta sería la de que es un pájaro muy listo, con una pinta como esta…


Pero vamos a intentar decir algo más de este ave tan peculiar, que seguro será de gran interés para cualquiera que le gusten los pájaros, y sobre todo para cualquiera que le llame la atención lo listos que pueden ser a veces muchos animales.

El kea es un curioso papagayo que habita en las montañas y bosques de las islas del Sur de Nueva Zelanda, de hecho es una especie edémica del lugar adaptada a la vida de alta montaña. Pertenece a la familia de los Psitácidos al igual que el resto de papagayos, loros, cotorras, periquitos, agapornis... y su nombre científico es Nestor notabilis. Su nombre vulgar, kea, en maorí, parece ser una onomatopeya del chillido que emite y su epíteto específico notabilis, hace referencia a que es un ave "digno de mención". El género Nestor está formado por dos representantes vivos y otros dos extintos. La otra especie viva es Nestor meridionalis, conocido por el nombre de kaka, que significa loro en maorí.
El kea es un ave de un tamaño aproximado entre 43 y 50 cm y un peso entre 900 gramos y 1,2 kilogramos. Tiene unas plumas con una coloración verde oliva, con iridiscencias escarlata, y un gran pico curvo.
Su dieta es omnívora y consiste principalmente en raíces, bayas, insectos, néctar e incluso carroña. También hay citas de ataques al ganado ovino, lo que hizo que fuese perseguido por los habitantes de la zona. Su estado de conservación según la UICN es vulnerable en la actualidad, aunque su número se vio disminuido drásticamente, hace algún tiempo, por las muertes que sufrieron a cargo de los granjeros.
A menudo se considera que es un ave bastante impertinente puesto que su notorio afán de explorar y manipular, hace de ellos un atractivo para los turistas, por lo que lo llaman "el payaso de las montañas", y no se corta un pelo (una pluma) a la hora de investigar mochilas, ropa, botas,... para terminar llevándose cosas pequeñas o de acercarse a los coches y picotear la goma y partes metálicas de estos.
Pero si algo nos interesa a nosotros de este peculiar ave es su capacidad para aprender, y es que parece que son muy inteligentes. Podemos encontrar un resumen de una investigación sobre el aprendizaje por observación en la resolución de problemas en keas aquí. Aunque parece ser que dichas habilidades de estos pájaros en el laboratorio podrían no ser usadas por estos animales en su entorno natural, tal y como sugiere este otro artículo que podemos leer completo aquí. En cualquier caso parece que estos pájaros son capaces de aprender de este modo, y no es lo único que pueden hacer. Podemos encontrar otro resumen de un estudio sobre resolución de problemas en estos animales aquí, en el que se habla sobre la habilidad que tienen para resolver algunas tareas. Pero para los que no tengan ganas de leer mucho, un vídeo estupendo sobre los keas, donde nos comentan de forma muy amena y divertida, todas estas cosas y algunas más.




Artículo escrito por Héctor y Carlos.

Fuentes
Zoo.org
Birdlife.org
Wikipedia
Conservación del Kea
Más sobre el Kea
Resúmenes y artículo sobre el Kea, aquí, aquí y aquí.
Fuente de la imagen

La ley del Efecto: Aquí hay gato encerrado

Si se ha dicho alguna vez que una de las pretensiones de las ciencias naturales es la de formular leyes generales (ej: leyes de la termodinámica), y muchos insistimos en que la Psicología debe ser una ciencia natural, enseguida salta a la vista la escasez de teorías y modelos que en nuestra disciplina han alcanzado ese honorable estatus, el de "ley natural". Una de esas excepciones es la llamada "ley del efecto", formulada por Edward Lee Thorndike, de la cual Héctor ya nos hizo una pequeña presentación en un post previo. Hoy me propongo profundizar en este tema y tratarlo con más detalle.

Noticias: Cultura de los chimpancés

He encontrado esta mañana una noticia que publicaba el blog Neofronteras por medio de hispaciencia, y me ha parecido interesante enlazarla para que le podáis echar un vistazo. Sobre todo porque tiene que ver con algunas cosas que hemos comentado por aquí en alguna ocasión. He buscado entre los post de psicoteca, donde encontramos un vídeo relacionado que nos enlazaba Helena en esta entrada.

La noticia es bastante curiosa, y de ser correctas las afirmaciones de los autores de ambos estudios, nos darían buenas pistas sobre el comportamiento cultural en "el mundo chimpancé".
Habla la noticia de dos estudios realizados recientemente. En uno de ellos se sugiere que las diferencias comportamentales entre unas colonias y otras (de chimpancés), en el modo de hacer las cosas, tiene su origen en la socialización y no en las diferencias genéticas tal y como se pensaba hasta ahora. Eso quiere decir que los chimpancés construyen la cultura como nosotros en este aspecto.
El otro estudio que aparece en la noticia es sobre un hallazgo arqueológico. Y es que por lo visto han encontrado herramientas de chimpancés con más de 4000 años de antigüedad. Herramientas que éstos usan para partir nueces como hemos visto en el vídeo enlazado. Se conocía esta habilidad de los chimpancés, pero no se sabía si lo habían aprendido de los humanos por imitación, o era algo que ya hacían ellos. Dada la antigüedad de las herramientas chimpancés, parece ser que no lo han aprendido de los humanos, ya que los granjeros humanos llegaron mucho después a la zona.
Por cierto, ya que se habla en varias ocasiones de si la técnica se la copió una especie a la otra, os dejo un post que está también relacionado. Es sobre la imitación como forma de aprendizaje en humanos y lo escribimos aquí hace algún tiempo.

Saludos

La memoria de los pájaros

Artículo original de Miguel Ángel Vadillo y Helena Matute (Universidad de Deusto, Bilbao), escrito en el año 2003.

Blogging on Peer-Reviewed ResearchLos pájaros, exceptuando los que están en jaulas, como los peces, exceptuando los que están en peceras, viven en un mundo inmenso. ¿Cómo podrían sobrevivir sin recordar dónde han estado ya antes, dónde encontrar comida, o qué tipo de peligros les conviene evitar? ¿Se limitan a ir de un sitio a otro al azar, guiados quizás por sus instintos, y a picotear todo aquello que tenga aspecto comestible? ¿Cómo podríamos averiguarlo? Quizá podríamos observar a una serie de pájaros en su medio natural, colocarles una anillas para saber cuáles vuelven a un mismo lugar y con qué frecuencia lo hacen. Pero, ¿sería esto un indicador de que vuelven porque recuerdan el sitio o precisamente un indicador de que vuelven porque ya no recuerdan haber estado allí antes?

APRENDIZAJE OPERANTE



Este es “golfo”. Me estoy refiriendo al perro de la foto. Es el perro de un amigo. Hace poco estuvimos en la playa y observé como mi amigo le había enseñado a su perro a sentarse y a levantar la pata. Justo después le dio una galleta. Esto hizo que se me ocurriera este post.

Un animal, si le recompensamos al realizar una conducta, es probable que la repita. Edward Thorndike formuló lo que se llama la LEY DEL EFECTO.
Viene a decir eso precisamente. Que si a una conducta le siguen consecuencias reforzantes, esa conducta tendrá más probabilidad de repetirse. Sin embargo, si a una conducta le siguen consecuencias aversivas, la conducta tendrá menos posibilidades de volverse a repetir.

Este principio sirve para adiestrar a los animales. Lo podemos ver muy bien en este VIDEO.

Y para quien tenga curiosidad, hay vídeos sobre la caja de Skinner que los psicólogos usan en los procedimientos experimentales: AQUÍ Y AQUÍ.


EXPERIENCIA

Puedes probar tú también con tu mascota. Intenta imitar a la chica del vídeo que adiestra a su perro. ¿Qué resultados obtienes?
También puedes observar cómo se comportan nuestras mascotas. Cómo son capaces de aprender por ellos mismos este tipo de actos…


ALGO MÁS SOBRE APRENDIZAJE INSTRUMENTAL

No sólo los animales cambian su forma de actuar en función de las consecuencias. Las personas también. AQUÍ hay un video muy interesante sobre el aprendizaje y la conducta. Y también tenemos este otro AQUÍ.
Ambos se complementan muy bien. Contienen alguna imprecisión por ser videos antiguos. Pero prácticamente, la totalidad de los videos es correcta. Merece la pena verlos.


ALGUNAS COSAS SOBRE LAS QUE REFLEXIONAR

Imagínate el efecto que pueden tener las siguientes acciones en las siguientes situaciones.

Por ejemplo, unos padres que tienen un hijo adolescente al que no dejan salir por estar castigado. Su hijo se enfada, se pone un poco agresivo y grita. Los padres, viendo que se puede romper el ambiente familiar, al final deciden dejarle salir.

O en una situación de pareja. Imagina que tu pareja se enfada contigo mucho y para disculparte haces algo que agrade mucho a esta persona.
Da que pensar, eh?


SOBRE EL SISTEMA ECONÓMICO

Podemos observar este principio en acción en el funcionamiento de nuestro sistema económico. Hay varias razones para que vayamos a trabajar. Pero una muy importante es que nos pagan. ¿Se te ocurre por qué los comerciales trabajan a comisión?


LAS MÁQUINAS TRAGAPERRAS

Otro ejemplo clásico suele ser el de las máquinas tragaperras. Es curiosa su similitud con la palanca que usan las ratas en “la caja de Skinner”. Es como si fuese una adaptación calcada de la misma en humanos. Sólo que esta máquina está en un bar.
Lo cierto es que es un problema para las personas que tienen dificultades para dejar de jugar.

CONDICIONAMIENTO CLÁSICO

Ivan Petrovich Pavlov, fisiólogo ruso. Este señor estaba estudiando la digestión en perros, y descubrió el condicionamiento clásico. ¿Qué es eso del condicionamiento clásico?
Es uno de los fenómenos más importantes de la psicología. ¿En que consiste?
Pongamos el ejemplo original...contando la historia.
Pavlov tenía un perro con el que experimentaba. Este perro tenía conectado un aparato en la boca para saber si producía saliva.
Entonces le traían comida y veían cómo salivaba. El caso es que cada vez que le traían la comida hacían sonar un diapasón.
Se dieron cuenta por casualidad de que después de hacer esto unas cuantas veces, el sólo sonido del diapason hacía que el perro salivase.
Poniendo nombre a las cosas...

Términos:
EI (estímulo incondicionado): comida
RI (respuesta incondicionada): salivación ante la comida
EC (estímulo condicionado): sonido del diapasón
RC (respuesta condicionada): respuesta de salivación ante el sonido del diapasón.

La RI es una respuesta natural hacia un estímulo, hacia el EI. El EC es un estímulo neutro en comienzo. La RC es la respuesta que se produce por el EC tras relacionarse con el EI.

¿Qué es lo que ocurre en este proceso? Pues que aprendemos a emparejar el sonido con la respuesta de salivación que produce la comida, si unas cuantas veces presentamos la comida junto con el sonido.
Así al final el sonido solamente, produce la respuesta de salivación.


EXPERIENCIA

Otra vez os voy a remitir al CD DEL LABORATORIO. Mirad el "Efecto McCollough" que aparece en el CD.

Si os fijáis, parte del efecto se basa precisamente en esto mismo.

Las imágenes de determinados colores provocan una "post imagen" de un color complementario. Es decir, que si veo el verde que aparece ahí un buen rato, luego tras dejar de mirar veré el color complementario "en mis ojos", por decirlo de alguna forma. Teniendo este hecho en cuenta...

Así nos quedaría este esquema...

Terminos:
EI (estímulo incondicionado): Color de las barras
RI (respuesta incondicionada): Post imagen
EC (estímulo condicionado): Forma de las barras
RC (respuesta condicionada): Post imagen proyectada sobre las barras en blanco y negro.


ALGO MÁS SOBRE EL CONDICIONAMIENTO CLÁSICO

El condicionamiento clásico es uno de los principios fundamentales de la psicología. Este principio puede explicar muchas cosas en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, si cuando nos pasa algo que nos agrada mucho suena una canción, es posible que esa canción nos resulte muy agradable más tarde.

video interesante

He aquí un nuevo video de conducta animal que creo que os interesará:

http://www.youtube.com/watch?v=NivAusARwd8

Los babuinos de Mr. Wasserman

Blogging on Peer-Reviewed ResearchEdward A. Wasserman es uno de los científicos más conocidos en ese área reducida que estudia el aprendizaje de causalidad (es famoso, por ejemplo, por sus estudios sobre aprendizaje conceptual con palomas).
Aun así, desconocía yo que en los últimos tiempos ha estado trabajando con una especie animal diferente a las que clásicamente venimos estudiando en el área: ni humanos, ni ratas ni palomas (en concreto, son éstas últimas las que han abundado en el currículum de Wasserman). Como dice el título del post, el señor Wasserman está muy interesado ahora en el aprendizaje de los babuinos, a juzgar por el paper* que “publicita” en su página web. Habrá quien me diga que no estoy al día, porque el artículo tiene sus añitos, pero más vale tarde que nunca ;-)

Bueno, al grano. ¿Por qué babuinos? La elección de esta especie de simio para estudiar el aprendizaje no es casual. Se trata de un animal inteligente para los estándares “mamiferianos”, además es una criatura social como los seres humanos. Sin embargo, lo que la hace más interesante en estos casos es su lejanía filogenética con el Homo sapiens. Ciertamente, nuestro antepasado común con este grupo de simios es mucho más antiguo (unos 30 millones de años) que el que compartimos, por ejemplo, con los chimpancés o los gorilas. Por eso, descubrir las habilidades cognitivas de los babuinos nos enseña una vez más que éstas no son una exclusividad del ser humano y sus parientes cercanos. Es la primera vez que se demuestra que un animal, aparte de los chimpancés y los humanos, puede utilizar un pensamiento “abstracto” de este tipo. Y Darwin (cuyas palabras, por cierto, abren el artículo en cuestión) se pone en pie para aplaudir, como yo.

Lo que han descubierto los autores del artículo es, en esencia, la semilla del razonamiento analógico humano (que es un tipo de pensamiento central en los procesos de aprendizaje e inferencias, lo saben bien los científicos y los filósofos), pero no lo han descubierto en humanos, ni siquiera en sus parientes cercanos los chimpancés, sino en una especie de mono muy alejada filogenéticamente de ambos. Ese razonamiento analógico “primitivo” que tienen los babuinos consiste en el establecimiento de relaciones entre otras relaciones de objetos. Vayamos paso a paso:

Sabemos que incluso las palomas pueden aprender problemas del tipo “igual-diferente” (ej: Young y Wasserman, 1997). Es sencillo: enseñamos a una paloma a picotear una tecla A para obtener comida cada vez que aparezca una pantalla con un conjunto de objetos diferentes entre sí (siempre los mismos), y a picotear una tecla diferente B cuando aparezca otra pantalla con un conjunto de objetos idénticos entre sí (también son siempre los mismos). Si la paloma ha aprendido el concepto “diferentes”, debería pulsar la tecla A cuando vea un conjunto de objetos distintos entre sí, incluso aunque sea la primera vez que vea esos objetos en particular. Igualmente, esperaríamos que la paloma pulsara la tecla B si es que reconoce el concepto “iguales” cuando le presentamos un conjunto de objetos idénticos entre sí, no importa si esos objetos son totalmente novedosos para ella.
(Por cierto, pequeño off-topic: ¿Quién decía, en los comentarios de este blog, que era muy aburrido eso tan “conductista” de enseñar a las palomas a picotear botones? Ni aburrido, ni conductista, he aquí, amigos, toda una elegante demostración de cognición animal).

En el artículo de Fagot, Wasserman y Young, la tarea experimental que habían de resolver los babuinos y los humanos (que también se incluyeron en el estudio para establecer una interesante comparación) se parece bastante al ejemplo que acabo de exponer con las palomas. Para abreviar, en esta entrevista el doctor Wasserman lo cuenta muy sucintamente (ojito, en inglés “americano”).
Básicamente, se trata de extrapolar una relación de igualdad o de diferencia a partir de un conjunto de estímulos hasta otro conjunto de estímulos (mirad el numerito que se marca Wasserman con las figuritas de colores, en el vídeo, muy aclaratorio), sin importar que dichos estímulos sean completamente nuevos para el animal. Por eso podemos decir que se trata de una forma de pensamiento abstracto: el babuino reconoce la relación entre dos elementos y la separa de los objetos concretos, lo cual le permite aplicarla a objetos novedosos. En realidad, se trata, como decía, de una demostración de la analogía. El conjunto estimular A+B se parece más al conjunto D+E (por ser también heterogéneo) que al conjunto C+C. Y se trata de un parecido puramente relacional, no tiene que ver con las características físicas o perceptuales de los objetos (esta hipótesis alternativa ya se encargan de descartarla los autores en sucesivos experimentos del mismo artículo).

De estos experimentos podemos sacar algunas conclusiones valiosas. Por ejemplo, los resultados sugieren que tanto los humanos como los babuinos que participaron en el estudio supieron reconocer la entropía (el “desorden” o la variabilidad en los conjuntos de estímulos presentados), y que se basaron en ella para hacer sus elecciones (aunque ambas especies difirieran en la manera de utilizar esta información para responder).
Otra idea interesante es que nuestro valorado pensamiento analógico (vital tanto en las artes como en las ciencias y en la vida cotidiana) puede haber evolucionado a partir de otras formas de pensamiento más sencillas como las discriminaciones de conceptos al estilo “igual - diferente”.

Interesante, lo de estos babuinos...

*: Fagot, J., Wasserman, E. A., & Young, M. E. (2001). Discriminating the relation between relations: The role of enthropy in abstract conceptualization by baboons (Papio papio) and humans (Homo sapiens). Journal of Experimental Psychology - Animal Behavior Processes, 27, 316-328.

Cómo aprenden los animales... y la mayoría de las personas

Por Santiago Benjumea

El título de éste articulo puede que le resulte engañoso. No pretendo que haya personas excepcionales que aprendan mediante métodos diferentes a los aquí expuestos. Por el contrario, soy de los que defienden el punto de vista evolucionista, esto es, que la diferencia entre animales y humanos es una simple cuestión de grado, más que basarse en naturalezas esencialmente distintas. O sea, soy de los convencidos por la idea de que los procesos psicológicos básicos sobre los que se fundamenta el aprendizaje animal y humano son los mismos. Por eso, debo explicar el título: ha sido una ironía para mis congéneres; nosotros, a diferencia de ellos, los mal llamados “irracionales”, demostramos muchas veces que un error repetido una y mil veces no nos ha enseñado a evitarlo de nuevo, haciendo honor al refranero cuando afirma que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”

Pero vayamos por partes: ¿Cuáles son esos mecanismos o procesos psicológicos sobre los que descansan los aprendizajes de animales y humanos? Básicamente son tres: el aprendizaje no asociativo, el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante. Aunque algunos autores defienden la imitación y el aprendizaje por intuición como formas genuinas de aprendizaje, los estudios más recientes parecen sugerir que estas dos formas de aprendizaje no son más que combinaciones complejas de las dos formas de condicionamiento anteriormente señaladas. Vamos pues a centrarnos en estas tres formas de aprendizaje anteriormente citadas.

APRENDIZAJE NO ASOCIATIVO
El aprendizaje no asociativo básico es la habituación. La habituación consiste en que respondemos con menos fuerza a los estímulos familiares (habituados) que a los novedosos. Así, si cogemos a una tortuga y le gastamos la broma de tocar su caparazón con un suave y rápido “toque”, veremos que al principio mete la cabeza de inmediato y permanece escondida un buen rato. Sin embargo, si seguimos repitiendo la broma, nuestra simpática amiga dejará de hacerlo progresivamente, de forma que, tras muchas repeticiones “pasará de nosotros”. La naturaleza es sabia y ha seleccionado a los organismos cuyos sistemas nerviosos les permitieron aprender a prestar menos atención a las amenazas cuyo peligro ya conocían que a las señales de peligros desconocidos, ahorrándose un stress excesivo. Dicho proceso de selección natural se produjo hace millones de años y afecta a una gran cantidad de especies, desde pequeños moluscos marinos y terrestres hasta el ser humano. Siento parecer poco romántico, pero el mecanismo por el que el corazón ya no se te dispara, el estómago no se te encoge y las piernas no te tiemblan cada vez que ves a tu pareja es el mismo que hace que nuestra tortuga ya no meta su cabecita ante tus bromas y que el analgésico que tomamos habitualmente ya no surta el mismo efecto (por lo que hay que aumentar la dosis…).

CONDICIONAMIENTO CLÁSICO
Fue el eminente premio Nóbel ruso Iván Pavlov, el hombre que descubrió este mecanismo esencial del aprendizaje asociativo. Hace ahora un siglo, en el congreso internacional de fisiología celebrado en Madrid en 1904, Pavlov aportó la primera versión de lo que luego sería conocido como “los reflejos condicionados”. Las investigaciones de Pavlov se hicieron muy populares y casi todo el mundo ha oído aquello de los perros que aprendieron a salivar ante la campana, porque ésta precedía sistemáticamente a la comida. (¡Realmente ha oído usted campanas…porque Pavlov nunca usó una campana, sino un diapasón!) Lejos de la creencia popular de que éste es un sistema de aprendizaje muy simple, este proceso ha demostrado ser extremadamente complejo y rico.

Permítanme ustedes que acuda a un ejemplo familiar para demostrar esta complejidad. Xirca, Laika, Betty y Blanquita, las cuatro hijitas cuadrúpedas que tengo con Sandra, hace tiempo que babean como posesas cuando nos ven acercarnos a la despensa y coger la caja azul de galletas para mascotas.

Supongamos ahora que nos preguntamos que piensan nuestros perros cuando nos ven acercarnos a la despensa y coger la caja de sus galletas.

La respuesta evidente es que saben que le vamos a dar una galleta, y Sandra se conforma con eso. Pero yo, como buen psicólogo, me complico la vida y me pregunto: ¿Saben mis cachorritas que tras coger la caja le voy a dar la galleta? o por el contrario: ¿saben que tienen que salivar ante mi cuando estoy en la despensa con la caja en mis manos? Es decir, puedo decir que aprendieron a asociar la caja con la comida, o que aprendieron a salivar ante la caja. Aparentemente es lo mismo, pero lo es sólo en apariencia. Pongamos un ejemplo “más humano”: Ana es una madre con un hijo de 6 años y ha ido a pasar el fin de semana al campo con unos amigos que tienen un bebé de 10 meses. El bebé se enfría y tiene algo de fiebre y en el botiquín de la casa hay un medicamento de reciente aparición que Ana ha utilizado el último año con su hijo de 6 años. Desgraciadamente, se han perdido el prospecto y la caja del medicamento y aunque Ana sabe que esa medicina es para la fiebre y que a su hijo le da una cucharadita de café, no sabe que hacer en el caso del bebé. Entonces llama por teléfono a su amiga Eva, pediatra, y ésta le pregunta el nombre del fármaco, el peso y edad del bebé y le recomienda la cantidad que debe administrarle. Es evidente que ambas mujeres, Ana y Eva, saben que el medicamento baja la fiebre. Sin embargo, estaremos de acuerdo en que la pediatra “sabe más”: conoce el mecanismo de acción, la dosis por peso, etc.

Los psicólogos hemos distinguido dos formas de conocimiento “el procedimental” y “el declarativo”. Un problema se resuelve de forma procedimental si uno sabe lo que tiene que hacer, los procedimientos, para solucionarlo. Un problema se resuelve de forma declarativa si uno conoce la estructura, la esencia del problema. Ana, la madre, sabía qué tenía que hacer con su hijo de seis años pero no sabía el porqué de esa cucharadita de ese medicamento. Por el contrario, Eva sabía lo esencial del mecanismo farmacológico implicado y podía no sólo resolver los casos basados en su experiencia personal sino ir más allá: aplicarlos a casos nuevos nunca antes enfrentados. Un conductor con experiencia sabe que tiene que levantar el pie del acelerador, después de dos o tres intentos de arrancar su coche en invierno, para evitar “calar el coche” (conocimiento procedimental) pero un mecánico sabe en que consiste el ahogo, y, por tanto, puede encontrar otras formas de solucionar el problema y aplicar dichos conocimientos a otros tipos de motores (declarativo) O sea, el conocimiento procedimental se refiere a “saber que hacer” ante cada situación, sin saber porqué se hace eso y desconociendo otras soluciones alternativas, mientras que el conocimiento declarativo supone conocer la naturaleza del problema y ser capaz de encontrar nuevas soluciones a cuestiones parecidas pero diferentes. Así que volvamos a mis cachorritas: es seguro que saben que tienen que salivar ante la visión de sus papás adoptantes con la caja azul en ristre (procedimental), dado que lo hacen ¿pero saben por qué? Es decir ¿saben realmente que luego viene las galletas? (declarativo) Supongamos ahora que una de ellas, Xirca, la más tragona, se ha dado un atracón de galletas y le han sentado mal, de formas que acaba aborreciéndolas. Ahora come de todo menos las malditas galletas, a las que les ha cogido manía. Si ahora saliva ante la caja de galletas, será porque ha aprendido el problema procedimentalmente (“tengo que salivar siempre que se presente la caja azul”) Sin embargo, si lo aprendió de forma declarativa, se podrá adaptar a las nuevas circunstancias: “tras la caja azul vienen las malditas galletas, por lo que me dan ascos en lugar de ganas de salivar” Hasta donde sabemos, Xirca y cualquier otro perro (o rata o ser humano) aprendería este problema de forma declarativa, es decir, aprendió a predecir la llegada de las galletas tras la visión de la caja azul y, si las circunstancias cambian –las galletas se volvieron repugnantes- cambia el procedimiento a realizar ante la caja.

Siguiendo con mis perros y su caja azul de galletas. Supongamos que quiero enseñarles ahora los momentos en los que voy a administrarles su comida y cuando no. Para esto, trato de asociar la palabra “COMER” con la comida de perros. Así que cojo la caja de galletas azul y se las enseño a mis cachorras a la vez que pronuncio “para COMER” o “a COMER”. Y esto lo hago sistemáticamente en numerosas ocasiones. Dado que la palabra COMER siempre precede a la entrega de galletas, yo supongo que se habrá asociado a dicha comida. Para comprobarlo, aprovecho una ocasión en que están tumbadas en el sofá y llamo su atención con la frase “a COMER”, sin la caja de galletas. Mi desilusión es grande: no parecen emocionarse lo más mínimo cuando las llamo para comer. Pero es que mis perritas –como todos los perros, ratas, gatos y seres humanos del mundo- tratan de no atender a tonterías innecesarias: yo usé siempre la frase “a COMER” en presencia de la caja de galletas azul. Así que ellas ya sabían que iban a comer ¿para que atender entonces a una nueva señal que no les aportaba información diferente a la que ya les daba la visión de su querida caja de galletas?

Pues bien, ahora puede usted saber porque no se aclara todavía con los euros: durante casi toda su vida, usted aprendió los precios de las cosas en pesetas (que hace la función de la caja azul de nuestro ejemplo) y a partir de una cierta fecha los precios se les marcaron en pesetas y euros (caja + la frase). Claro, como usted sabe leer y calcular los precios en pesetas no atendió para nada a la nueva señal añadida (el precio en euros). Si los que gobiernan hubieran sabido algo de psicología del aprendizaje hubieran evitado esa fase tonta de los precios marcados en las dos monedas. Si querían que usted aprendiese a usar los euros habría que hacer lo que se hizo en Alemania: una transición a los euros sin fases intermedias. Pero los políticos de aquí saben poco de esto. Por eso, hace ya algunos años, un conocido diputado de la oposición al debatir en una tertulia con un contrincante del partido del gobierno se atrevió a decir, a modo de insulto o menosprecio: “Ha reaccionado usted ante mi propuesta como un reflejo condicionado” Para nada. Los reflejos condicionados son una forma muy elaborada de aprendizaje, mostrándonos día a día, con el avance de la psicología, que su complejidad y riqueza son mucho mayores que la cultura y sutilidad de algunos padres de la patria.

CONDICIONAMIENTO OPERANTE
En 1898, mientras los españoles nos quedábamos sin Cuba y sin barcos pero con mucha honra, el psicólogo americano Edward Lee Thorndike leía su tesis doctoral sobre “inteligencia animal”. En dicha tesis, Thorndike formuló su conocida Ley del Efecto, que viene a decir que los organismos –animales y humanos- tienden a repetir los actos que van seguidos de recompensas y tienden a dejar de hacer aquellos que van seguidos de castigos. Sobre dicha base se inauguró un nuevo campo de la psicología del aprendizaje: el condicionamiento operante o instrumental. Como señala la adiestradora canina Jean Donaldson, “de todas las ventanas que permiten la comunicación con tu perro, la del condicionamiento operante es por la que entra más luz”. Desde luego, soy de los convencidos de que el condicionamiento operante es la base principal sobre la que debe descansar la educación de tu perro…y la de tus hijos. La clave consiste en que tanto humanos como animales, para adaptarnos al entorno natural y social, debemos aprender de las consecuencias de nuestras diferentes acciones. Son varios los principios de aprendizaje incluidos en el condicionamiento operante, de los que vamos a hacer a continuación un repaso somero:

Reforzamiento positivo: El sujeto hace algo y recibe a cambio un premio
Ejemplo canino: El perro acude junto al amo cuando lo llama y recibe una galleta de éste
Ejemplo humano: El niño termina sus deberes y por eso puede ver un rato la televisión

RESULTADO: La conducta queda reforzada: El perro acude cada vez más frecuentemente ante el amo y el niño es cada vez más trabajador.

Reforzamiento negativo: El sujeto hace algo para escapar o evitar algo “desagradable”
Ejemplo canino: En los paseos, el perro camina junto a su dueño, para evitar recibir un tirón del collar
Ejemplo humano: Alguien que hace gimnasia para evitar tener una horrible figura

RESULTADO: La conducta queda reforzada: El perro se mantiene al lado del amo y la persona mantiene su conducta de hacer ejercicio.

Castigo positivo: El sujeto hace algo y recibe algo desagradable
Ejemplo canino: El perro se sube al sofá y recibe un cachete con el periódico
Ejemplo humano: Aparcaste mal el coche y te pusieron el cepo

RESULTADO: La conducta queda debilitada: Durante un cierto tiempo, el perro no vuelve a subirse en el sofá y el conductor dejará de aparcar en los sitios prohibidos durante unos meses.

Castigo negativo: El sujeto hace algo y pierde una recompensa

Ejemplo canino: El perro hace daño a su amo jugando y éste deja de inmediato de jugar con él y lo lleva a su caseta un rato
Ejemplo humano: Te olvidaste del aniversario de boda… no pretendas que esta noche…

RESULTADO: La conducta queda debilitada: El perro no volverá a jugar violentamente por un cierto tiempo y la persona no olvidará de nuevo el aniversario de su boda en los próximos dos años.

Extinción: El sujeto deja de recibir las recompensas que normalmente mantenían su conducta
Ejemplo canino: Un perro araña sistemáticamente la puerta porque así consigue que sus amos la abran. A partir de un cierto momento, éstos toman la determinación de no abrirle cuando arañe la puerta
Ejemplo humano: Un niño llama permanentemente la atención de su profesor haciendo mojiguetas. El profesor deja de prestar atención a dicha conducta

RESULTADO: La conducta desaparece progresiva pero definitivamente: El perro dejará de arañar la puerta poco a poco hasta dejar de hacerlo definitivamente y el niño hará lo mismo con sus payasadas.

Moldeamiento: Queremos enseñar una conducta compleja, para lo que vamos premiando logros parciales cada vez más complejos que aproximen progresivamente a la meta deseada
Ejemplo canino: Queremos que el perro acuda al kiosco cercano a recoger el periódico. Lo sacamos a la calle y nos dirigimos al kiosco. Cuando llega el kioskero le da una galleta. Después de repetir la operación cada día, lo soltamos un poco antes de llegar y él se dirigirá sólo al kiosco, repitiendo el premio. Luego premiamos sucesivamente el recoger el periódico y entregarlo al dueño que lo acompaña, al dueño que lo espera en la esquina, y finalmente entregarlo al dueño en casa
Ejemplo humano: Queremos enseñar a nuestros amigos la técnica de adiestramiento con el clicker. Para ello programamos diversos ejercicios a realizar cada uno con su mascota, de menor a mayor dificultad. El premio en este caso lo aporta tu mascota, que te recompensará haciendo lo que tú pretendes que haga

Discriminación: El sujeto hace algo en la situación A y recibe premio, pero si lo hace en la situación B no lo recibe
Ejemplo canino: Premiamos al perro con caricias y juegos cuando se sube al sofá después de haberlo autorizado con un gesto, pero no jugamos con él ni lo dejamos permanecer allí si no le hicimos la señal de autorización
Ejemplo humano: Recompensamos a un sujeto que canta muy bien en una boda mediante alabanzas, pero no alabamos su conducta de cantar a voz en grito por la calle durante las horas de descanso

RESULTADO: La conducta acaba circunscribiéndose a aquella situación en la que fue premiada, desapareciendo en aquellas otras situaciones en las que no lo fue.

La base del adiestramiento animal se basa en la aplicación de esos sencillos –pero eficaces- principios psicológicos que acabamos de describir. Tomemos, por ejemplo, el tan ahora popular entrenamiento con el clicker que algunos llaman “una nueva técnica de adiestramiento”. Nada más lejos de la realidad: fue descrita por primera vez en 1951 en un artículo publicado en la revista Scientific American por el psicólogo americano B.F. Skinner y que llevaba el ilustrativo título de “Cómo enseñar a los animales”. La idea central es usar el reforzamiento positivo considerando que no solo las recompensas primarias (comida, caricias etc.) resultan eficaces, sino que cualquier estímulo asociado con la recompensa primaria mediante condicionamiento clásico (Pavlov) puede servirnos también como premio. De esta forma, el ruido del clicker -la popular “ranita” de nuestros kioscos- se asocia a la entrega de galletas, caricias etc. pasando a ser ese sonido un potente premio condicionado para nuestro perro. Una vez hecho esto, basta hacer sonar el clicker cuando queramos fortalecer una respuesta de nuestra mascota (pulsa aquí si quieres más información sobre la técnica de entrenamiento con el clicker)

La alternativa tradicional del adiestramiento canino, el uso del collar de castigo, se ha basado en la utilización de técnicas de castigo o reforzamiento negativo, no tan eficaces y con complicaciones (puede volver al perro extremadamente asustadizo o agresivo con terceros).

UNA REFLEXIÓN FINAL
Finalmente, quisiera acabar con una reflexión personal. Es posible que algunos de mis lectores crean que esta manera de hablar de nuestros queridos cuadrúpedos acaba con su dignidad. Es posible que crean que es menospreciar a los animales considerar que podemos -y debemos- conocer las técnicas de condicionamiento para educarlos a convivir con nosotros Quizás le sorprenda saber que para los psicólogos como yo –behavioristas o conductistas- no hay nada indigno en suponer que la conducta humana, como la animal, también está determinada por leyes y que nada se gana con dejar al azar actuar a su arbitrio. Si algo he aprendido de todos mis años como investigador de la psicología animal es que, a través de ellos, podemos aprender mucho de nosotros porque, al fin y al cabo, sólo somos una especie más de este planeta.

Ambos, el ser humano y el animal tienen que aprender a convivir con otros congéneres. Y en el caso de que nos mezclemos en la misma familia o manada, ambos –animales y hombres- tenemos que aprender a respetarnos mutuamente. Porque nada hace la vida más insoportable que un hombre o una mascota cuyos responsables (sus padres, sus dueños…) dimitieron de sus obligaciones de educarlo. Y nadie tiene porqué aguantar la música salvaje del vecino de arriba ni el pipí del perro en la alfombra. Ambos deberían haber aprendido en el pasado que hay que respetar el descanso ajeno y que el pipí se hace sobre la tierra. Ambos podrían haber aprendido eso con una educación basada en el reforzamiento positivo, en donde los castigos hubiesen sido reducidos al mínimo. Pero ni el niño es un buen salvaje ni el animal es bueno, cariñoso o trata de complacerte “por naturaleza” Más bien lo contrario: ambos son unos rotundos egoístas a los que lograremos civilizar mediante una educación socializadora. Por eso, ambos, niños y mascotas, necesitan ser guiados en el cumplimiento de las normas de convivencia, y no hay mejor método para enseñarles a aprenderlas que los principios de la psicología del aprendizaje.

Artículo publicado anteriormente en la vieja Psicoteca

Elefantes y espejos

Animales inteligentes los hay muchos, seguro. Cualquiera que tenga perro pensará que su mascota sabe más que un maestro de latín, pero en esta bitácora también hemos hablado de ratas que averiguan cosas alucinantes sobre la textura causal de su ambiente, de moscas con capacidad de aprender cosas, del nombre de los delfines, de pájaros con una memoria prodigiosa... Por cierto, que ciertas aves no sólo tienen buena memoria, también han demostrado ser más listas que el hambre desenvolviéndose en ciertos experimentos, incluso en el manejo -¡y la fabricación!- de herramientas, y si no que se lo pregunten al investigador que lidió con Betty, la hembra de cuervo de este experimento (otro link a una noticia más breve).

Ciertamente, hay capacidades intelectuales relativamente avanzadas que no son patrimonio exclusivo de nuestra especie y de sus parientes cercanos. Incluso yo diría más: es realmente interesante, y hasta excitante, si me permitís el ramalazo evo-friki, comprobar cómo animales filogenéticamente lejanos de nosotros demuestran sus habilidades cognitivas. Si son muy parecidas a las nuestras, porque nos revelan una historia de la evolución animal en la que encajamos como una rama más, y en la que muchas de nuestras características tan apreciadas empezaron a modelarse por la selección natural cientos de millones de años antes de que el primer hombre pusiera un pie en la tierra. Y si esas habilidades cognitivas son muy diferentes de las nuestras, también es importante su estudio porque nos demuestran que no hay destinos ni caminos prefijados en la evolución, que no somos, por usar una metáfora reposteril, la guinda de ningún pastel. La imagen del arbusto con innumerables, indistinguibles ramas, se sigue ajustando más a la realidad, y Gilgamesh se maravilla con su contemplación.
Por todo esto me apasiona el tema de la inteligencia animal. Pero convengamos que existe un club algo más restringido que el de los animales inteligentes. Es el de los seres “autoconscientes”. Usando una definición de andar por casa que seguro me valdrá alguna (bienvenida) corrección, podría decir que la autoconsciencia es la capacidad de construirse un yo, de conocer la existencia de uno mismo como un individuo en el mundo, diferente del entorno que lo rodea (¿así queda más o menos bien?). Pasado el mal trago de la definición, añadiré que una forma habitual de averiguar si un animal tiene esta capacidad es tan sencilla como pintarle unas marcas de colores en el cuerpo y sentarle frente a un espejo: un ser autoconsciente reconocerá su propia imagen y descubrirá las manchas, que presumiblemente despertarán su curiosidad.
Decía que hasta ahora los seres autoconscientes éramos más bien poquitos: estamos los seres humanos, los grandes simios (los chimpancés, los gorilas, los algo más simples orangutanes, pero probablemente no los demás monos), los delfines y algún que otro ingenio robótico XD
Me entero, gracias a Paleofreak, que a este club tan exclusivo vamos a tener que añadir a los elefantes asiáticos. En este artículo de Javier Sampedro nos ponen al corriente. Los científicos tuvieron la ocurrencia de poner un espejo en la jaula de los elefantes (el espejo, necesariamente, tuvo que ser “tamaño elefante”). La reacción de los paquidermos fue, como cuenta el artículo, la que se esperaría en un bebé humano: mostraron mucha curiosidad, le dieron la vuelta para ver qué había detrás, y todas esas cosas que tanta gracia nos harían en un video de primera. Pero el dato revelador llegó cuando los investigadores pintaron un círculo en la frente de los elefantes. Nada más contemplarse en el espejo, la trompa del elefante iba derecha hacia la mancha, demostrando que el animal se estaba reconociendo en la imagen.
Como buen evo-friki, que ya lo dije antes, no dejo de maravillarme con los prodigios de la naturaleza.

Por cierto, esta vez no os vais a quejar de escasez de enlaces, ¿eh?

EDITO: Añado este otro link con la historia de los elefantes, que me lo ha pasado el señor Pineño. Quiera o no, este señor sigue aportando cosas en Psicoteca ;-)

EDITO una vez más: En esta dirección (en inglés) tenéis los enlaces a tres vídeos de los elefantes jugando con los espejos. Por si os interesa.

Causal reasoning in crows?

He leido hace poco un artículo de Clayton y Dickinson sobre el ya famoso paper de Blaisdell et al. (2006) "Causal reasoning in rats". Los autores se plantean hasta que punto las ratas de Blaisdell poseen conocimiento causal específico de dominiio (como los humanos), conocimiento necesario en la comprensión de los mecanismo implicados en las relaciones causales que aprenden. Argumento que supongo haría sonreír a autores como Ahn, que llevan defendiendo desde hace muchos años que aprender una relación causal está más relacionado con la comprensión de los mecanismos implicados que con la percepción de ciertos patrones estadísticos.
Por cierto, un tipo de cuervo (New Caledonian crow) es el animalito al que mejor se le da esto de comprender los mecanismos causales, incluso mejor que los primates superiores.

ChimPacMan

En este enlace teneis a vuestra disposición un video donde podeis comprobar lo habilidoso que puede ser un chimpancé jugando al clásico PacMan (el comecocos). Está en japonés e inglés, pero la imagen lo dice todo... yo aún estoy tratando de subirme la mandíbula.

Oskar.

El pato que se comió al extraterrestre

Bueno, los que creen en lo paranormal están de enhorabuena. Han pasado justamente 30 años desde que la sonda Vicking diera con la famosa cara de Marte y, quizá porque aún no les hemos respondido a tan obvios mensajes con evidencias, nuestros amigos E.T.s nos mandan una nueva muestra de su existencia a través de esta radiografía. La historia de la misma puede encontrarse en multitud de lugares (1 2 3). Lo más asombroso de este asunto es que la radiografía está a la venta en Ebay (¡¡¡$3200 en el momento en que escribo esto!!!).

Es obvio que, como reconoce el director del centro donde se tomó esta radiografía, se trata de una extraña disposición del grano en el estómago del animal. La psicología Gestáltica ha hecho el resto.

¿Por qué será, me pregunto, que siempre que aparecen caras en situaciones extrañas e inesperadas son las de (a) Jesucristo o (b) aliens? Sueño con el día en que la cara de, digamos, Darwin o Pavlov aparezca en una tostada, un burrito, o una radiografía. Ese día igual yo mismo pujo en Ebay.

Mientras tanto, todos aquellos amantes de los aliens (o, para el caso, los patos) que estén dispuestos a gastar un dinerito... ya lo sabeis: quedan 5 días para que finalice esta subasta. :)

¿Razonamiento causal en ratas?

Blogging on Peer-Reviewed ResearchLa entrada de Oskar Pineño acerca de los delfines mencionaba cierto artículo sobre las habilidades cognitivas de las ratas, que también son de armas tomar (Blaisdell, Sawa, Leising, y Waldmann [2006]). Hace algún tiempo a mí también me impactó ese artículo y escribí algo al respecto en mi blog. Por eso he pensado que, a rebufo del amigo Oskar, era el momento de poneros por aquí aquella reflexión que hice.

(Publicado originalmente aquí por Fernando Blanco).

Me proponía hoy comentar un artículo que he leído y que me parece interesante, sobre todo teniendo en cuenta a los evolucionófilos que me honran de vez en cuando con su visita. Pero me he encontrado con el obstáculo de la especificidad del tema en cuestión. Supongo que si contara todo esto así, de sopetón, a nadie le importaría un comino. De modo que me van a permitir que inicie la entrada con una introducción sobre el tema de estudio. Procuraré ser lo más claro posible.

Ya he comentado por aquí que mi área de estudio es el aprendizaje de relaciones causales. Llegar a captar la "textura causal" del entorno, qué eventos del ambiente son capaces de producir a otros, es una habilidad muy adaptativa en términos evolutivos. Pensad que cualquiera que la domine con un poco de soltura podrá predecir con cierto grado de seguridad los eventos-consecuencia al detectar los eventos-causa. Además, y esto es no menos importante, llegará a producir las consecuencias mediante la manipulación de las causas. La relevancia biológica de una habilidad así queda, por lo tanto, fuera de toda duda.

Bueno, una vez vendida la moto a mis amigos darwinistas, debo establecer una de esas barreras insalvables que agradan tanto a ciertas personas como irritan a otras. Y es que la tendencia general entre los psicólogos ha sido, tradicionalmente, la de reservar exclusivamente para los humanos esa capacidad de inferencia causal (o sea, esa capacidad de deducir cuáles son las causas y cuáles son los efectos a partir de la exposición a los eventos del ambiente).
Las ratitas de laboratorio, las palomas, los primates no humanos, e incluso seres más exóticos como las moscas o la aplysia, han demostrado tener un ojo bastante bueno a la hora de establecer relaciones predictivas entre los eventos del entorno, como empezamos a descubrir con Pavlov. A veces se han propuesto experimentos realmente complejos donde los animalillos se exhiben en todas sus facultades.
Todos los animales parecemos desempeñar bien cierto tipo de tareas de aprendizaje como las que he mencionado, que se han explicado mediante mecanismos de tipo asociativo. Se trata de unas reglas muy básicas que compartimos en comunidad con el último de los insectos porque aparecieron pronto en la historia evolutiva. Incluso las bases anatómicas y químicas de estos mecanismos parecen ser universales. ¡Olé, otro punto más para Darwin!
Sin embargo, la idea general es la de separar este aprendizaje, bien sea pavloviano o instrumental, de la verdadera inferencia causal, del razonamiento causal, propio de los humanos. Al fin y al cabo, los modelos asociativos sólo explican cómo establecemos nexos entre unos eventos y otros. Lo cual nos puede servir, en todo caso, para hacer predicciones sobre qué evento aparecerá cuando esté presente otro, pero está vacío de todo contenido semántico de tipo causal. En otras palabras: El perro de Pavlov aumenta su secreción salivar cuando escucha el tono que se ha asociado con la comida, pero en rigor no podemos decir que haya aprendido que el tono es la causa de la llegada de la comida (¿Acaso puede aclarárnoslo el mismo perro de viva voz?). Si las personas sí somos capaces de distinguir entre meras asociaciones y relaciones causa-efecto, será, según muchos científicos, porque trascendemos esa base asociativa y en algún momento incorporamos mecanismos de orden superior. Tal vez.
Ahí es donde entran las teorías del aprendizaje que, al revés que las asociativas, proponen un funcionamiento arriba-abajo, o con el concurso del conocimiento previo.
Por ejemplo, los modelos de inferencia causal basados en redes Bayesianas (al estilo de Pearl o Waldmann) pretenden superar las limitaciones de los asociativos, aunque lo cierto es que las distintas familias que en la rama del aprendizaje causal han ido surgiendo (modelos asociativos, estadísticos e inferenciales) tienden a ser más complementarias que excluyentes (un bonito análisis en Pineño y Miller, 2005).

Una vez acometida esta quizá extensa introducción (pero espero que pertinente y necesaria), volvamos al asunto que me ha hecho escribir esta entrada:
Leo con sorpresa un artículo de Science (Blaisdell, Sawa, Leising, y Waldmann) cuyo título cuando menos es llamativo: "Causal reasoning in rats". O en cristiano: "Razonamiento causal en ratas". ¿Será posible?
Vayamos por pasos. El propio Waldmann (Waldmann y Hagmayer, 2005) nos llevaba recientemente a una interesante conclusión: "Ver no es lo mismo que hacer". Un ejemplo ultra-simplificado: Imaginemos un modelo causal del tipo "causa común" como el que aparece en la figura que os he preparado. Tenemos una causa A que produce dos efectos simultáneos B y C.



Si a una persona le mostramos este modelo causal y después le decimos que B ha tenido lugar, concluirá que A y C han tenido que aparecer también, en buena lógica. Pero si lo que le decimos es que nosotros hemos manipulado deliberadamente la situación para provocar B (como en esta otra figura), entonces la respuesta usual será que ni A ni C tienen por qué haber ocurrido. Esa es la diferencia entre observar que un evento ha tenido lugar y provocarlo (o ver cómo lo provoca una causa externa que no tiene nada que ver con A ni C).



Lo que Blaisdell y sus colaboradores han hecho es trasladar este esquema básico a un estudio con animales, con ratas para ser más exactos. Las conclusiones son realmente interesantes porque parecen escapar al poder explicativo de los modelos asociativos que tradicionalmente se han impuesto para aprendizaje de los animales no humanos, y además son consistentes con las teorías basadas en redes Bayesianas.
Realmente las ratas son capaces de responder de manera diferente cuando observan la mera ocurrencia de un efecto que comparte una causa común con otro (B, en nuestro ejemplo) que cuando comprueban cómo dicha ocurrencia de B ha sido provocada al margen de A y C. Esto indica que han construido en su cabeza todo un modelo mental no muy distinto del que he representado en estas figuras, y lo han empleado para responder en consonancia con la norma lógica.
Aunque muchos han defendido desde el principio la competencia cognitiva de los animales en todo tipo de tareas causales, a mí no deja de sorprenderme tanto alarde y tanta demostración de capacidades.

Al final es lo de siempre, que con tanto querer explicarme, la introducción ocupa el triple que el post que en realidad quería escribir. Bueno, al menos espero que aproveche. :-)

Algunas referencias:
  • Blaisdell, A. P., Sawa, K., Leising, K. L., & Waldmann, M. R. (2006). Causal reasoning in rats. Science, 311, 1020-1022.

  • Pineño, O., & Miller, R. R. (in press). Comparing associative, statistical, and inferential reasoning accounts of human contingency learning. Quarterly Journal of Experimental Psychology: Especial Issue.

  • Waldmann, M. R., & Hagmayer, Y. (2005). Seeing versus doing: Two modes of accessing causal knowledge. Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory, and Cognition, 31, 216-227.


  • Fuente original de este artículo:
    Blanco, F. (2006). ¿Razonamiento causal en ratas? El descanso de Gilgamesh, http://gilgamesh81.blogspot.com