Hollywood y la gran propaganda

Ya sabéis que Héctor Mediavilla, colaborador habitual de este sitio, es aficionado a la psicología del márketing. Hoy nos propone pensar sobre lo que ha significado el gran éxito de las películas norteamericanas. ¿Éxito "inocente y espontáneo", o cuidadosamente preparado desde las altas instancias? Vamos a ver qué nos cuenta:

La mayoría de los que estamos posteando por aquí, posiblemente hemos crecido viendo películas en su mayoría de procedencia americana. El cine de Hollywood ha entrado en nuestras vidas desde muy niños. ¿Quién no ha soñado alguna vez con estar en California o conocer New York?
Lo cierto es que el cine además de ser un buen entretenimiento (uno de mis favoritos) puede ser una buena herramienta para hacer propaganda. Sí, eso es, propaganda de un producto…o de un país.
Ante la mayoría de la publicidad, al identificarla como tal estamos más avisados de la intencionalidad del emisor: cambiar nuestra forma de pensar para que compremos…o hagamos…
Sin embargo la mayoría de nosotros no estamos tan alerta con el cine…y mucho menos un niño. Los padres y la familia son grandes pilares en la educación. Hoy en día los medios posiblemente también. ¿O no nos hemos criado desde pequeños viendo cine americano?
Una de las mejores formas de hacer propaganda puede ser mediante el uso de medios que habitualmente no se usan para este fin. De hecho hace poco se lo oí decir a un profesor de publicidad. Y el cine por sus características de difusión puede ser posiblemente uno de los mejores.
La pregunta que todos nos hacemos: ¿es el cine americano una forma de propaganda del país? En concreto si hablamos de las películas militares, puede que sí sea así. En este caso sí que se puede hablar de propaganda real.
Para hacer un film sobre guerra, uno necesita muchos medios, como tanques, aviones… Una película así saldría muy cara, a no ser que…que el ejército te deje todos esos medios. ¿Y a cambio de qué, le deja a Hollywood el ejército todos esos medios? A cambio de meter mano al guión. ¿Para qué? Para hacer propaganda del ejército de EEUU, en su propio país y en todo el mundo. Para dar una determinada imagen del ejército. Una imagen en la que los soldados son hombres valientes, héroes. Los compañeros de pelotón son como hermanos y se ayudan unos a otros. El ejército EEUU gana siempre y nadie puede con ellos y su tecnología es superior. Por supuesto ellos son los buenos y defienden grandes valores.
Esa es la imagen que han estado vendiendo todos estos años a través del cine.
No todas las películas militares están condicionadas por el ejército. Por ejemplo salvad al soldado Ryan dicen que no tiene la mano del pentágono detrás. De hecho es una película que muestra la guerra tal y como es, la cruda realidad. Una peli así no es favorable para el alistamiento dentro de EEUU. Y este es uno de los objetivos del ejército.
¿El resto de la industria del cine tendrá también intención de propaganda? Que cada uno saque sus conclusiones. No deja de llamar la atención el uso repetido de símbolos que se usan en el cine americano como la bandera, la estatua de la libertad, la casa blanca…

Artículo de Héctor Mediavilla

La música que me gusta me define

Últimamente ando liadillo como pata de romano y por eso os he tenido bastante abandonados, todo culpa mía. Va siendo hora de recuperar el ritmo pero lo voy a hacer con algo ligerito.

Podemos averiguar muchas cosas sobre la personalidad de la gente a partir de sus gustos. En concreto, a partir de sus gustos musicales. Eso nos viene a contar el trabajo de Rentfrow y Gosling (2006): “Message in a Ballad: The role of music preferences in interpersonal perception”, colocado en la revista Psychological Science. Estos científicos formaron parejas de jóvenes voluntarios (tanto del mismo sexo como de sexos opuestos) y registraron sus conversaciones durante 6 semanas. Observaron que buena parte de ese tiempo lo acaparaba un tema en concreto (el 58% del tiempo dedicado a la conversación, frente a un 37% de un combinado de los otros temas), y no es el que todos hubiéramos imaginado en un primer momento, no señores: hablaban de música. Hagamos memoria: Seguro que casi todos vosotros recordáis haber mantenido una conversación sobre asuntos musicales en los últimos días. Esto llevó a los psicólogos a preguntarse qué tendría la música de especial para ser un tema preferente. Tal vez los gustos musicales nos aporten información esencial de una persona durante el proceso de conocimiento mutuo. Así que surgió la pregunta: ¿Qué nos dicen los gustos musicales acerca de la personalidad de otras personas? ¿Serán los gustos musicales una buena variable predictiva de la personalidad?

Y hecha la pregunta, vamos a buscar la pertinente respuesta. A los participantes del siguiente estudio se les pidió que confeccionaran una lista con sus 10 canciones favoritas. Después, otros participantes debían extrapolar rasgos de personalidad del oyente a partir de la lista. Las predicciones se compararon con un test estandarizado de personalidad, el cuestionario de los 5 rasgos (BFQ). Este test clasifica a las personas en función de sus valores en 5 rasgos o dimensiones principales (extraversión, neuroticismo, apertura a la experiencia, cordialidad y escrupulosidad), y es uno de los más utilizados en el campo de la personalidad.
Pues bien, los investigadores hallaron un grado de acuerdo notable entre ambos tipos de predicciones, las del test estandarizado y las que estaban basadas en las preferencias musicales. En concreto, el rasgo de la apertura a la experiencia estuvo muy bien representado por medio de las canciones elegidas (seguido por la extraversión y el neuroticismo). Por dar algunas pistas: Los temas vocales, cantados, sugieren una personalidad extravertida, la música country indica estabilidad emocional y el jazz suele ser asociado con personas intelectuales. Este último punto me llama la atención puesto que hace poco se ha comprobado que los niños superdotados (al menos en UK) prefieren el heavy metal a cualquier otra música. Y de eso sí que me congratulo. Up the irons!!

En Psyblog os cuentan más cosas sobre este tema de la personalidad y la música, que es de ahí de donde he sacado casi toda la información (original en inglés). Pasaos por la web y me contaréis.

La H de Hirsch está de moda

Hace poco descubrí, casi por casualidad, el índice h de Hirsch Proc. Natl. Acad. Sci. USA 102: 16569) y su aplicación a la hora de medir la calidad investigadora de personas o instituciones. Os cuento cómo calcular vuestra h fácilmente. H es igual al número de publicaciones que tenga el investigador (o institución) con al menos h citas. Es decir, si un investigador X tiene 3 artículos publicados, y cada uno de estos artículos ha recibido 2 citas, la h de X será de 2 (tiene 2 artículos con al menos 2 citas). Como veis, es un índice muy sencillo de calcular y con varias ventajas frente a otros índices. Por ejemplo, si utilizamos sólo el número de publicaciones estamos premiando a investigadores muy productivos pero que, quizás, sus investigaciones no son de gran relevancia (¿no se os ocurren ejemplos?). También podemos medir el número de citas totales, pero en este caso estamos sobrevalorando a autores con uno o dos buenos trabajos muy citados. Pero el h también tiene sus problemas. Por ejemplo, no se tiene en cuenta el número de autores de los trabajos. Esto se arregla dividiendo la h por el número de autores que firman los trabajos. Pero esto hace un poco más complicado su cálculo y, al menos en mi opinión, lo más divertido de este índice es lo rápido que podemos calcularlo.

Pasos para el cálculo de una sabrosa h:

1º) Entramos en la Web of Knowledge.

2º) Vamos a Web of Science.

3º) Pinchamos “Advanced Search”.

4º) Buscas el autor que sea, escribimos, e.g., AU=Waldmann MR.

5º) Ordenas los resultados por número de citas.

6º) ¡Ya lo tienes! Sólo hay que buscar el primer artículo cuyo número en el orden de artículos sea mayor que su número de citas. Este número (la posición) menos 1 es la h del autor. En el caso de Waldmann MR su h es de 10 ¡no está mal!.

¿Cómo vais de h? (yo fatal, un cero patatero).

“Dulces sueños”: lo que nos queda para comprender la conciencia.

Muy cortésmente, la gente de Katz Ediciones me obsequió hace un par de meses con un ejemplar de la obra de Daniel C. Dennett “Dulces sueños: Obstáculos filosóficos para una ciencia de la conciencia”. Debido a mi ajetreada agenda diaria, he tardado bastante en acabármelo y todavía más en atreverme a contaros algo en esta bitácora, pero creo que es lo justo dedicarle algún espacio a este libro.
Lo primero que quiero decir es que, como casi todos los libros de filosofía, o al menos los buenos libros de filosofía, me ha llevado a hacerme mil y una preguntas. Lo de responderlas ya es otro tema, claro. Pero al menos me ha motivado para que leyera cosas sobre la conciencia: he estado trabajándome a Searle (el de "la habitación china"), he descubierto a Glenberg, he releído a Nagel y al propio Dennett, y he visto con otros ojos a Damasio. También he descubierto algunos buenos sitios en Internet, como Conscious Entities. No sé si “Dulces Sueños” me habrá resuelto todas mis dudas sobre la conciencia, pero por lo menos ha conseguido que aumente mi interés y, si quiera indirectamente, mi conocimiento acerca de este asunto.

Dicho esto, vamos al turrón. Reconozco que Dennett es uno de mis autores predilectos. Los que no tenemos las neuronas muy ágiles agradecemos que todo un señor filósofo tenga una prosa accesible y diáfana. Además, se trata de un filósofo que entiende de veras lo que es la ciencia y se posiciona a su favor, de nuevo un punto que hay que reconocerle porque no es muy común en los de su gremio. No sé si estas dos circunstancias habrán contaminado mi influenciable opinión, pero confieso que mi postura en cuanto a la concepción de la mente y de la conciencia coincide bastante con las cosas que he leído a Dennett. Que, de hecho, coincide a su vez (más o menos) con lo que propone Damasio, así que supongo que no estoy tan solo.
Dennett tiene una provocativa visión de la conciencia y de la mente, radicalmente materialista (monista), lo cual saca de sus casillas a muchos. En todos sus escritos se encarga de defender esa postura de forma vehemente y muy comprensible para los no iniciados en eso de los debates filosóficos. Sus argumentos suelen basarse, al contrario que los de muchos colegas suyos, en los descubrimientos de la ciencia experimental, que por lo general entiende e interpreta de manera correcta pero creativa. Con eso podréis haceros una idea de lo que vais a encontrar si leéis un libro de Dennett. Por cierto, él es muy consciente de que su punto de vista puede ser desilusionante. A ello se refiere cuando habla de la “ingrata tarea de explicar la magia”. Pero eso no nos va a detener, claro.

En “Dulces Sueños”, mi filósofo justiciero favorito vuelve a enfrentarse a ese gran problema que es la explicación de la conciencia, recopilando algunas ideas antiguas ya presentes en su bibliografía (véase, por favor, “La Conciencia Explicada”, de 1991), y actualizándolas al calor de los nuevos experimentos neurológicos.
Cobra especial importancia el concepto de la “heterofenomenología” como una necesidad para estudiar la conciencia. Cuando pretendemos explicar y describir nuestras sensaciones subjetivas, nuestra primera intuición es que éstas son intransferibles e inefables, ¿cómo me explicaríais con palabras lo que sentís cuando experimentáis el color rojo? (o ya como decía Nagel, ¿qué se siente al ser un murciélago?). Por eso muchos filósofos y psicólogos adoptan un enfoque fenomenológico, en primera persona, a sabiendas de que nadie sino el propio sujeto puede acceder a esa valiosa información. En “Dulces Sueños”, Dennett defiende un enfoque en tercera persona (heterofenomenológico), más próximo al propio de las ciencias naturales. ¿Hasta qué punto está justificada esa creencia en que nuestras experiencias son únicas e inaccesibles para cualquier observador externo? ¿No podrían nuestras sensaciones “engañarnos”, echando por los suelos nuestro esfuerzo por describirlas en primera persona? Los qualia, las sensaciones y experiencias personales, singulares, son por lo tanto una de las primeras víctimas en este combate por llevar la perspectiva racional al estudio de la conciencia. Y lo digo porque, en las posturas teóricas de muchos filósofos, psicólogos, y también en las teorías más “informales” que sostenemos la mayoría de las personas, la irracionalidad está construyéndose probablemente un refugio al que no renunciará fácilmente.

Una última cosa que me ha divertido de este libro es el repetido recurso a las metáforas y los “experimentos mentales” más famosos en la literatura sobre conciencia. Nos habla sobre los zombies, sobre los robots, nos cuenta la historia de Mary, la científica que no podía ver los colores, e incluso lleva hasta el límite esta conocida historia (“Robomary”, “Mary del pantano”, etc.).

Pues nada más, os recomiendo que leáis a Dennett. Si no os convence, al menos os divertirá un rato (ah, y en ese caso, haced el favor de contarme dónde flaquea, lo agradeceré).

Jóvenes Investigadores: Consejos de un Príncipe de Asturias para sobrevivir

Estos días se están organizando las V Jornadas de jóvenes investigadores en Bilbao (El Pez ya lo ha contado aquí). Pedro Miguel Etxenike, premio Príncipe de Asturias en Investigación Científica de 1998, nos ofreció unos consejos para sobrevivir en este duro mundillo. El Correo tomó nota de sus palabras, y yo os las copio-y-pego. Oído al parche, que no es tontería lo que dijo:

1- No hay que seguir a la novia: Ir a una ciudad detrás de la pareja o para estar cerca de la amatxu, no sirve; la universidad elegida debe producir admiración y respeto. No dudéis en preguntar a los que trabajan allí y aseguraos de que el director del grupo va a tener tiempo para vosotros.

2- Algo más que el cubo de Rubik: Hay que elegir un proyecto atractivo, que sirva de escaparate, a veces cuesta el mismo esfuerzo resolver un gran problema que el cubo Rubik.

3- Leer, pero no demasiado: No hace falta tener todo el conocimiento para empezar el camino. La investigación científica no busca entenderlo todo, sino descubrir cosas nuevas, realizar aportaciones.

4- Ser ambiciosos: Cuidado, sin ella sólo conseguiréis fracasar y demasiada puede provocaros frustración.

5- Qué mala es la envidia: Siempre habrá alguien mejor que tú. Aprende a disfrutar de las colaboraciones y los grupos de investigación.

6- Firmarán vuestros trabajos: Hoy en día, es básico ser conocido. Se consigue trabajando codo con codo con buenos científicos, cuando éstos dan crédito a tu trabajo. Ojo, al trabajar con los buenos, ellos firmarán vuestras publicaciones y podéis pasar inadvertidos. Es el efecto san Mateo, en su evangelio se dice 'al que tiene se le dará y al que no tiene incluso lo poco que posea se le quitará'.

7- Todo no es trabajar: Cuando os encontréis bloqueados, dedicaos a algo banal. La ciencia es creatividad y necesitaréis frescura para recibir la iluminación.

8- El arte de escribir: Los jóvenes cada vez sufren más cuando tienen que escribir. '¿No podemos contarlo?, me dicen los alumnos' Sin embargo, no hay mejor propaganda que conseguir que un lector recuerde quién ha escrito un artículo.

9- Hay que saber venderse: Las empresas buscan personas sociables que sepan hacer su trabajo interesante para los demás. Ser un erudito está bien, pero hay que comunicar lo que se sabe.

10- Cultiva buenos amigos: No es casualidad que casi todos los premios Nobel salgan de los mismos lugares.

11- Genios e imbéciles: Creed en vuestro criterio, pero sin olvidar la delgada línea que separa a un genio de un imbécil. El primero opina que sus ideas deben ser válidas para todo el mundo; el segundo también.

Estoy bastante de acuerdo con alguna de estas observaciones (que son obviedades también es evidente). Ahora, ¡a trabajar!


Un paso más hacia la “lectura de mentes”

Blogging on Peer-Reviewed Research-Persona cualquiera: ¿A qué te dedicas?
-Yo (temiéndome lo peor): Pueeeees... soy psicólogo.
-Persona cualquiera (cubriéndose los ojos con las manos): ¡Aaay, no! ¡No me mires a la cara, que vas a saber lo que estoy pensando!
-Yo (mirando hacia otro lado mientras resoplo): Uhm...

“Cuidado, soy psicólogo: Leo tu mente”. Parece ser una creencia extendida entre la gente, o al menos yo me he encontrado con bastantes personas que, al saber de mi campo de estudio y trabajo, han reaccionado de manera parecida a la que acabo de representar. Yo creo que nos ha pasado a todos los que estudiamos psicología, ¿me equivoco? Es como si tuviéramos super-poderes, algo así como los X-Men. ¿Y qué hay de cierto en esta creencia tan extendida? Pues, a riesgo de destrozar un tópico tal vez provechoso y con “glamour”, reconozco que no tiene fundamento alguno. Los psicólogos sabemos algo acerca de la conducta humana, a lo mejor estamos en una posición ventajosa a la hora de comprender, interpretar y predecir los actos de otras personas, pero nuestro poder predictivo no va mucho más allá que el que tendría un conocido del individuo cuya conducta hay que interpretar, nos guste o no. Y por supuesto, ninguna de nuestras capacidades, por desarrolladas que estén, tiene un origen sobrenatural. O sea, que no, no “leemos la mente”.
El caso es que mucha gente cree en una especie de “telepatía rara” que nunca fue probada por la ciencia, no por falta de intentos, por cierto. Pero (salvando las distancias) los avances neurológicos nos abren la puerta a nuevas investigaciones que quizá, con el tiempo, acaben desembocando en una predicción exacta de los actos de las personas. ¿Ciencia-ficción? Ahora os lo cuento:

Me entero por Conscious Entities (lo que os cuento es un pobre resumen de lo que allí tenéis) de un artículo de Current Biology (Haynes et al., 2007; abstract aquí) que se ha vendido como la primera “lectura de mentes” con apoyo científico. De hecho, y como de costumbre, la realidad dista un poco del flamígero titular, no es muy correcto hablar en este caso de “lectura de mentes”, sino de algo un poco más sutil, pero ya sabéis cómo funciona el marketing, chicos (apuesto a que este trabajo va a salir en algún telediario, previa conveniente exageración para hacerlo más sexy).
En el pasado se había trabajado monitorizando el funcionamiento del cerebro mediante técnicas de neuroimagen funcional, de manera que se podía predecir con cierto grado de seguridad un movimiento físico antes de que el sujeto de estudio lo llevara a cabo. Hay que entender estos estudios como un acto de “anticipación”, más que de otra cosa: el movimiento voluntario se inicia en el cerebro, y podemos registrar esa actividad neurológica antes de que los músculos lleguen a ponerse en marcha. Pero este nuevo experimento da un paso más allá y propone predecir no ya movimientos musculares voluntarios, sino algo tan inaprehensible como “las intenciones” (los autores del trabajo utilizan esta palabra, aunque este punto es un poco criticable).
Los participantes del estudio eran conectados a una máquina de neuroimagen, como ya es tradicional (eso sí, se empleó una nueva tecnología que aumenta la resolución y la precisión de la localización detectada), que monitorizaba toda su actividad cerebral. Después se les informaba de que iban a aparecer ante sus ojos dos números, y que ellos deberían decidir libremente (y sin decir nada) si los querían sumar entre sí o restar el menor del mayor. Seguidamente había un pequeño intervalo de tiempo en el que deberían mantener en su cabeza el pensamiento de la acción que habrían escogido (momento en el que los investigadores escanean el cerebro con sus ordenadores). Por último, ante los participantes se presentaban matrices de cuatro números: uno de ellos es el resultado de sumar los dos números anteriores, otro es el resultado de su resta, y otros dos estaban para despistar. Entonces, el participante tenía que señalar con el dedo el número resultante de la operación que había decidido realizar en su cabeza.
Los experimentadores comprobaron cómo los patrones de activación correspondientes a la intención de sumar y a la intención de restar eran diferentes en una persona determinada. Esto les permitía predecir, con un 70% de eficacia, si el participante había decidido sumar o restar los números presentados, antes de que hiciese ningún movimiento para indicarlo. Es decir, que aquí no estamos anticipándonos a un movimiento muscular voluntario, sino que estamos registrando la activación correspondiente a un pensamiento previo a ninguna acción muscular. Y lo mejor de todo es que podemos discriminar entre dos patrones de activación correspondientes a dos pensamientos distintos (sumar vs. restar). En cierto modo, y según los investigadores, estamos leyendo la mente del participante, conociendo sus intenciones en el momento en que tienen lugar, y prediciendo sus movimientos antes incluso de que estos se hayan iniciado en el cerebro (he ahí la verdadera novedad del experimento).

En Conscious Entities no son tan optimistas, y creo que sus argumentos me convencen bastante (si podéis leer en inglés acudid a esta página, el artículo no tiene desperdicio). Ciertamente, del resultado del estudio no podemos concluir alegremente que ya se ha descubierto la técnica de la “lectura de las mentes”, ese sueño de todo gobernante y que a mí particularmente me inquietaría bastante. Para empezar, lo único que podemos hacer es distinguir el estado de un cerebro “a punto de restar” del de un cerebro “a punto de sumar”, en una persona en particular (ya que los patrones de activación, salvo por el hecho de localizarse en la misma área, diferían notablemente de un participante a otro). Pensad en la gama inmensa de pensamientos que podemos tener las personas en una situación menos cerrada, fuera del laboratorio. Eso sí, reconozco que no es un mal punto de arranque.

Por último, vamos a ponernos especulativos y a pensar en posibles aplicaciones para el invento. En Conscious Entities ya se les ha ocurrido la idea de diseñar algún tipo de detector de mentiras que funcione mejor que los actuales. Pero lo que me interesa, más que la aplicación, es la pregunta que sugiere: ¿Qué pasaría si los participantes del estudio intentaran “engañar” al investigador? O sea, que se esforzaran por pensar que van a sumar los números, pero luego, cuando tengan que dar su respuesta, los restaran. El patrón de activación, ¿sería el correspondiente a la suma, a la resta o sería distinto de ambos? Pues eso, ideas, ideas para investigar...
Y nada de super-poderes :-)

Referencias:
  • Haynes, J. D., Sakai, K., Rees, G., Gilbert, S., Frith, C., & Passingham, R. (2007). Reading Hidden Intentions in the Human Brain. Current Biology, 17, 323-328.
  • video interesante

    He aquí un nuevo video de conducta animal que creo que os interesará:

    http://www.youtube.com/watch?v=NivAusARwd8