¿Qué es ciencia y qué no?
Dicho punto de vista a mí me ha parecido desde el principo que es claramente incorrecto, porque de tomar este requisito para considerar a una disciplina como ciencia, nada lo seria.
Y es que muchas veces se dice que la psicología no es una ciencia porque no se conocen muchos aspectos sobre el cerebro. Que si no conocemos la causa exacta a nivel molecular de nuestro ser, no se hace ciencia.
¿Qué es una causa? La misteriosa muerte del mercader
Para razonar causalmente, sólo necesitamos comprender intuitivamente qué son las causas y qué son los efectos que producen. Sin embargo, esta comprensión desde el punto de vista de la filosofía es bastante compleja. En este post vamos a asomarnos sólo un poquito a esta cuestión filosófica, a través de un par de ejemplos que espero os resulten amenos.
Emergentismo y otras frivolidades
Aunque no comparto la posición de Derrotado en este punto, creo que es justo darle la oportunidad de exponerla con comodidad y visibilidad, y es por eso que hoy la publico en Psicoteca. A continuación tendremos la ocasión de rebatir o compartir sus argumentos, que es lo más enriquecedor y divertido de todo. Y por favor, educación ante todo, ¿estamos?
NOTA: Los actuales autores de Psicoteca, Gilgamesh y Héctor, queremos aclarar que no compartimos las afirmaciones expuestas por Derrotado en este artículo, y que dichas afirmaciones no representan más que la opinión personal de este último (a nuestro juicio, errada).
Se trata precisamente de ceder un espacio para expresarse a quienes disienten de nuestro criterio, de forma que se abra la puerta al debate. La discusión la podréis seguir en los comentarios.
Artículo escrito por Derrotado
Buenas a los presentes. Por fin he podido sacar algo de tiempo para poner por escrito algunas reflexiones. Quisiera empezar relacionando esto con la entrada anterior. Parece ser que el don de ser un buen comunicador no se encuentra entre mis cualidades. A tenor de algunas opiniones en los comentarios de la anterior entrada, parece ser que o no se me quiso entender en algunos puntos, o yo no me expliqué correctamente. Dado que no tengo intención de discutir, asumiré la responsabilidad y lo achacaré a mi falta de capacidad comunicativa.
Teniendo esto como punto de partida, os pido que si algo os parece un ataque o algo parecido, lo achaquéis a mis problemas comunicativos y no a una posible mala intención ni ganas de provocar. Una vez dicho esto, pasaré a comentar el tema central de esta entrada. El emergentismo.
Una mirada rápida al problema del significado
Esta postura me parece ciertamente insatisfactoria: el problema del origen del significado existe, y debe ser abordado sin importar su innegable dificultad, no en vano se trata de uno de los dilemas más antiguos y complejos que podemos encontrar en la filosofía y la psicología.
En este post, argumentaré (de forma necesariamente simplista, como de costumbre) por qué algunos aspectos de las teorías tradicionales del lenguaje y del pensamiento son problemáticas en cuanto a explicar de dónde emerge el significado.
¿Lanzarle una bomba a una persona, o lanzar a una persona sobre una bomba? Waldmann y el razonamiento causal bajo los dilemas morales
Pongámonos en situación: Un tren descontrolado avanza a toda velocidad por una vía ferroviaria. Si no hacemos nada, arrollará a su paso a un grupo de 10 personas, causándoles a todos una muerte segura. Por suerte, tenemos la opción de actuar: si movemos la palanca del cambio de vía que tenemos a nuestros pies, el tren se derivará por una vía lateral. Lamentablemente, en esa vía lateral hay un autobús con 2 personas que también morirán irremediablemente si el tren les pasa por encima.
¿Qué decisión tomar? Si no hacemos nada, 10 personas morirán con toda seguridad. Si actuamos, 2 personas perderán la vida a cambio de salvar a las otras 10 de su destino fatal. La de desviar el tren es una acción que debe ser meditada, pero, ¿es correcta moralmente?
La relación Psicología – Biología
Este post ha surgido como parte de una discusión que se inició en el interesante artículo de Gilgamesh “Neutralizando al homúnculo”.
En él, después de pasar por muchos temas, uno de los que generó más controversia fue el de la relación entre Biología y Psicología que se propone en el Análisis del Comportamiento. Desde mi punto de vista, sin embargo, esta misma reflexión se puede extender a toda la Psicología como ciencia. Las preguntas, en definitiva, serían ¿Cómo puede o debe relacionarse la ciencia psicológica con la Biología? ¿Deben ser dos ciencias independientes o por el contrario todos los conocimientos psicológicos deber ser explicados en términos biológicos para que tengan sentido? ¿Hay algún término medio?
Para comenzar, me voy a apoyar en la explicación sobre los Niveles de Análisis en ciencia que aparece en el capítulo introductorio del manual “Procesos Psicológicos Básicos: Un análisis Funcional” (2005).
“Un aspecto del conocimiento científico es que está parcelado. La misma realidad puede ser estudiada desde diferentes perspectivas, que se corresponden con lo que llamamos distintos niveles de análisis (física, química, biología, psicología, sociología, etc.). Cada ciencia se encarga de analizar distintas dimensiones de la materia, definiendo su objeto de estudio particular, sin que eso signifique excluir los demás. Por ejemplo, la materia que estudia el químico es la misma que la que estudia el físico; la diferencia está en las distintas propiedades a las que atienden: los químicos (entre otras cosas) investigan las leyes que rigen las distintas combinaciones de los elementos y sus propiedades resultantes; los físicos, por su parte, se interesan (entre otras cosas) en las propiedades fundamentales de la materia.
En general, el que un determinado fenómeno lo estudiemos al nivel de la física, la química, la biología, la Psicología o la sociología dependerá de qué nivel sea el que nos proporcione una mejor capacidad de explicación, predicción y control con un mínimo esfuerzo (criterio pragmático). Aunque resulte evidente que las personas están compuestas en última instancia por partículas elementales, está claro que sería imposible explicar, predecir y controlar su conducta teniendo en cuenta el comportamiento de cada una de ellas. Para evitar este colosal (imposible) ejercicio describimos y predecimos su conducta en función de las variables disponibles en el nivel de la Psicología, que nos proporciona otro tipo de relaciones funcionales entre eventos más acordes con nuestras posibilidades de control efectivo de las variables y nuestra capacidad de detección de la causalidad.
En la práctica, esta discontinuidad entre ciencias está muy matizada, ya que existen disciplinas intermedias que se encargan de hacer de puente entre unas ciencias y otras. Éste es el caso de la química-física, de la bioquímica, la psicofisiología o la psicología social. Incluso dentro de las ciencias existen especialidades con objetos de estudio propios. Por ejemplo, dentro de la biología se puede tomar el gen, la célula, el individuo o la población como unidad de análisis, según convenga a nuestros propósitos.”
Lo que voy a defender aquí, por lo tanto, es que la Psicología puede y debe tener su propio nivel de análisis como ciencia, aunque pueda y deba relacionarse con la biología (y hacia arriba con la sociología).
La Psicología científica parte de que todos los seres vivos somos organismos descendientes de un antepasado común que han evolucionado mediante el proceso de la selección natural (fundamentalmente). Nuestras características morfológicas así como nuestros mecanismos de aprendizaje son el producto de esta evolución. La biología es la base de la Psicología y nos ancla al resto de las ciencias naturales. Parafraseando a Dobzansky, se puede decir que “nada tiene sentido en Psicología si no es a la luz de la evolución”. Saber que los principios de orden superior están firmemente explicados por el nivel inferior es un tipo de reduccionismo sano que nos permite hacer ciencia con los pies en el suelo.
Pero igual que los biólogos que estudian poblaciones de organismos no tienen por qué incluir la bioquímica de los genes en las explicaciones de sus estudios (aunque puedan hacerlo), los psicólogos “a secas” no tenemos por qué incluir necesariamente explicaciones fisiológicas en nuestras teorías, aunque sepamos que existen y otros se dediquen a establecerlas.
Y esto al menos por dos motivos:
Primero, porque siguiendo este principio de niveles de análisis, no es necesario.
La ciencia se basa en descubrir regularidades entre eventos, y luego en describir leyes generales que abarquen un conjunto de regularidades (como por ejemplo la física de Newton o la de Einstein). Cuando identificamos esos eventos, los científicos estamos haciendo una abstracción, es decir, fijándonos en unas propiedades de los hechos y no en otras (Ej. como cuando los físicos utilizan la masa para predecir la velocidad de un objeto en caída libre). Los conceptos primitivos de cada ciencia son los que mejor permiten explicar, predecir y controlar en ese nivel. Que escojamos un nivel no significa que neguemos los demás, sino que nos fijamos en unas propiedades concretas que nos sirven para entender mejor las relaciones entre las variables que nos interesa conocer.
En Biología, por ejemplo, podríamos describir un gen en términos de sus características químicas, secuenciando todos los nucleótidos que lo componen y determinando su proporción de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, etc.; esto nos proporciona información interesante, pero no toda la que le interesa a un genetista. Por ejemplo, no dice nada sobre la distribución de ese gen en una población, o de las estructuras fisiológicas con las que se relaciona y de las condiciones en las que ha evolucionado. Para eso es necesario poner en relación otro tipo de variables más molares que las de la química, que son las que identifican los biólogos como sus primitivos (Ej. alelo, presión de selección, etc.)
Si nos movemos hacia la Psicología, las variables que nos interesan de los sujetos son mucho más molares que en Biología. La Psicología se centra más en problemas del tipo ¿por qué el sujeto escogió A y no B? o ¿Cómo hago para que esta persona deje de tener pensamientos obsesivos?, y esos comportamientos correlacionan con determinados eventos ambientales también más molares que nos permiten explicar, predecir y controlar el comportamiento en nuestros distintos ámbitos de aplicación. Por supuesto, todas estas relaciones necesitan un sustrato biológico en el que darse, pero no todas pueden ser descritas en el nivel puramente biológico. Los términos primitivos que cobran sentido al definirlos en el nivel psicológico no tienen por qué tenerlo en el biológico.
Además, la explicación en un nivel es posible con relativa independencia de los niveles inferiores.
Tomemos como ejemplo lo que pasó con la teoría de la evolución. El mecanismo de la selección natural se descubrió antes que el gen; y sin embargo Darwin y otros biólogos consiguieron realizar muchos descubrimientos en ese nivel, como por ejemplo la manera en que afecta el aumento de la variabilidad genética o el aumento de la presión de selección en una población, cómo influyen el aislamiento geográfico en la especiación, o la selección en relación al sexo, etc. Las leyes de la selección natural funcionan incluso sin que sepamos cómo funcionan los genes. Si en lugar de 20 aminoácidos el lenguaje de las proteínas tuviera 50, los mecanismos anteriores funcionarían igual.
De la misma manera, si nos situamos de nuevo en la Psicología, los fenómenos de condicionamiento que descubrió Pavlov (condicionamiento de primer y segundo orden, extinción, ensombrecimiento, etc.) funcionan independientemente de cómo esté construido su sustrato neural. Y esto es así porque, como en el caso de la biología, fue su función lo que nos ha dado ésos diseños, que podrían haber sido otros perfectamente. Por ejemplo, podemos imaginar lo que ocurriría si la adrenalina fuese un neurotransmisor inhibidor y el GABA fuese excitador (al contrario de lo que ocurre en realidad). Eso no afectaría en lo sustancial al resultado de las presiones de selección que hacen que seamos capaces de aprender por condicionamiento clásico, ni a los valores paramétricos de este proceso (por ejemplo, que se tarde menos en aprender el condicionamiento aversivo que el apetitivo).
Por supuesto, afirmar todo lo anterior no es lo mismo que afirmar que la biología no pueda aportar conocimientos valiosos a la Psicología. Los psicólogos debemos estar formados en ese campo y nos puede ser útil para hacer mejores teorías e intervenciones. Se puede pensar que los conocimientos psicológicos están anclados en la Biología (como los biológicos en la Química y la Física) y a la vez defender que se puede hacer ciencia al nivel de la Psicología.
Por otra parte, la función de los psicólogos no es sólo la básica, sino que también tenemos que ofrecer una tecnología aplicada que sea útil a la sociedad. Y eso me lleva al segundo motivo para que los psicólogos podamos formular nuestras hipótesis en un plano no biológico: incluir variables biológicas en las explicaciones psicológicas no siempre es útil.
Los psicólogos no podemos manipular directamente el sistema nervioso por restricciones tanto éticas como prácticas. Puede que haya cada vez más situaciones en las que otros profesionales (médicos, psicobiólogos, etc.) puedan hacerlo, por ejemplo con drogas o cirugía cerebral. Pero al margen de las consideraciones éticas sobre ésas técnicas, hay una cuestión técnica de peso, y es que la mayoría de las intervenciones psicológicas se sustentan en modificar el ambiente porque es la forma más práctica de conseguir un cambio en el comportamiento. Eso no significa que no haya campos de aplicación concreta, como algunas intervenciones de la Psicología clínica, donde la actuación interdisciplinaria sea más que común y muy positiva.
Pero esas situaciones, sin quitarles importancia, no son toda la Psicología y ni siquiera la mayor parte. Hay muchos escenarios en los que una intervención biológica / fisiológica, incluso si fuera posible y aceptada está aún tan lejana o se ve tan improbable que no es razonable esperarla. Se requiere una actuación en el nivel que por ahora dominamos. Me estoy refiriendo, por ejemplo a la educación, la intervención psicosocial, la ergonomía, la Psicología de los recursos humanos, etc.
Para todos estos campos (incluyendo la clínica) lo que se necesita es una buena teoría sobre cómo se debe organizar el ambiente para, por ejemplo, cambiar comportamientos inadaptados, potenciar el aprendizaje de las ciencias, diseñar entornos más favorables para la interacción humana, mejorar las condiciones laborales de los trabajadores o intervenir en las relaciones de pareja.
Por ejemplo, si lo que deseamos es planificar un buen programa didáctico para el aprendizaje de las matemáticas universitarias, o mejorar las comunicaciones internas de una empresa, necesitaremos conocer las variables que están actuando en el nivel psicológico para poder diseñar nuestra intervención.
Los biólogos, neurólogos, neuropsicólogos, psicobiólogos, etc. ya se están encargando de hacer un puente entre lo biológico y lo psicológico, lo cual es muy necesario y legítimo. Pero sigue haciendo falta una buena teoría psicológica que se sustente en la biología pero que no dependa de ella para explicar e intervenir.
Hace falta que haya profesionales dedicados a estudiar las relaciones entre el ambiente y el comportamiento, primero porque también es un área de investigación por derecho propio, y segundo, porque está claro que es de utilidad social. Alguien debería hacerlo, y creo que los psicólogos (y las psicólogas, que son mayoría) somos los más indicados.
Por supuesto, esto lleva inmediatamente a otra pregunta: ¿Cómo debe ser esa ciencia que relacione variables ambientales con el comportamiento? Pero eso daría para otro post...
Más información:
Emergentismo en Wikipedia
Blanco, F. (2007). Emergentismo y niveles de análisis. Psicoteca.
Delprato, D. J. y Midgley, B. D. (1992). Some fundamentals of B. F. Skinner’s behaviorism. American Pychologist, 47, 1507-1520. Se puede encontrar aquí un resumen en castellano (ver el punto “reduccionismo y no reduccionismo”).
Pérez, V., Gutiérrez, M.T., García, A. y Gómez, J. (2005). Procesos psicológicos básicos: Un análisis funcional. Pearson Educación.
“Dulces sueños”: lo que nos queda para comprender la conciencia.
Lo primero que quiero decir es que, como casi todos los libros de filosofía, o al menos los buenos libros de filosofía, me ha llevado a hacerme mil y una preguntas. Lo de responderlas ya es otro tema, claro. Pero al menos me ha motivado para que leyera cosas sobre la conciencia: he estado trabajándome a Searle (el de "la habitación china"), he descubierto a Glenberg, he releído a Nagel y al propio Dennett, y he visto con otros ojos a Damasio. También he descubierto algunos buenos sitios en Internet, como Conscious Entities. No sé si “Dulces Sueños” me habrá resuelto todas mis dudas sobre la conciencia, pero por lo menos ha conseguido que aumente mi interés y, si quiera indirectamente, mi conocimiento acerca de este asunto.
Dicho esto, vamos al turrón. Reconozco que Dennett es uno de mis autores predilectos. Los que no tenemos las neuronas muy ágiles agradecemos que todo un señor filósofo tenga una prosa accesible y diáfana. Además, se trata de un filósofo que entiende de veras lo que es la ciencia y se posiciona a su favor, de nuevo un punto que hay que reconocerle porque no es muy común en los de su gremio. No sé si estas dos circunstancias habrán contaminado mi influenciable opinión, pero confieso que mi postura en cuanto a la concepción de la mente y de la conciencia coincide bastante con las cosas que he leído a Dennett. Que, de hecho, coincide a su vez (más o menos) con lo que propone Damasio, así que supongo que no estoy tan solo.
Dennett tiene una provocativa visión de la conciencia y de la mente, radicalmente materialista (monista), lo cual saca de sus casillas a muchos. En todos sus escritos se encarga de defender esa postura de forma vehemente y muy comprensible para los no iniciados en eso de los debates filosóficos. Sus argumentos suelen basarse, al contrario que los de muchos colegas suyos, en los descubrimientos de la ciencia experimental, que por lo general entiende e interpreta de manera correcta pero creativa. Con eso podréis haceros una idea de lo que vais a encontrar si leéis un libro de Dennett. Por cierto, él es muy consciente de que su punto de vista puede ser desilusionante. A ello se refiere cuando habla de la “ingrata tarea de explicar la magia”. Pero eso no nos va a detener, claro.
Cobra especial importancia el concepto de la “heterofenomenología” como una necesidad para estudiar la conciencia. Cuando pretendemos explicar y describir nuestras sensaciones subjetivas, nuestra primera intuición es que éstas son intransferibles e inefables, ¿cómo me explicaríais con palabras lo que sentís cuando experimentáis el color rojo? (o ya como decía Nagel, ¿qué se siente al ser un murciélago?). Por eso muchos filósofos y psicólogos adoptan un enfoque fenomenológico, en primera persona, a sabiendas de que nadie sino el propio sujeto puede acceder a esa valiosa información. En “Dulces Sueños”, Dennett defiende un enfoque en tercera persona (heterofenomenológico), más próximo al propio de las ciencias naturales. ¿Hasta qué punto está justificada esa creencia en que nuestras experiencias son únicas e inaccesibles para cualquier observador externo? ¿No podrían nuestras sensaciones “engañarnos”, echando por los suelos nuestro esfuerzo por describirlas en primera persona? Los qualia, las sensaciones y experiencias personales, singulares, son por lo tanto una de las primeras víctimas en este combate por llevar la perspectiva racional al estudio de la conciencia. Y lo digo porque, en las posturas teóricas de muchos filósofos, psicólogos, y también en las teorías más “informales” que sostenemos la mayoría de las personas, la irracionalidad está construyéndose probablemente un refugio al que no renunciará fácilmente.
Una última cosa que me ha divertido de este libro es el repetido recurso a las metáforas y los “experimentos mentales” más famosos en la literatura sobre conciencia. Nos habla sobre los zombies, sobre los robots, nos cuenta la historia de Mary, la científica que no podía ver los colores, e incluso lleva hasta el límite esta conocida historia (“Robomary”, “Mary del pantano”, etc.).
Pues nada más, os recomiendo que leáis a Dennett. Si no os convence, al menos os divertirá un rato (ah, y en ese caso, haced el favor de contarme dónde flaquea, lo agradeceré).
Emergentismo y niveles de análisis
En los últimos días ha saltado un debate muy interesante y repleto de recovecos en el post sobre “monedas y esquemas cognitivos”. Como llevaba tiempo queriendo explorar una de las posibilidades que se han estado discutiendo, al final me he atrevido, y el resultado es esta humilde reflexión sobre el reduccionismo y los niveles de explicación en la ciencia. La aplicación específica para la ciencia de la psicología vendrá a continuación, si hay ganas... :-P
La cosa surgió a partir del eterno argumento reduccionista en las ciencias de la mente. Que conste que la psicología, aunque es la diana habitual de este tipo de argumentos reduccionistas, no ha sido la primera en pasar por estas crisis. La mismísima biología ya tuvo que lidiar con el reduccionismo cuando se empezó a tomar en serio el paradigma darwiniano. Veréis, la cosa es sencilla. Si estamos estudiando un organismo vivo (eso hace la biología, y eso hacemos los psicólogos también, ya he dicho alguna vez que deberíamos vernos como otra rama más de la biología), podemos abordar la situación desde muchos puntos de vista. El dilema está en escoger cuáles van a ser los elementos básicos de mi argumento, las “primitivas”, para que me entendáis, como diría un geómetra (en dibujo y en geometría, se trabaja con figuras a veces muy complejas, separándolas en elementos más sencillos hasta llegar a las primitivas, más fáciles de representar y modelizar). En el caso de los seres vivos, podemos hacer varias elecciones. Podemos escoger la célula como base de mi estudio, o podemos descender aún más hasta las moléculas, o incluso hasta el nivel de los átomos. Ése podría ser un ejemplo de enfoque reduccionista: un zoólogo pretende estudiar a un animal y las primitivas con las que construirá sus argumentos serán de nivel molecular. Esta elección condiciona sensiblemente el poder de las hipótesis explicativas del científico. Obviamente, no puedo explicar las mismas cosas si observo el nivel subatómico que el orgánico, o el del individuo, o el de grupo, o el de especie. El reduccionismo implica que no hay diferencia sustancial entre el todo y las partes que lo componen, y esto puede ser un problema. Es una cuestión de niveles de análisis. Cada problema que el científico quiere abordar puede enfocarse desde un nivel diferente, y algunos son más adecuados que otros para algunos problemas concretos. El reduccionismo (la elección, por defecto, de un nivel microestructural) supone optar por un mayor poder al tratar algunos problemas, pero sencillamente pasar por alto muchos otros.
Antes de justificar esta última afirmación mía, voy a exponer lo que pasó en la biología. La aceptación del paradigma evolucionista en la biología supuso un impulso para salir del callejón sin salida en el que muchos se habían metido. La alternativa al reduccionismo llegó de la mano del emergentismo. ¿Qué es el emergentismo? Para resumir, podemos decir que es una propiedad que tienen los sistemas complejos y dinámicos (el mejor ejemplo es un ser vivo cualquiera), que consiste en que los fenómenos observables en el nivel macroestructural aparecen por la interacción dinámica de las partes que los componen y por lo tanto no pueden reducirse a éstas: “el todo es algo más que la suma de las partes”. No puedo llegar a comprender una organización social sin estudiar a cada uno de sus miembros, como individuos, pero el conocimiento de cada individuo no basta para conocer a la organización.
Hay procesos y fenómenos que sólo aparecen en el nivel de organización más complejo, y no pueden ser explicados desde el punto de vista individual. Eso no significa que el nivel superior sea siempre el idóneo. Dependiendo del problema que vaya a estudiar, me interesará un nivel u otro. No es práctico abordar el problema de una conducta grupal con primitivas del nivel subatómico, igual que no es útil acercarse a la cuestión de la digestión humana desde una perspectiva del grupo social. Como veis, el criterio es la pura utilidad, y eso está bien, porque nos permite mucha flexibilidad.
Alguien sacó del armario el fantasma del dualismo en el debate que tuvimos en este blog, y debo reconocer que no andaba errado del todo. Sin embargo, la perspectiva emergentista es una alternativa también al dualismo, puesto que los elementos del nivel de organización superior aparecen por la interacción de las partes de niveles inferiores, y tienen su misma naturaleza. Esto significa que la conciencia humana no es muy diferente de una de mis manos. Hay una continuidad evidente entre el nivel superior y los que tiene debajo, sin grandes saltos visibles.
En segundo lugar, aclaro que abandonar una perspectiva reduccionista cuando uno estudia un objeto complejo, compuesto de partes jerárquicamente organizadas (un ser vivo, un cerebro) no hace que el abordaje pierda su carácter científico. Los biólogos han aprendido la lección y trabajan en uno u otro nivel dependiendo del problema que investiguen. La cientificidad de esta investigación quedará determinada por las actitudes y metodología del investigador y por la falsabilidad de las hipótesis que proponga. No por el nivel de análisis empleado. A veces escogeremos el nivel incorrecto. Bueno, para empezar, eso no implica que la hipótesis propuesta sea errónea, pero aunque así lo fuera, se puede ser muy científico y estar equivocado. A veces parece que sacamos el dedo a la primera de cambio para acusar a cualquiera de “no científico”, cuando simplemente es que la evidencia ha mostrado que está equivocado. Hago notar que, de hecho, estar equivocado no es solamente algo muy humano, sino también una parte indispensable de la ciencia (sólo en la ciencia uno puede estar equivocado. Los religiosos, los dogmáticos, nunca lo están, por definición).
Smolensky (1988) ya trató el problema del emergentismo, aplicado a la ciencia cognitiva. En este caso el problema era el inverso que en la biología. La tradición tendía a ser muy mentalista, incluso dualista, diría Antonio Damasio. Lo que se planteó fue la necesidad de descender a niveles más bajos en la jerarquía de organización. Se trata de uno de los argumentos del conexionismo, amigos, de las redes neuronales. En una red neuronal, los elementos son ciertamente sencillos, carecen del significado simbolista que tienen las unidades de la perspectiva clásica en la psicología cognitiva. Lo que los convierte en primitivas poderosas es precisamente su organización jerárquica con complejidad creciente, de modo que acaban “emergiendo” propiedades que no tenían los elementos por sí solos. Una red puede hacer cientos de cosas que no puede hacer uno de sus nodos en solitario. De la interacción entre docenas de estos elementos simples, ninguno de los cuales es más importante o interesante que los demás (sólo se distinguen por su topografía), surgen propiedades como la capacidad de aprender, sin ir más lejos. He ahí el poder del conexionismo: su simplicidad. Este enfoque exige descender al nivel de las unidades de estas redes para comprender el sistema, pero es que si no observamos la red en su conjunto nos perderemos las regularidades que desde “arriba” son evidentes (pues en niveles inferiores no son siquiera observables).
Parte de mi argumento lo tenéis en el fantástico libro que recomiendo para todos: Conexionismo y Cognición, de Pedro Cobos (Editorial Pirámide).